AVE MARÍA

Desde el escritorio de Fray Ángel

Siervos de Esperanza

Queridos hermanos:

Nuevamente con ocasión de la celebración del nacimiento de Jesucristo, les escribo para desearles unas felices Pascuas Navideñas, llenas de la alegría que nos ha traído el Señor con su irrupción en nuestra carne mortal.

Durante el sexenio he podido compartir con ustedes, a través de la carta de Navidad, algunas reflexiones sobre nuestra vida religiosa de Siervos de María; en modo particular lo he hecho a partir de las tres prioridades del capitulo general 2001.

De esta manera he podido trazar un itinerario que nos ayudase a profundizar las razones de nuestra esperanza en el momento actual, inspirándonos en Maria la Madre del Señor, y poder responder así a las interpelaciones más profundas que nos hace el mundo de hoy.

Resumo ahora este camino pensando en una dimensión esencial de nuestra andadura histórica; me refiero al hecho que estamos llamados a ser Siervos de esperanza, del amor sin límites, de la alegre noticia, de la pasión por Cristo y por la humanidad.

En la Navidad del año 2001, algunos episodios bíblicos de la vida de María y José, de los ángeles, de los pastores, de los magos, de Simeón y de Ana nos iluminaron en el deseo de volver a partir de la búsqueda y de la experiencia de Dios, renovando nuestra fe, ofreciendo nuestra disponibilidad, convirtiéndonos en mensajeros de Dios, alabando a Dios y trabajando por la paz, leyendo los signos de los tiempos y perseverando en nuestra vigilante espera.

En la Navidad del año 2002, ha sido el servicio, concretizado en el uso de nuestros sentidos y de los diversos miembros de nuestro cuerpo, lo que nos ha permitido comprender que es toda la verdad de nuestro ser: ojos, oídos, boca, manos, pies... lo que nos permite servir cotidianamente dejando abierto el camino al Señor para que continúe haciéndose carne en nosotros, sus siervos y discípulos, y pueda ver, oír, hablar, actuar y caminar en nuestro tiempo. La figura de san Felipe nos acompañó en esta reflexión.

En la Navidad del año 2003 ha sido la animación vocacional el centro de nuestra meditación a la luz de algunos de nuestros hermanos santos y beatos Siervos de María. Nos dimos cuenta que Cristo llama siempre, que es vital nuestro testimonio de vida personal y comunitario, que la Palabra de Dios "nunca nos deja en paz", que en la predicación debemos ser actuales y concretos, que en el acompañamiento espiritual y en la pastoral debemos ser Siervos acogedores y por último que debemos de estar al servicio de la reconciliación.

En la Navidad del año 2004, simbólicamente metidos entre los pastores de Belén, hemos gritado el anuncio de una gran alegría. Anuncio que nos invita a no temer ya que es testimonio y espera, acogida y capacidad de compartir y sobre todo construcción del futuro. Anuncio de grande alegría del ayer: la alegría de la fe. Del hoy: la alegría de la caridad. Y del mañana: la alegría de la esperanza. Anuncio de gozo que se encarna y se vive en nuestras prioridades sabiendo que Jesucristo el Señor es la garantía de nuestro gozo y la razón de nuestro anuncio que es de gran alegría: Él es el mismo ayer, hoy y siempre.

En la Navidad del año 2005 reflexionamos sobre el Regalo que cambia nuestra existencia y es esencial en nuestra vida: Jesús, la Palabra hecha carne, es el Regalo de Navidad. Este Regalo nos invita a ser regalo sobre todo con los más necesitados; nos invita a vivir con pasión lo que somos y lo que hacemos; nos invita a inspirarnos en Santa María para poder buscar y experimentar a Dios, para poder servir cualitativamente y para poder ser testigos fieles y consistentes en la animación vocacional. Nos invita también a dialogar con toda la humanidad. En la búsqueda de Dios: Él es el camino. En el servicio: Él es la verdad. En la animación vocacional: Él es la vida. Él es el diálogo, el signo, el sacramento, es el Regalo de Navidad que nos permite ser regalo para todos.

Queridos hermanos, la invitación que les hago en esta Navidad del año 2006 es a ser Siervos de esperanza:

Santa María, Mujer de esperanza, llene sus corazones de la alegría mesiánica que hace hablar a los mudos, escuchar a los sordos y caminar a los paralíticos.

De todo corazón deseo a la entera Familia de los Siervos de Maria una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

Desde nuestro convento de san Peregrino, en Manila, Filipinas, en comunión con las víctimas del tifón de estos días, y solidarios en la fe y en la esperanza con todos los que sufren a causa de esta tragedia.

9 de diciembre de 2006, memoria de san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, santo indígena mexicano.

fr. Ángel M. Ruiz Garnica, O.S.M.
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