AVE MARÍA

Desde el escritorio de Fray Ángel (28)

Queridos hermanos

Reciban un cordial saludo desde España donde me encuentro realizando la visita canónica a la Provincia en compañía de fr. Honorio. Espero que se encuentren gozando de paz y bienestar en el Señor y Santa María y viviendo intensamente este tiempo de cuaresma que nos proyecta hacia la Pascua

Creo que es importante preguntarnos sobre el sentido que tiene para nosotros la Pascua del Señor. Me parece que muchas veces corremos el riesgo de reducir estos misterios esenciales de nuestra vida a "vivencias de calendario anual" y de programación, como si pudiéramos reducir toda la magnitud del misterio de Cristo muerto y resucitado a un simple recuerdo anecdótico o histórico, que se manifiesta en algunas celebraciones litúrgicas anuales, "ajenas" a nuestra vida y que no cambian en nada nuestro actuar cotidiano, nuestra identidad de hombres, de mujeres, de cristianos, de religiosos, de Siervos de María. La pasión, muerte y resurrección de Cristo son la pasión, muerte y resurrección del hombre y de la mujer de todos los tiempos y en la medida que logremos crecer en esta mistagogía pascual, creceremos también en la identificación con Cristo amado, seguido, buscado, llorado, encarnado e identificado con nuestra historia, con nuestras pequeñas grandes historias. Es Cristo resucitado, el Señor de nuestra historia, quien manda en nuestra vida, quien da sentido a nuestras existencias, quien responde a nuestras interpelaciones más profundas. Sólo reunidos en su nombre, convocados por El, asistidos por su Espíritu, iluminados por la luz de su resurrección, reconciliados por su amor... podremos ser narradores de la Buena Nueva y testigos cualificados de su victoria sobre la muerte. De lo contrario, nos acechan la mediocridad y la superficialidad, el bienestar y el consumismo, la apatía y la indiferencia. Es la tumba vacía y no la putrefacción lo que hace que nuestra fe no sea vana. Es nuestra vida sanada por las llagas de Cristo resucitado y no los vendajes y lienzos que nos atan a la muerte, lo que nos permite vivir como "SIERVOS LIBRES", libres y fieles en el Señor, libres y fieles en el servicio a santa María y libres y fieles en la entrega al hombre y a la mujer de ayer, de hoy y de siempre.

 

A toda la Familia de los Siervos y Siervas de María
les deseo unas
FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN.


Que el Señor irrumpa con toda su gracia y su paz en nuestra nuestra Familia
y transforme nuestros corazones.

Desde nuestro convento de Valencia, España
6 de marzo 2005

"Buscarlo después de haberlo amado.
Encontrarlo en el jardín del sepulcro.
Vencer el miedo de perderlo otra vez.