“No escondas tu rostro”
“Ora a tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto te recompensará”
Cuando nos ponemos nuestro habito de siervo de María, y cuando nos colocamos el capirote, detrás de esa tela negra, es como si quisiéramos esconder el rostro del que te clama, del que te pide ayuda, del que te suplica día tras día, es como si a través de nuestros ojos, quisiéramos acercarnos a cuanto nos rodean, pero de un modo secreto, aprovechamos el alo de misterio que significa estar ocultos ante lo demás para acercarnos a Dios, pidiéndole el perdón de nuestros pecados.
Cuando nos vestimos en la tarde del Viernes Santo, lo hacemos con el propósito de acercarnos, de acompañar a esa Madre, que eniesta se mantiene al Pie de la Cruz de un Hijo que acaba de morir, una Madre que en lo secreto, en lo más hondo de su corazón guarda el mensaje de amor que ese que acaba de morir por nosotros nos ha querido transmitir desde la Cruz.
Pero el mensaje de amor de Cristo, no debería de terminar en la cruz, sino que al contrario comenzaría en Ella, nuestra meta debería ser la resurrección, el ser capaces de alcanzar el ideal de servicio que Cristo y su Madre nos transmitieron, dándonos a los demás, detrás de la tela del viernes santo debemos ser capaces de esconder un rostro luminoso, un corazón limpio, un siervo que da de comer al que pasa hambre, que es misericordioso, que busca la paz.
Durante los últimos meses hemos vivido la restauración de nuestra titular, hemos visto como su rostro ha recuperado todo su esplendor, toda su belleza, pues que esta cuaresma que ahora comenzamos y en la que nos preparamos a acompañar un año más a Nuestra Soberana Patrona y Madre, que no escondamos un rostro apagado, triste, que con nuestros gestos y actos sepamos transmitir nuestro amor a Dios, y a su bendita Madre, que no nos avergoncemos por ser seguidores de Cristo, al contrario alegrémonos pues solo entonces habremos empezado a entender y comprender el verdadero mensaje de amor que Cristo nos quiso dejar desde la Cruz, que sepamos restaurar nuestras vidas buscando en nuestro día a día el ideal de amor, serenidad, dulzura y servicio que nos trasmite el rostro de la que llaman Reina de tus Siervos.
Que en la espera de la resurrección del enviado, sepamos vivir la Cuaresma como preparación hacia el triunfo pascual de la vida, manantial de nuestro caminar diario hacia Dios.
Un
hermano de la Orden