AVE MARÍA
Desde el escritorio de Fray Ángel (51)
Queridos
hermanos,
Reciban un cordial saludo en el Señor y santa María esperando se encuentren gozando de paz y bienestar.
Estamos ya a poco más de un mes de celebrar nuestro capítulo general. Hemos cerrado prácticamente toda la preparación. En el mes de agosto, por motivo de las vacaciones en Italia, no hemos podido terminar los trabajos. La imprenta cerrada y varios pormenores de última hora nos han detenido en el envío del material. Pero esperamos en estos días lograr cubrir lo que nos falta.
Siento que el ambiente previo a nuestro Capítulo General número 212 es bueno a pesar de algunas perplejidades sobre el futuro, sobre el cómo tendremos que caminar, sobre las decisiones que estaremos llamados a tomar. Cada uno debe aportar lo mejor de sí mismo en la construcción de ese futuro que es de todos y donde nadie está exento de soñar y de trabajar. Las orientaciones, los ideales, el camino que tracemos para los próximos 6 años son de capital importancia para enfrentar y disfrutar el momento histórico que estamos viviendo. No somos espectadores de una realidad ajena que no nos toca o que no nos dice nada. Somos, por el contrario, protagonistas de una vida de entrega y de servicio, con una espiritualidad de grande belleza y actualidad, que tiene aun mucho que decir al hombre y a la mujer de hoy.
En toda la Orden estamos orando para que el Capítulo general sea significativo y sobretodo para que logremos "a imitación de María, vivir en la escucha de la Palabra de Dios, atentos a sus inspiraciones en nuestro interior, en los hombres, en los acontecimientos y en toda la creación. Esta actitud nos llevará a descubrir los signos de los tiempos y a ser fieles a los valores que la Iglesia, en su misión profética, debe anunciar y actuar" (Const. 24 b).
Buen trabajo a todos. Buen Capítulo.
Desde nuestro convento de san Marcelo, 31 de agosto de 2007
Fr. Angel M.
"Otra
provocación está hoy representada por un materialismo ávido de poseer,
desinteresado de las exigencias y los sufrimientos de los más débiles y
carente de cualquier consideración por el mismo equilibrio de los recursos de
la naturaleza.
La respuesta de la vida consagrada está en la profesión de la pobreza evangélica…..
En realidad, antes aún de ser un servicio a los pobres, la pobreza evangélica
es un valor en sí misma, en cuanto evoca la primera de las bienaventuranzas en
la imitación de Cristo pobre.
Su primer significado, en efecto, consiste en dar testimonio de Dios como la
verdadera riqueza del corazón humano.
Se pide a las personas consagradas, pues, un nuevo y decidido testimonio evangélico
de abnegación y de sobriedad, un estilo de vida fraterna inspirado en criterios
de sencillez y de hospitalidad, para que sean así un ejemplo también para
todos los que permanecen indiferentes ante las necesidades del prójimo"
(cfr. vita consecrata, nn.89.90)