Mi calle cofrade...

Vivo en una calle... que huele a miel y a flores todos los días del año.

Vivo... en un refugio de las penas, que cobija en su estrechez, toda la esencia de la historia que se encierra en mi ciudad.

Mi calle, es una calle de rejas pintadas de verde, que tiene postigos donde al mediodía, suspiran los gatos entre aromas de puchero.

Vivo en una calle, que sabe que es cofradiera... que se siente cofradiera; creo que incluso hasta respira como calle cofradiera, seguramente, porque tuvieron que ser cofradieras las manos que le dieron forma, allá en los tiempos...

Mi calle es coqueta y fresquita; es de esas en las que late la humedad cuando el sol ya sólo apunta resplandores por las veletas..; es de esas por las que da gusto pasear en verano al abrigo de sus sombras... Mi calle sabe de pasos de palio que recortan imposibles entre hierros y macetas, y pasos de misterio que pasan porque quiere Dios que pasen, sin que aun sepamos cómo lo hacen. Mi calle sabe de inciensos y de azahares, y sabe de capirotes y de mantillas, y sabe de hachones encendidos... y sabe de salmos del miserere, delante de un Señor postrado en tierra...

Mi calle luce con orgullo ser calle real de la Gloria, por la que un día, pasó coronada por los hombres, la Madre de Dios que un día fue coronada en el Cielo... y mi calle, sabe que tiene unos ojos pequeños, mágicos, bonitos... profundos... que le dan guardia de honor entre risas y entre juegos... y lo sabe, porque ocurrió en mi calle, cuando la tarde purísima sobre los alcores, se vestía de estrellas y de fríos, y de humos de café, y de zapatos de estreno...

Ocurrió, porque así quiere Dios de vez en cuando que pasen las cosas, entre tambores que sonaban elegantes, mientras la música subía escalones imposibles para un almanaque, más cercano por entonces a las zambombas que a otra cualquier otra cosa.

Ocurrió desde el fondo de sus ojos oscuros, esos ojos que me rompen el alma, que me traspasan el alma, que me llenan el alma, que le dan forma a mi alma...

Primero vi en ellos un brillo suave que medía cariños en la distancia, y luego vi en ellos una esfera de luz punteada de luciérnagas, y más tarde vi en ellos un filo de plata chorreada en sus pupilas, y después vi en ellos un compás de ritmos centenarios al vuelo de la tarde prendida en mi ventana.

No sé cuánto duró aquella “chicotá” que sólo vi reflejada en los ojos de mi hija, porque era imposible no verla en aquel precipicio de inocencia...

Ni siquiera parpadeó mientras el palio se acercaba.

Sólo me dijo sonriendo... “ allí “... señalando con su dedo en dirección a la Virgen...

No dijo nada más, ni una sola palabra más, porque desde que los ciriales asomaron por la esquina, sólo su mirada fue protagonista de un instante sin fin, por los siglos de los siglos..

...Ocurrió en mi calle un día de diciembre; aquel día desde el que doy Gracias a Dios por aquel momento eterno..

...aquel que me enseñó el camino hacia la Puerta de la Gloria.

 

                                  Andrés Cañadas Salguero, Presentador de los Programas "Entre Varales"  y 

                                  "La Levantá" de Onda Jerez Televisión y Radio