Beato Buenaventura de Pistoya

(15 de Diciembre)

 

Buenaventura nació en la ciudad de Pistoya a mediados del siglo XIII. Según la tradición, las circunstancias en que ingresó en la Orden de los Siervos de María fueron estas: el año 1276, cuando tenía lugar el capítulo general en Pistoya, el bienaventurado padre san Felipe, viendo que los habitantes de aquella ciudad estaban divididos entre sí por fuertes discordias y rivalidades, los exhortó públicamente a que se reconciliaran con Dios y entre ellos. Cierto jóvenes, jefe de la facción de los gibelinos, movido a penitencia por las palabras del hombre de Dios, pidió al bienaventurado Felipe que lo admitiera en la Orden. Habiéndolo obtenido, se le impuso el nombre de Buenaventura, por expreso deseo suyo. Así lo refiere fray Miguel Poccianti en su obra titulada Crónica de la Orden de la bienaventurada Virgen María, en el cual dice textualmente_ “Muchos, conmovidos por las palabras del bienaventurado Felipe, se reconciliaron con el Señor, repartieron sus bienes entre los pobres, dejaron a sus padres y tomaron por padre a Felipe, bajo cuya bandera determinaron servir a la Virgen en la pobreza Entre ellos s hallaba un cierto jefe de la facción de los gibelinos, el cual, al terminar el sermón, acudió en seguida san Felipe, le pidió humildemente ser recibido en la Orden de los Siervos, con el propósito de hacer; con la ayuda de Dios, penitencia de sus pecados. El bondadoso padre accedió a la petición de aquel hombre, tan cruel hasta entonces, y le mandó que antes pidiera perdón a cada uno de sus enemigos y le impuso la obligación de restituir cuatro veces más a los que hubiera defraudado. Después de que se hubo sometido de buen a gana, con gran admiración de todos, a este precepto evangélico, finalmente, guardadas las debidas diligencias, paso a formar parte de la Orden de los Siervos”.

No obstante el autor de la Crónica no indique en qué fuentes se basa su narración, ya que tenía la costumbre de amplificar los hechos que narraba, los historiadores de la Orden, incluso los más recientes, admiten su veracidad y opinan que la “conversión de Buenaventura”, como llaman, tiene mucho de verídico.

San Felipe tuvo con él un trato familiar y, cuando el año 1285 acudió a Perusa donde entonces residía el papa Martín IV, para tratar con él de la continuidad y aprobación de nuestra Orden, quiso que fray Buenaventura lo acompañara.

En los años que siguieron, fray Buenaventura, que se había mostrado hombre previsor y prudente, ejerció el cargo de prior en los conventos de Bolonia y de Pistoya, y gobernó por algunos años la provincia romana. Es digno de especial recuerdo el tiempo e que fue prior del convento de Montepulciano no ´solo por el gran número de hombres y mujeres que acudía a escuchar sus sermones, muchos de los cuales recibieron de sus manos el habito de la Orden, sino también porque en el año 1306, por delegación del obispo de Arezzo, Hildebrando, colocó la primera piedra de la iglesia erigida en honor de santa María por santa Inés, originaria de aquella ciudad; dirigió la edificación del monasterio, hizo entrega del velo a Inés y seis hermanas, y recibió su profesión bajo la regla de san Agustín. Confirmó la elección de Inés como abadesa y la ayudó con sus consejos en la dirección del monasterio.

Murió en Orvieto hacia el año 1315, y al poco tiempo comenzó a esparcirse la fama de sus milagros. El papa Pío VII aprobó su culto en 1833. En el año 1915, al cumplirse el sexto centenario de su muerte, el cuerpo del beato Buenaventura fue trasladado a Pistoya, en donde es venerado en la iglesia de los Siervos. 

(Texto tomado del "Propio del Oficio de la Orden de los Siervos de Maria")

 

Oración:

Infunde, Señor, en nosotros el don del consejo y la virtud de la prudencia, que resplandecieron en el beato Buenaventura, padre solícito y guía espiritual de muchos hermanos y hermanas consagrados a tu divino servicio. Por Jesucristo nuestro Señor.