Ave Maria

Desde el escritorio de fr. Ángel (46)

Queridos hermanos:

un cordial saludo a todos y cada uno de ustedes esperando se encuentren bien y viviendo un bonito tiempo cuaresmal en preparación a la Pascua.

Reciban un cordial saludo y mis mejores deseos de todo bien, al inicio de este tiempo de cuaresma que nos invita a renovar nuestra pasión por Cristo y por la humanidad y a pedir la misericordia de Dios sobre nuestras vidas para poder vivir en plenitud nuestra conversión cotidiana.

La Cuaresma, ciertamente, es un tiempo de conversión. Es introspección cristiana y capacidad de cambio. Es volver a iniciar. Es arriesgar. Es comprobar que el amor de Dios no tiene límites. Es tomar conciencia que nuestro amor no es perfecto y que a veces nos ganan los intereses personales. Es saber que necesitamos de la misericordia de Dios. Es comprobar que no podemos estar los unos sin los otros. Es perdón y curación de las heridas del pasado. Es radicalidad cristiana de frente a nuestros miedos. Es volver a la sencillez y a la humildad en nuestro mundo orgulloso y competitivo. Es memoria y profecía. Es recordar con gratitud nuestro pasado y gritar con convicción las razones de nuestra esperanza. Es parresía, fervor apostólico de frente a nuestras indiferencias y flojeras. Es evangelización, narrar a los demás el evangelio con nuestra propia vida. Es entrega y dedicación. La cuaresma no es sólo un tiempo litúrgico más, monótono y aburrido. Es un encuentro con una Persona. Es un encuentro con muchas personas. Es una interpelación. Es vivir nuestros compromisos bautismales. Es preparación a la Pascua. Es creer y ser coherentes. Es caminar. Es estar con María al pie de las infinitas cruces. Es ser auténticos siervos de María.

Que el Señor nos conceda vivir una bonita cuaresma que tenga sentido para todos.

Santa María, que durante este tiempo nos acompaña en su advocación de Dolorosa, nos ayude a aliviar el dolor humano a la luz de las llagas de Cristo resucitado.

Desde nuestro convento de san Marcelo,21 de febrero de 2007, Miércoles de Ceniza. 

Fray. Angel

 Para nuestra meditación cuaresmal…….

 “Conservemos, pues, el fervor espiritual. Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo….con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá que el mundo actual, que busca a veces con angustia, a veces con esperanza, pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradie el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo”. 

 (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, n. 80)