Beato Ferdinando M. Baccilieri
(1 de Julio)
Ferdinando María Baccilieri nació el 14 de mayo de 1821 a Campodoso, parroquia de Rin Finalese, en el ducado de Mondena. Sus padres, Domenico Baccilieri y Leonilde Del Bona, fue acomodados campesinos, de firmes principios cristianos con los que Ferdinando y sus cinco hermanas fueron criados.
Después de haber recibido una primera educación en la casa paternal, Ferdinando fue mandado por el padre a continuar los estudios primero cerca del colegio de los Barnabitas en Bolonia, luego cerca de aquel de los Jesuitas en Ferrara. En aquellos años le maduró en él la vocación sacerdotal y sucesivamente aquella religiosa y misionera, favorecida también por el contacto y ejemplo de los maestros jesuitas. Entro en la Compañía de Jesús, en el octubre de 1838, fue mandado a Roma en la casa de noviciado, que se situaba cerca de la iglesia de San Andrés en el Quirinale. Tuvo que interrumpir la experiencia de vida religiosa a motivo de su salud enfermiza que no le permitió de sustentar el rigor de la disciplina jesuítica; este, sin embargo, dejó una notable huella en su vida espiritual, que fue caracterizada siempre por severa regularidad.
Le vuelto a Rin Finalese, Ferdinando retomó los estudios filosóficos y teológicos en los seminarios de Emilia, de Módena y, por fin, de Ferrara, dónde fue ordenado sacerdote el 4 de marzo de 1844. Inició enseguida la actividad pastoral como colaborador del párroco de Rin Finalese; del 1844 al 1851 fue enseñante y director espiritual en el seminario de Final Emilia y predicador de cuaresmales. Mientras tanto, favoreciendo el deseo del padre, consiguió la licenciatura en derecho civil y eclesiástico cerca de la universidad de Bolonia.
En el 1851 como temporal administrador espiritual fue mandado a Galeazza, pequeña parroquia de la diócesis boloñesa que, quedaba sin párroco, atravesando un período de grave deterioro moral y religioso. Las familias de campesinos, jornaleros, pequeños artesanos de la zona generalmente vivían en condiciones de graves dificultades económicas.
Don Ferdinando se aprestó a una obra de saneamiento moral y religioso, de consejo y de ayuda a los más necesitados. Sus palabras persuasivas y francas, el ejemplo de su vida sobria y laboriosa, todo orientado al bien moral y a material de los feligreses, conquistaron el ánimo, sí que ellos le preguntaron insistentemente al arzobispo de Bolonia, el Card. Carlo Opizzoni, la permanencia del Baccilieri en Galeazza. El cardenal adhirió a su deseo y el 22 de abril de 1852 nombró a don Ferdinando párroco de la Iglesia de S. María de Galeazza. Allí estuvo por 41 años, hasta la muerte, rechazando otros prestigiosos encargos, más adecuados a su cultura y a sus capacidades.
Al inicio de su servicio pastoral el Baccilieri dedicó la parroquia a la beata Virgen de los Dolores e instituyó la Cofradía de la Virgen de los Dolores. Esta devoción de Ferdinando a la Virgen de los Dolores se remonta a su infancia, cuando fue con su familia a vivir a Bolonia cerca de la basílica de S. María de los Siervos, dónde se practicaba un particular culto. A ella siempre le fue dirigida con inalterada confianza y confiándole los momentos importantes o difíciles de su vida. Al Orden de los Siervos quiso pertenecer como terciario e instituyó una cofradía del Tercera Orden en la parroquia. Tuvo frecuentes y fraternas relaciones con los frailes Siervos María, como certifican muchas cartas y documentos. Tuvo gran consideración su espiritualidad, en particular su piedad hacia la Madre del Dios; instituyó en la parroquia muchos piadosos ejercicios Marianos, propios de la Familia de los Siervos. Celebró de muchas maneras la beata Virgen y trató de inculcar la devoción en el ánimo de los fieles, exhortándolos a sacar de la contemplación de sus dolores ayuda y fuerza para soportar las fatigas y los sufrimientos de la vida. En la muerte del Baccilieri el arzobispo de Bolonia, card. Parocchi, no titubeó en afirmar que él hizo de la parroquia de Galeazza un concurrido santuario.
Convencido que los laicos son llamados a colaborar con los pastores en el crecimiento de la Iglesia y a su santificación, promovió su cooperación en la institución de varias asociaciones; ellas fueron el fermento de la vida moral y religiosa de la parroquia.
Para asegurar continuidad a su proyecto pastoral, Baccilieri fundó una Congregación de Monjas de Siervas de María, a las cuales dio una Regla inspirada a aquella de las monjas de las Siervas de María. La finalidad fue la enseñanza de la doctrina cristiana, la educación de las niñas pobres, la cuidado de los enfermos, la ayuda a los pobres. La Congregación, surgida por un pequeño grupo de terciarias, que se reunieron en vida común en el 1852, se desarrolló progresivamente; antes reconocida por el arzobispo de Bolonia después fue aprobada por la Sede Apostólica con el nombre de Congregación de las Religiosas Siervas de María de Galeazza y se ha difundido en muchos países.
Acabado el curso de su vida, después de haber cumplido con ánimo extraordinario los ordinarios deberes de pastor, Ferdinando María se durmió en el Dios la mañana del 13 de julio de 1893, mientras meditaba, como solía hacer al inicio de cada día, la Pasión del Dios.
La fama de santidad creció y se propagó de día en día, confirmada por favores celestes. El Santo Padre Juan Pablo II el 3 de octubre de 1999 lo inscribió en el registro de los Beatos. Se celebra La memoria del beato Ferdinando María el 1 julio, día en que su cadáver, en el 1999, fue trasladado en una amplia capilla de la Iglesia parroquial de Galeazza.
(Texto tomado del "Propio del Oficio de la Orden de los Siervos de Maria")