“La cuaresma de nuestra vida”

Si la cuaresma es tiempo de conversión, es entonces toda nuestra vida una cuaresma. Una cuaresma fundada en la esperanza...

He buscado en mis recuerdos como he vivido el tiempo cuaresmal que nos ofrece la iglesia, este tiempo propicio para la reflexión y he caído en la cuenta de que para algunas personas no dura solamente 40 días... sino que a veces esta se puede prolongar meses o años, algunas duran toda la vida.

La cuaresma, traducido en espera, en cambio, en desierto, se vive de muchas maneras y una de ellas la mas cercana a nuestro carisma como servitas es estar como María al pie de las infinitas cruces de nuestros hermanos.

Nuestros hermanos que sufren muy cerquita  de nosotros por enfermedad, por soledad, por desesperanza ante la vida... y sufrimos con ellos que nos piden su ayuda, a veces con un grito de auxilio y otras con un silencioso dolor. Pienso en la cuaresma de mis amigos, de mi familia, de mis hermanos... cuantos nombres me hacen recordar que la cuaresma no son solo cuarenta días...  cada uno de ellos sufren dolor, algunos físicos otros en el alma, pero todos con la esperanza de que llegue la resurrección y con ella la sanacion, de que llegue el final de la cuaresma y como hombres nuevos nos encontremos con Cristo resucitado y gritarle Señor aquí me tienes para hacer tu voluntad.

 Algunas terminan cuando se acepta que la muerte solo es un paso mas que nos acerca al Padre y que a pesar de que queremos tener con nosotros a nuestros seres queridos existe un dolor mas grande aun que es verlos sufrir... algunas cuaresmas terminan con la sanacion de la enfermedad que hace sufrir no solo al que la padece sino a toda su alrededor, y esa es una explosión de alegría y de dar gracias a Dios por que a escuchado nuestras suplicas... otras quizás termine cuando le abres la puerta a un hermano que ha estado llamando y sin quererlo oír no contestas inmerso en tu soledad... otras terminan cuando nos damos cuenta de que no somos el centro del mundo sino que necesitamos de los demás tanto como nos  necesitan...  Pero sobre todo debemos vivir en la esperanza de que siempre de alguna manera u otra la cuaresma termina con la esperanza de la resurrección, del encuentro y de la alegría de que aquel hombre que murió por sus hermanos  estará esperando con los brazos abiertos (como el padre al hijo prodigo) que nos demos cuenta que ya termino nuestra cuaresma y que él nos ha acompañado siempre dure lo que dure nuestra cuaresma.

Maribel Peinado Orellana, Maestra de Novicios OSSM Cádiz