Ave Maria
Queridos hermanos:
Un cordial saludo en el Señor y Santa María esperando que la cuaresma que estamos viviendo nos ayude a todos en nuestro itinerario de conversión hacia la Pascua del Señor.
Veo en las palabras del Capítulo General en el número 12 una invitación profética, muy concreta para asumir en este periodo gestos y actitudes que califiquen nuestra identidad de Siervos: “Para que la vida común sea feliz y vivificante, una vez más los frailes elijan el Perdón, la humildad, la sencillez, la esencialidad, la purificación de la memoria para crecer en el auténtico espíritu de servicio.”
Esto,
sin duda, vale para toda nuestra vida, para todo lo que hacemos, para la vida ad
intra y ad extra. El fundamento será
siempre el hecho de contemplar como modelo a Cristo
que de rico que era se hizo pobre. La cuaresma nos ofrece por lo tanto, la
oportunidad de mirar a Cristo y a la humanidad con pasión y hacer de nuestra
vida un servicio a Dios y al hombre, un servicio a millares “de
semblantes de una humanidad herida que reclama respeto, derecho de vivir y de
participar en la construcción de una tierra nueva, más justa y fraterna. A
estos hermanos y a su grito tenemos que responder de algún modo” (Capítulo
general n. 15).
Fray. Angel