AVE MARÍA

Desde el escritorio de Fray Ángel (30)

 

Queridos hermanos,

Reciban un cordial saludo; espero se encuentren gozando de la paz y la esperanza que Cristo Resucitado nos da.

Hemos dado inicio al tiempo ordinario y en unos días estaremos celebrando las fiestas litúrgicas típicas de estos inicios: la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, el Sagrado Corazón de Jesús... Podemos decir que el "retorno" a lo cotidiano no significa ausencia de los grandes misterios de la fe que iluminan nuestra vida. Durante todo el año litúrgico Cristo irrumpe de mil maneras en nuestra vida, de tal modo que su vida se "encarna" en la nuestra y podemos continuar por ello el milagro de ser esas frágiles vasijas de barro portadoras de un grande tesoro.

Es en este contexto que debemos sentir la urgencia de vivir lo que profesamos. La fe y las obras son una sola realidad y el "Dios con nosotros" una única verdad. El misterio de la encarnación se prolonga por los siglos de los siglos. Y es por eso que celebrar el misterio de Cristo nos invita a vivir lo ordinario de modo extraordinario. Sí, lo ordinario, la vida de todos los días, con su "aparente" monotonía y su clásico ajetreo, con sus horas alegres y sus horas tristes, con sus subidas y sus bajadas, con sus miserias y sus grandezas, con sus desilusiones y sus esperanzas, con sus incertidumbres y con su fe. No podemos seguir refugiándonos en amarguras y críticas estériles. Las heridas y los malos recuerdos del pasado no tienen la última palabra en nuestras existencias. Nuestro tiempo es "sagrado", es profético y está cargado de alegría, de misericordia, de perdón y de un anuncio siempre nuevo, porque el Evangelio es Buena Noticia, la Palabra de Dios es Bendición y a nosotros nos toca ser los "proclamadores" de estas cosas y no los profetas de mal agüero.

Pidamos al Señor de todos los tiempos que nos ayude a salir de la mediocridad y el desgano y nos permita vivir en la libertad y la alegría de los hijos de Dios.

Santa María, mujer del tiempo ordinario y de la encarnación, nos ayude a vivir nuestro "cronos" en el "kairós".

                                                           

                                                    Fr. Angel M.


Danos, Señor Jesús, tu Espíritu Consolador;
su presencia nos revele la verdad de las cosas creadas,
lo efímero y lo eterno, lo ilusorio y lo permanente.
Oh Señor, queremos comprender siempre más
que el Espíritu Consolador es vida, no árida y lejana doctrina.
Sus dones no son palabras sino modos posibles de ser,
que hacen espiritual la mente que vive de ellos.
Nuestro corazón sea fuerte,
no vacile ante las adversidades y tentaciones,
y domine en el amor las fuerzas de la naturaleza
conociéndolas en su profundidad.

   (Giovanni M. Vannucci)