VIVAMOS LA CUARESMA.

 Procurad no hacer el bien delante de la gente para que os vean.....Por eso cuando des limosna, no lo publiques al son de trompetas como hacen los hipócritas.....Cuando recéis no hagáis como los hipócritas, que gustan de orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los hombres los vean.....Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como hacen los hipócritas, que se desfiguran la cara para mostrar a todos que ayunan. (Mt.6,1-6.16/18).   

De ejemplar, tildaría el que suscribe el texto evangélico, perfectamente transportable a los días que corren, contemplamos a diario en todos y cada uno de los contextos en los que nos movemos a muchos hipócritas, vanagloriándose de su situación económica, de sus comodidades terrenales pasajeras, de su posición social, de sus patéticas virtudes. Cuanta miseria nos rodea...., cuanto iscariote contemporáneo nos acecha, esperando la mínima oportunidad para clavar en nuestro corazón, la fría y afilada daga de la envidia y de la miseria.

¡Como corre el tiempo!.... o mejor dicho, cuanto corremos nosotros, hace escasas fechas celebrábamos con el entusiasmo habitual la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo y cuando estas letras vean la luz, estaremos viviendo con renovada emoción el estreno de una nueva Cuaresma, habremos iniciado con paso firme el itinerario espiritual, que nos conducirá a participar con nuestra corporación nazarena en una estación penitencial por las calles y plazas de nuestra entrañable ciudad, dando como cofrades, verdadero testimonio de ser “buscadores de Dios”. Debemos pues  disponernos a  preparar nuestro espíritu, para llegar en las mejores condiciones a la celebración de tan esperadas fechas.

Y me van a perdonar los capillitas, pues me dirijo en especial a estos, comentándoles que la preparación a la que me refiero no consiste en atiborrarse de conciertos de marchas procesionales, de presentaciones de innumerables carteles dedicados a la Semana de Pasión, de pregones varios a las distintas advocaciones de la ciudad, ofrecidos ellos por verdaderos profesionales, en arte dramático dentro del ramo cofradiero, (alguno de estos, incluso nos llegan a ofrecer un dantesco espectáculo, cargado de efectos especiales, con la actuación de actores secundarios y demás). Y no digo que todas estas actividades no tengan cabida en el calendario cuaresmal, que no cabe duda que la tienen, pero otra cosa bien distinta es que las mismas copen todo el protagonismo de unas fechas, que a mi modesto entender deben orientarse hacia otros campos bien distintos, lo que en definitiva vamos a tratar o al menos intentarlo a lo largo del presente escrito.  

La Iglesia nos presenta la Sagrada Cuaresma, que representa como todos sabemos la estancia de Cristo durante 40 días en el desierto, como un tiempo fuerte de oración, ayuno y atención a los mas necesitados y nos ofrece a todos los cristianos, y por ende a todos los cofrades, la posibilidad de prepararnos de forma digna el camino hacia la Pascua, haciendo un serio discernimiento de nuestra propia vida, confrontándose, de manera especial con la Palabra de Dios que debe iluminar el itinerario cotidiano de todo los creyentes.

 Quisiera pedirles de forma especial que tomaran como guía para la reflexión, la frase recogida en Hechos de los Apóstoles (20,35), “Hay mayor felicidad en dar que en recibir”. No se trata ni de un mandato, ni de un llamamiento moral. La tendencia a dar está radicada en lo mas profundo del corazón humano, todos sentimos en alguna ocasión el deseo de ponernos en contacto con los otros y se realiza plenamente cuando nos damos con total entrega y libertad a los demás.  

La Cuaresma comienza con el rito de la imposición de la ceniza, el signo de la pequeñez, del polvo de la tierra de donde Dios creó al hombre y a donde volvemos después de la muerte y por el que se inicia una estación espiritual para todo cristiano de cara a vivir el Misterio Pascual. Dicho acto nos presenta un mensaje bíblico, que no es otro que aquel que repite el celebrante en el momento de la imposición de la ceniza; “Convertios y creed en el Evangelio”. Se nos invita a todos a reflexionar acerca de nuestro caminar diario; nuestras vidas y nuestras acciones nos recuerda el deber de la conversión, poniendo de manifiesto por otra parte la fragilidad de la especie humana.

La conversión, no es otra cosa que un volver la cara a Dios, siendo sinónimo de conversión la Penitencia, término tan utilizado en este tiempo litúrgico y a veces tan mal empleado, la cual no debemos ni podemos confundir con el mero hecho de enfundarse una túnica ó hábito nazareno y acompañar a su Cofradía en su itinerario penitencial, no atreviéndome a generalizar en este aspecto por temor a error, nunca mas lejos de mi intención, la penitencia la debemos entender como un cambio de mentalidad, como expresión libre y positiva de nuestro esfuerzo en el seguimiento a Cristo.

La oración debe ser fundamental, es condición indispensable para alcanzar el ansiado encuentro personal e intimo con Dios, realizando para ello un dialogo fluido sin complejos ni tabúes con nuestro Señor, representado por estas  fechas en multitud de advocaciones. Por ende debemos intensificar la escucha, algo de lo que estamos tan falto en nuestra sociedad actual, saber escuchar y meditar la Palabra, acudiendo a los Sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía; cuanto se nos echa de menos a los cofrades en estos actos. No puedo pasar por alto y permítanme un inciso, el comentar que este año ha sido declarado por su Santidad el Papa Juan Pablo II, Año de la Eucaristía, sin lugar a dudas debe ser el motor, centro y fuerza de nuestras vidas.

La Caridad, esta virtud la debemos vivir con toda la intensidad que seamos capaces, debemos expresarla con aquella persona que se encuentre necesitada mas cercana en nuestros contextos, sólo de esta manera construiremos un bien preciado, que nos llevará a vivir de forma coherente con nuestra vocación cristiana y cofrade en el seno de nuestras hermandades.   

No quisiera terminar esta humilde aportación, sin manifestarles que la Semana Santa no debe pasar por delante de nuestras personas sin que le demos un verdadero contenido espiritual, debemos en las fechas que se aproximan acercarnos al Jesús real, a ese hombre que aún hoy sigue subiendo cargado con la pesada cruz de nuestros pecados a infinidad de calvarios del mundo.¿Y nosotros los que nos hacemos llamar cofrades?....

 Nuestra actitud no debe ser la de mirar con desprecio la realidad desde la barrera de nuestro día a día. En estos días santos que se avecinan, podría ser una infame mentira las lagrimas que corran por nuestras mejillas al contemplar el cortejo ante nosotros de nuestras veneradas imágenes. Por tanto debemos ser testigos auténticos de los Cristos vivientes por la ruta del hombre, debemos compartir el dolor con todas aquellas personas que sufren a nuestro alrededor; lo demás será un año mas, quedarnos con lo meramente estético de la celebración, con lo cultural, en definitiva con todo aquello que está carente de todo sentido cristiano.

Quisiera enunciar una frase del recordado prelado Romero, el cual versó: “Cuando besamos la cruz, besamos el rostro a millones de crucificados”.

Jesús nos abraza en todo momento, tanto de nuestra vida como de nuestra muerte. Por él llegará la resurrección, la esperanza, el final de nuestro caminar.

Jesús continua presente y vivo entre nosotros, en nuestro alrededor y su bendito rostro lo podemos reconocer al mirar a la cara al hermano necesitado, al hermano que sufre en agonía una enfermedad, al hermano que padece la incomprensión y está abocado a la angustia de la soledad, al hermano que es perseguido....Esas situaciones son muy a mi pesar y créanme que me duele lo que les expreso “las verdaderas procesiones de una Semana Santa Viva” .

Disfruten y vivan con intensidad la presente Cuaresma y si pueden y saben hacerlo, compartan esa dicha con todos aquellos hermanos que le rodean. 

 

Antonio Andrés Palomino Tinoco, Hermano de la Archicofradía de Jesús de la Pasión de Sevilla