AVE MARÍA

Desde el escritorio de Fray Ángel (49)

Queridos hermanos:

espero que se encuentren gozando de paz y salud, en estos días próximos a la solemnidad de Pentecostés, y alegres y abiertos a la acción del Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que irrumpe en nuestros corazones y transforma nuestro ser.

Durante este tiempo, celebrando la Ascensión del Señor y preparándonos para Pentecostés, me preguntaba qué significado tienen hoy para nosotros estas solemnidades, y sobre todo de qué manera tenemos que proceder para realizar un discernimiento, a la luz del Evangelio, que nos permita aceptar incondicionalmente el plan de Dios, actualizado por el Espíritu, en nuestro camino histórico y espiritual.

Al final, creo que se trata de una invitación a discernir la voluntad de Dios. Tarea nada fácil porque constatamos con frecuencia que nos resulta muy sencillo y cómodo interpretar la voluntad de Dios en nuestra voluntad, en todo lo que hacemos o decidimos. Pareciera que la voluntad de Dios debiera encajar en la nuestra para que funcione y no corra el riesgo de ser desplazada o ignorada. La paradoja cristiana seguramente se sintetiza en la fusión de estas dos voluntades: la humanidad que interacciona con el amor inmenso de Dios.

Sabemos, también, que el Espíritu nos recuerda siempre todo lo que Jesús hizo y dijo. Y sin duda alguna, este "promemoria" no es simplemente un recordar el pasado, la historia de Jesús, las aventuras de los apóstoles y de los discípulos. Este promemoria es un "recuerdo vital". Se trata de involucrarnos con todo lo que somos en la aventura del Resucitado, en su Evangelio de paz y misericordia, en sus palabras de amor y de perdón y de asumir, en primera persona, las consecuencias de este discipulado.

También la preparación a la celebración del Capítulo General nos pide que nos abramos al Espíritu, que interpretemos los signos de los tiempos, que descubramos que nuestra cita con la historia es antes que nada una respuesta de confianza a la voluntad de Dios. Los interrogativos y problemas que nos afligen no deben manejar nuestra esperanza ni hacernos tomar rumbos donde la precipitación y el miedo son los protagonistas principales. Nuestro patrimonio histórico y espiritual, la fuerza de nuestro carisma, la actualidad de los valores vividos a lo largo de los siglos por los Siervos de María, son elementos que deben ser dóciles, en el día de hoy, a la acción del Espíritu Santo, como el barro en manos del alfarero, para que podamos traducirlos, encarnarlos, aterrizarlos en las decisiones que estamos llamados a tomar para vivificar desde dentro nuestra Orden.

Hermanos, no tengamos miedo, no renunciemos a la lucha. Afrontemos los problemas con realismo y humildad, con ánimo y valentía. Pienso que la frase que se ha escogido como tema del Capítulo: "y dejándolo todo lo siguieron" (Lc 5,11), nos sitúa en un terreno fértil de pobreza, de provisoriedad, de inseguridad, de abandono, de despojo, de libertad, pero sobre todo de disponibilidad. Dejarlo todo para poder seguir al Señor; para poder decir: Maestro dónde vives; para poder repetir: Señor a quién iremos si sólo tu tienes palabras de vida eterna y para poder reafirmar nuestro sí: hágase en mí según tu palabra. Animo, pues y continuemos nuestro camino adonde el Señor nos lleve.

Buen trabajo, hermanos. Que tengan una bonita fiesta de Pentecostés. Recordemos en nuestra oración a todos nuestros frailes y familiares, de manera particular a los enfermos y ancianos y a los que atraviesan por momentos de dificultad.

Santa María, gloria del Espíritu, nos sostenga en la oración y en la vida, unánimes y concordes.

20 de mayo 2007, solemnidad de la Ascensión del Señor.

fr. Ángel Mª

"Somos buscadores y peregrinos.
Así lo experimentamos al inicio del tercer milenio.
Así lo siente la juventud.
No nacimos para una vida sedentaria.
Siempre nos dan inspiración y dinamismo nuestros anhelos;
sobre todo los más profundos,
los que comparten el sentido de nuestra existencia.
En lo más hondo de nuestro ser,
hay hambre de amor y de justicia, de libertad y de verdad,
sed de contemplación, de belleza y de paz,
ambición de plenitud humana, ansias de hogar y fraternidad;
deseos de vida y felicidad.
Estos anhelos nos acompañan, nos motivan
y son el norte de nuestras búsquedas
".

(5a Conferencia CELAM)