CON LOS POBRES Y LOS ÚLTIMOS

LA OPCIÓN POR LOS POBRES

 

 

La Madre de Jesús, en lo concreta de su aventura  evangélica, aparece ante nuestros ojos como una mujer pobre cuya vida estuvo marcada por una doble pobreza: pobreza según las categorías sociológicas y pobreza según las categorías del Reino, en Ella armónicamente coincidentes. La pobreza sociológica de María es patente a la mirada del lector de los Evangelios. María nace pobre en la despreciada región de Galilea- la semipagana– en Nazaret, una aldea que no cuenta nada en la historia de Israel; es prometida como esposa a José, un humilde carpintero; da a luz a su Hijo en una gruta-establo y lo acuesta en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón; lo rescata con la ofrenda de los pobres; cuando el Hijo es perseguido por los poderosos de huir a un país extranjero, donde conoce las incomodidades del exilio de regreso a Nazaret, vive oscuramente por muchos años la vida de los pobres; durante la vida publica de su Hijo nada modifica su condición de sencilla mujer de pueblo, aumenta en cambio su participación en el misterio del “signo de contradicción”; experimenta la hostilidad de los conciudadanos con su Hijo; vive el drama de la muerte del Hijo, crucificado entre “dos malhechores, uno a la derecha y el otro a la izquierda”

 

Pero María se distingue sobre todo por la intensidad con la cual vivió la espiritualidad de los “pobres de Yahvé”. La Virgen “sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de él   la salvación.

 

            -Mujer dichosa en el  servicio del Señor.

           -Mujer presurosa en busca de Isabel.

-Mujer bienaventurada por su fe

-Mujer del saludo santificante.

-Mujer participe de la suerte de su pueblo

-Mujer de corazón humilde, sencillo, confiado en Dios.

     

En esta actitud cultual-de confianza en Dios y de denuncia de la injusticia-nos ha precedido María de Nazaret. Su himno de acción de gracias no es ciertamente una proclamación de mesianismo terreno ni grito de revuelta social, pero tampoco es una plegaria desencarnada, es un canto de liberación nacido de la fe.