AVE MARÍA

Desde el escritorio de Fray Ángel (31)

 

Queridos hermanos,

Reciban un cordial saludo desde nuestro convento santuario de Portland, USA, donde me encuentro en este momento, acompañado de fr. Patrick M. Carroll, haciendo la visita canónica a la provincia de Estados Unidos.

Durante este año 2005, la Iglesia está reflexionando sobre la Eucaristía. Sabemos que estamos celebrando un año eucarístico y que el próximo sínodo de los obispos tratará también de este tema. Además, hemos tenido la oportunidad de leer la carta apostólica del papa Juan Pablo II "Quédate con nosotros Señor".

Pienso que todo esto puede ofrecernos una ocasión privilegiada para nuestra reflexión, y no solo en la pastoral de nuestras parroquias, sino en nuestra vida concreta de frailes Siervos de María. Les sugiero tomar en mano las Constituciones para recordar y vivir lo que nos dicen sobre la Eucaristía, "centro de nuestra oración, signo de unidad y vínculo de caridad. en ella proclamamos y actualizamos el misterio pascual de Cristo hasta que Él vuelva." (Const. 24 a).

La Eucaristía es vida, es proclamación, es agradecimiento, es fiesta, es hambre de pan y hambre de Dios, es amistad y comunión. La Eucaristía nos da la fuerza para perdonar y sanar las heridas del pasado. En la Eucaristía el Señor nos convoca para vivir intensamente el misterio pascual, para actualizarlo hasta que Él vuelva, actualizarlo hablando el lenguaje de los hombres de nuestro tiempo y asimilando las riquezas que nos ofrecen las diversas corrientes culturales y religiosas de cada realidad donde nos encontramos. Nos toca a nosotros, hermanos, prolongar con la Eucaristía la acción salvífica de Cristo; nos toca a nosotros proclamar la Palabra de Dios, "atentos a sus inspiraciones en nuestro interior, en los hombres, en los acontecimientos y en toda la creación"; nos toca a nosotros actualizarla en la comunión fraternal, en las horas alegres y en las horas tristes, en la aceptación de cada uno con sus cualidades y sus limitaciones, en nuestro amor hacia los familiares; nos toca a nosotros actualizarla en los capítulos, en el testimonio comunitario, en nuestro desarrollo integral, en el servicio; nos toca a nosotros concretizarla en al amor a los pobres, a los últimos, a los desposeídos, a los que menos tienen, a los menos amados. En pocas palabras, nos toca a nosotros permitir que estos sagrados misterios sean lo que son y se prolonguen en la vida de todos los días (confrontar Constituciones OSM, 18. 24. 28. 30. 32. 33..).

Creo que en este mes de junio la figura de santa Juliana puede acompañarnos en nuestra meditación. Si la Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía, análogamente podemos decir que la Eucaristía hace la comunidad y la comunidad vive de la Eucaristía y hace de ella el centro de su vida. "Quédate pues con nosotros Señor que se hace tarde."

Un recuerdo y una oración muy especiales por todos nuestros hermanos enfermos y ancianos; no se cansen de luchar y gracias por su testimonio y por su fe.

Bueno hermanos, sigan trabajando duro, con seriedad y honestidad, con optimismo y alegría. Sepan dar razón de lo que son y de lo que hacen con esperanza. Buen período veraniego (a quienes lo inician en este mes) y que santa María los cuide con el cariño de siempre.

Desde Portland, 12 de junio de 2005.

Fr. Ángel M.

 Mane nobiscum, Domine!
    Como los dos discípulos del Evangelio,
    te imploramos, Señor Jesús:
    quédate con nosotros!
    Tú, divino Caminante,
    experto de nuestras calzadas y conocedor de nuestro corazón,
    no nos dejes prisioneros de las sombras de la noche.
    Ampáranos en el cansancio, perdona nuestros pecados,
    orienta nuestros pasos por la vía del bien.
    Bendice a los niños, a los jóvenes, a los ancianos,
    a las familias y particularmente a los enfermos.
    Bendice a los sacerdotes y a las personas consagradas.
    Bendice a toda la humanidad.
    En la Eucaristía te has hecho "remedio de inmortalidad":
    danos el gusto de una vida plena,
    que nos ayude a caminar sobre esta tierra
    como peregrinos seguros y alegres,
    mirando siempre hacia la meta de la vida sin fin.
    ¡Quédate con nosotros, Señor! ¡Quédate con nosotros!
    Amén

            Joannes Paulus II