Ave Maria
Desde el escritorio de fr. Ángel (33) - Septiembre 2.005
Queridos hermanos:
Reciban un cordial saludo desde Roma; espero se encuentren gozando de paz y esperanza en el Señor.
En el mes de septiembre los Siervos y Siervas de María celebramos la solemnidad de la Virgen de los Dolores, patrona principal de nuestra Orden. Esta solemnidad nos hace pensar en muchas cosas importantes de nuestra vida humana, religiosa y de Siervos de María. María vivió en profundidad el misterio del dolor, del sufrimiento, de la ansiedad, del temor. Pero vivió estas dimensiones humanas desde una perspectiva muy especial que es la perspectiva de la fe. Pudo iluminar y "comprender" todo lo que acontecía en su vida gracias al hecho de que veía la realidad "con los ojos de Dios", en un contexto de fe, con la humildad propia de aquellos que viven el espíritu de las bienaventuranzas, de aquellos a quienes Dios revela los misterios del Reino. Por eso contemplar a María como la Virgen de los Dolores no sólo nos invita a compadecernos del dolor de María sino a imitar sus actitudes y a enfrentar la vida con entusiasmo, con fortaleza, con entrega y generosidad. Es importante comprender que nuestro amor a María debe manifestarse en la radicalidad y en el modo de vivir el Evangelio como hombres, como cristianos y como consagrados, sabiendo que al final la mayor gloria que damos a Dios es la plenitud de nuestra vida, es decir la vida llena de esperanza, de fe, de sencillez, de transparencia, de coherencia, de madurez, de valores humanos, de apertura, de lucha, etc... La Virgen de los Dolores nos recuerda las palabras de Cristo: si alguien quiere ser mi discípulo que se reniegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Un seguimiento concreto, contagiante, entusiasta, con la sombra de la Cruz pero invadido de la luz del Resucitado, con las lágrimas del dolor pero con la alegría que transmite el Redentor del hombre, con la ansiedad de la confusión pero con la certeza de la fe que nos inspira el Espíritu.
A todos les deseo una bonita fiesta de la Dolorosa y les pido un esfuerzo comprometido por hacer realidad nuestras verdades de fe con el testimonio de nuestra vida.
fr. Ángel Mª
La Madre Dolorosa bajo
la cruz
También a ti una espada te atravesará el alma (Lc 2, 35).
"En verdad, Madre
santa, atravesó tu alma una espada. Por lo demás, esta espada no hubiera
penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma.
En efecto, después que aquel Jesús –que es de todos, pero que es tuyo de un
modo especialísimo– hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin
perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no
llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya.
Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser
arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y
por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos
de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal".
(Bernardo de Claraval)