REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN
"Adviento para estrenar la vida"
Queridos amigos y amigas:
Cuando era niño siempre vivía como una fiesta determinados momentos del año y especiales acontecimientos de la vida. Porque en todos ellos siempre había algo que estrenar. Y desde entonces, estrenar ha sido para mí sinónimo de alegría, de novedad, de salida de la rutina, de fiesta, de esperanza.
Por eso me gusta estrenar mes y estrenar tiempo litúrgico. Porque aunque es verdad que la mayoría de la vida es una rutina, a veces necesaria y vital: hacemos las mismas cosas, tenemos la misma familia, repetimos los mismos gestos y ritos, vamos a los mismos sitios, comemos los mismos alimentos, conservamos los mismos amigos, trabajamos en los mismos lugares, hay una rutina que es perniciosa, bloqueadora, que no nos deja crecer ni madurar ni ventilar nuestras cómodas certezas o nuestros repetitivos hábitos. A eso lo llamo yo conformismo. Nos hemos habituado a que muchas cosas que ocurren en nosotros y en los que nos rodean dejen de sorprendernos; noticias y desgracias que dejan de conmovernos; vida que deja de entusiasmarnos.
Y es que la existencia, nuestra existencia, con toda esa carga de rutina inevitable, es una llamada a lo nuevo, al estreno, a la renovación, al cambio.
Diciembre inaugura un tiempo especial. La vida y la ciudad se visten ya de luces multicolores que estimulan en nosotros sentimientos renovadores, aunque también nos incitan a un consumismo desenfrenado que alcanza cotas de despilfarro en estos tiempos prenavideños.
Pero también Diciembre nos trae el viento refrescante de un tiempo nuevo, que la Iglesia llama Adviento. Un tiempo precisamente para despertar de ese letargo amodorrante en que a veces nos sumimos y nos sumen tantos reclamos publicitarios que extirpan de nuestra conciencia cualquier intento de crítica o de salida del sistema y nos prometen una felicidad de neón que se apaga con la misma facilidad con que se desconectan los cables de las rutilantes luces navideñas que sumergen de nuevo a la ciudad en una mortecina sensación de realidad.
Es maravilloso saber que estamos llamados a más, a crecer, a superarnos. Y que es bueno y saludable una mirada en profundidad sobre lo que hacemos y vivimos, para que el aire enrarecido de nuestras manías y defectos deje paso al vitalizador ambiente de las puertas abiertas, de los corazones libres.
Nada peor que la rutina que mata la fe y el amor. Nada menos humano y cristiano que el conformismo acomodado y egoísta que nos empequeñece el alma y nos narcotiza la conciencia.
¡Bienvenido Diciembre! ¡Bienaventurado Adviento!. Nos traéis y me traéis el sabor de esa infancia inocente que cree en la utopía, que acaricia los sueños, que disfruta los estrenos. Nos recordáis que la vida es cambio, avance, mirada hacia adelante con ojos de infinito. Nos preparáis para el encuentro humano y religioso con el Amor, de Dios y de los prójimos, que grita en nuestras cómodas existencias y nos invita a resistir el constante bombardeo de tantas promesas falsas que nos quieren convencer de que "tanto tienes, tanto vales".
Adviento, Navidad, es recuerdo y profecía de esos sueños que un día Dios soñó sobre nosotros, el sueño de labrar un mundo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia, la solidaridad, la paz, alegría de ser hermanos y de ser iguales. Cada día, cada semana, tenemos desafíos nuevos, recordatorios de que esta tierra nuestra es campo de belleza y de bondad, pero también, y todavía, erial de injusticias y desprecios humillantes hacia tantos.
Un voz grita en el desierto de nuestras vidas: "Preparad el camino al Señor", convertid vuestros corazones en espacios de bondad y de acogida, allanad lo que está elevado y nos separa, superad lo escabroso de los odios y rencores, abrazad al que viene a vuestro encuentro, consolad al que muere de tristeza, sufrimiento y abandono. Salid de vuestras cómodas guaridas. Estad en vela, no se puede dormir alegremente, hipnotizados por la droga anestesiante del consumo y del bienestar placentero, cuando inmensas multitudes, y concretos seres humanos cercanos o lejanos, viven en pobreza, marginación, rechazo y soledad. Construid familias que sean hogares, no fríos reductos de soledades sin alma ni encuentro.
Bendito Aviento que nos recuerdas que hay millones de personas infectadas por el VIH, sobre todo en ese África olvidado donde la avaricia de las multinacionales farmacéuticas impide salvar la vida a millones de vidas humanas, mientras en nuestro occidente rico disfrutamos de una sistema de salud que financia gratuitamente medicamentos que van llenando de calidad nuestras vidas.
Bendito Adviento que nos traes la memoria de esas nuevas formas de esclavitud humana que son el hambre, la explotación laboral, la dependencia económica, la deuda externa, los abusos sexuales de niños y adolescentes, la tremenda injusticia de un comercio internacional que favorece a los más ricos y llena de trabas y aranceles a quienes intentan sobrevivir vendiendo sus productos cambio de precios y sueldos miserables. Bendito Adviento que has abierto nuestros ojos a la inhumana crueldad unas leyes que permiten retirar a la basura a tantas vidas inocentes no nacidas. Bendito Adviento que no dejas que nos acostumbremos a considerar que la vida es sólo cuando es útil, olvidando que la vida es siempre vida, que un ser humano lo es en cualquier etapa y circunstancia, que nadie nos puede reducir a una vida menos vida por no ser ya útiles laboralmente o por no seguir los moldes de una sistema que ensalza el cuerpo y empequeñece el alma, que hace en la práctica a los discapacitados ciudadanos de segunda clase.
Bendito Adviento, al fin, que también alienta lo mejor de nosotros mismos, que reanima lo bello, lo profundo y lo bueno que habita nuestros corazones, que anima todo esfuerzo, todo detalle, por pequeño que sea, que vaya haciendo germinar ese mundo nuevo que cantamos y queremos estrenar cada Navidad. Bendito Adviento que en Chile y en tantos lugares del mundo suscitas oleadas solidarias, como la Teletón, que alivian sufrimientos y alegran existencias. Y bendito Adviento que este año nos regalas tantos rayos de esperanza alimentados por el Papa Benedicto en su nueva encíclica "Salvados por la esperanza.
Seas creyente o no, practicante o no, Adviento es llamada a todos, a ti y a mi, a vivir desde dentro, desde las profundas convicciones, desde esa mirada interior que nos distingue y nos hace ser nosotros mismos, y nos abre en tolerancia, respeto y comprensión a quienes nos rodean, quienes más amamos, a quienes no piensan igual, quienes también están lejos, porque todos estamos invitados a esa Mesa inmensa e infinita de la fraternidad.
Os mando, te mando, un hermoso mensaje sobre el Adviento. ¡Aprovéchalo!. Y también un bonito texto del gran poeta hindú Rabindranaz Tagore que nos anima a acoger a Aquel que viene siempre, que no falta a la cita del Amor, que está siempre cerca y que sigue soñando con un mundo mejor.
Todo mi cariño para ti y mis mejores deseos de renovación para esta semana y este bendito tiempo del Adviento.
Tu amigo.
Diego Millán García, C.S.V.
"¿No oíste sus pasos silenciosos? ÉL VIENE, VIENE, VIENE SIEMPRE. En cada instante y en cada edad, todos los días y todas las noches, ÉL VIENE, VIENE, VIENE SIEMPRE . He cantado muchas canciones y de mil maneras, pero siempre decían sus notas: ÉL VIENE, VIENE, VIENE SIEMPRE. En los días fragantes del soleado abril, por la vereda del bosque, ÉL VIENE, VIENE, VIENE SIEMPRE. En la oscura angustia lluviosa de las noches de julio, sobre el carro atronador de las nubes, ÉL VIENE, VIENE, VIENE SIEMPRE. De pena en pena mía, son sus pasos los que oprimen mi corazón, y el dorado roce de sus pies es lo que hace brillar mi alegría. ÉL VIENE, VIENE, VIENE SIEMPRE".