AVE MARÍA
Desde el escritorio de Fray Ángel (29)
Queridos hermanos
Reciban un cordial saludo en Cristo Resucitado; espero se encuentren gozando de paz y bienestar, disfrutando de la vida y de los dones que el Señor nos regala cada día
Antes que nada quiero agradecer a Dios por el don que nos ha dado en la persona de nuestro querido Papa Juan Pablo II, para quien imploramos el descanso eterno, la luz y la paz que nunca terminan. Pienso que de alguna manera todos nos hemos beneficiado de sus dones y de su ministerio al servicio de la Iglesia. Tuve la oportunidad, en varias ocasiones, de saludarlo, estrechar su mano e intercambiar algunas palabras con él y en todas ellas me sentí agradecido por el don de su presencia y por el mensaje de fidelidad a Cristo que transmitía con tanta convicción. Nos comparte muchos retos; uno de ellos el que dirigió a los religiosos en el último congreso internacional sobre la vida consagrada: "en esta situación los consagrados y las consagradas están llamados a ofrecer a la humanidad desorientada, cansada y privada de memoria el testimonio increíble de la esperanza cristiana". Gracias, muchas gracias querido Hermano Juan Pablo. Dios Todopoderoso recompense tus fatigas y tu pasión por Cristo y por la humanidad. Nuestra Familia de los Siervos de María te está agradecida.
El día 15 de mayo celebraremos la fiesta de Pentecostés. Nuevamente la oportunidad de vivir intensamente, en lo concreto de nuestra realidad existencial, personal y comunitaria, la presencia, los dones y los frutos del Espíritu. La mejor manera de celebrar esta solemnidad es abrir nuestro corazón a la acción del Espíritu y no tener miedo de "remar mar adentro" y "caminar desde Cristo", reconociendo nuestros errores y fortaleciendo nuestra esperanza y nuestra alegría de vivir. Él es el Señor y Dador de vida. Y no olvidemos, tampoco, que nuestras comunidades, en su humilde realidad, son Cenáculo, lugar de la presencia del Espíritu y de María; por lo tanto, con su ayuda dispongámonos a verificar la seriedad de nuestro compromiso y la autenticidad de nuestra comunión fraternal.
"¿Por
qué a menudo somos tan cobardes y resignados?
¿Por qué a menudo combatimos
como si quisiéramos sólo aplazar exteriormente
la derrota secretamente ya aceptada?
¿Por qué en el servicio de Cristo
empeñamos tan mezquinamente sólo pocas minucias
como si fuera cosa demasiado insegura para nosotros
arriesgar en ello toda la vida y todas las energías,
hasta la última gota de nuestra sangre?
Cristo resucitó de los muertos ¿sí o no?".
(Karl Rahner)
Fray Angel, San Marcelo, IV, MMV