Beato Santiago de Villa
(15 de Enero)
Defensor de los pobres, Francisco nació en Siena el año 1266. Su vida se narra en la Legenda escrita por Fray Cristobal de Parma, su coetáneo y confidente. De ella se desprende que a temprana edad Francisco sintió la llamada a la vida religiosa, pero tuvo que esperar porque debía asistir a su madre ciega. A la muerte de ésta, Francisco a la edad de 22 años, ingresó en el convento servita de Siena; y tres años después fue ordenado sacerdote.
Santiago, hijo de Antonio de Villa, y de Mostiola, nació hacia 1270 en Cittá della Pieve, ciudad situada en la región italiana de Umbría. Desde pequeño dio pruebas de piedad y temor de Dios: frecuentada la iglesia de los Siervos, cercana a su casa, y asistía con gusto a los divinos oficios. En Siena, como se desprende de algunos indicios, se aplicó con sumo interés a los estudios de la literatura y derecho, disciplinas que en poco tiempo logró dominar.
Y por entonces había comenzado a preocuparse por los pobres y enfermos; y no rehusaba ningún sacrificio con el fin de defender a los huérfanos, viudas e indigentes. Más tarde, con el propósito de unirse más estrechamente al Señor y adherir a sus enseñanzas, tomó la determinación de repartir todos sus bienes entre los pobres y de dedicarse por completo al cuidado de los enfermos. El autor de la antiquísima Vida o Legenda del beato, al referir dicho testimonio de heroica caridad, no duda en atribuir a este varón de Dios una característica común que se encuentra en muchas “Vidas de santos”: Santiago mientras asistía a Misa, oyó aquellas palabras del Señor: Si uno quiere ser de los míos y no me prefiere a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos , a sus hermanos y hermanas, y hasta sí mismo […] y no renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío (Lc 14, 26.30); conmovido hondamente por estas paabras, lo dejó todo y se entregó al servicio de Dios y del prójimo. Este relato, aunque pueda considerase como un lugar común de la hagiografía, y por tanto con dudoso valor histórico, es, con todo, una prueba de la fama de santidad que en aquel tiempo gozaba el beato Santiago.
De su propio bolsillo costeó la restauración de una iglesia y un hospicio, situados fuera de la “Puerta del Vecciano”. Allí dio alojamiento y atendió con admirable caridad a los más pobres de sus conciudadanos: los alimentaba los curaba en sus enfermedades y les prestaba los servicios más humildes. Mas sucedió que un hombre poderoso intentó usurpar los bienes de aquel hospicio, entonces Santiago se levantó en defensa de los derechos de los pobres ante los jueces de la Curia romana, y venció la causa contra su adversario. Éste, con el pretexto de llegar a un acuerdo, invitó con palabras lisonjeras a Santiago para que acudiera a entrevistarse con é –vivía entonces en Chiusi-y cuando el siervo de Dios regresaba a Cittá della Pieve, fue asesinado a manos de unos esbirros: de este modo Santiago, defensor de los pobres y oprimidos, selló con su sangre, en 1304, su testimonio constante de justicia y caridad.
De algunas cartas y documentos, así como de las imágenes más antiguas, parece deducirse que este varón de Dios, además de ser terciario servita, lo era también de la Orden de los frailes Menores, y figuraba en la lista de los Oblatos del hospicio de “Santa María de la Escala”, en Siena; hecho nada raro en aquella época.
En 1806, la Congregación de Ritos aprobó el culto del beato Santiago. En 1846, el papa Pío IX concedió a toda la Orden la facultad de celebrar misa y oficio propios del Beato
(Texto tomado del "Propio del Oficio de la Orden de los Siervos de Maria")
Oración:
Señor, Dios nuestro, por cuyo amor el beato Santiago no tuvo miedo de afrontar la muerte por defender los derechos de los pobres, concédenos que ninguna dificultad nos amedrente en la práctica de la caridad y de la justicia. Por Jesucristo nuestro Señor.