REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Bendice, no maldigas"

Queridos amigos y amigas:

Hace unos cuantos días una persona me comentó que le gustaban mis mensajes, pero que encontraba que eran poco "incisivos", poco "militantes", que debería ser menos "afectivos" y más sociales y comprometidos, que deberían denunciar más y crear conciencia más social. Me hizo pensar.

Llegó el otoño a Madrid con su lluviosa tarjeta de visita. Me gustan mucho los cambios de estación porque todas tienen su encanto, sus colores, sus luces, sus encantos. En el hemisferio norte nos visita de nuevo el otoño con sus ocres, sus alfombras de hojas, los atardeceres violetas. En el hemisferio sur, tras un duro y frío invierno, la naturaleza de nuevo se vestirá de flores, sus campos de verde, sus cielos de luz. ¡Qué sabia es la naturaleza que constantemente se renueva y nos invita a imitarla! ¡Con qué sabiduría vuelve a renacer en primavera o se va sumergiendo lentamente en el letargo del invierno! ¡Qué inmensa lección para nosotros los humanos, que nos resistimos a cambiar, a volver a empezar, que arrastramos lastres pesados de heridas, desencantos, enemistades, tristezas, desilusiones!. Pero ahí está la naturaleza de nuevo para ofrecernos su escuela de aprendizaje y de crecimiento, sepultando sin añoranzas el verano o el invierno, y mirando hacia adelante los nuevos paisajes que se dibujan en el horizonte de nuestros
proyectos, de nuestros sueños y de nuestras esperanzas. ¡Qué buen momento para tirar por la borda lo que nos hiere, nos estorba, nos paraliza, nos impide volar!. 

Otoño para despojarnos de esas hojas secas y baldías que no dan fruto y que nos impiden preparar los brotes de un futuro renacer. Primavera para cubrir nuestro corazón de las flores recién estrenadas que sepultan los rigores del invierno. Otoño y primavera para emprender una limpieza a fondo y sanear los pozos oscuros que nos impiden ver el agua cristalina que mana de
sus fuentes. Remover la tierra, arar otra vez los surcos, esparcir nuevas semillas. Entrar en el corazón y blanquear los rincones escondidos, abrir las ventanas para que penetre el perfume de los campos y el trinar de las alondras. Restañar esas heridas sangrantes del odio, de la venganza y de la envidia. Sacar los sentimientos negativos hacia nosotros mismos y hacia los demás. Sanar los desengaños, curar las decepciones, perdonarnos las ofensas, dejar el alma limpia de los quistes tumorales de enemistades pasadas. Yo creo que todos tenemos algo en nuestro interior muchas veces no sanado de verdad. 

¿Quién no ha sentido el aguijonazo traicionero del amigo que nos falló, del que la envidia o la ambición convirtió en duro enemigo? ¡Cuántas energías perdidas masticando rabias, evitando encuentros, saboreando amarguras, ensombreciendo nuestros días y amargando nuestras horas!. Es hora de limpiar la habitación y de ir más allá, perdonando y disculpando. No sirve de nada guardar venenos que lo único que hacen es impedirnos ser felices, sentirnos libres. Cuando Jesús nos dijo "perdonar a vuestros enemigos, hacen el bien a los que os persiguen, devolved bien por mal" no nos estaba dando hermosos consejos morales para reprimir nuestros instintos; nos estaba abriendo caminos de liberación y sendas de felicidad. ¿De qué sirve amargarse rumiando el pasado o maquinando venganzas? Sólo el perdón sana, sólo el amor libera. 

Os mando un hermoso mensaje para empezar bien la nueva estación del otoño o de la primavera, un mensaje de paisajes de hojas secas y campos floridos, un mensaje que nos invita a amar incluso a nuestros enemigos, a perdonar a quienes nos han hecho daño, y desear bendiciones incluso a los que nos han traicionado y engañado. Es humano sentir rabia, agresividad, deseos de venganza; es divino perdonar y sembrar paz. Y si no puedes llegar perdonar, y menos olvidar, al menos sé capaz de orar por aquellos de los que estás alejado o tienes algo contra ellos. No para esperar que cambien ellos, sino para que estés tú en paz contigo mismo y liberes las mejores energías que te habitan. Lo importante es lo que hagas tú. Si eres capaz de hacerlo, serás tú el mayor beneficiado. 

Te deseo, mi querido amigo y amiga, una feliz y sanadora semana. Únete a la naturaleza y canta con ella la melodía de la vida, disfrutando de los instantes, haciendo lo que amas y amando lo que haces, con humildad, con sencillez, con alegría. 

Y como el próximo día 29, la Iglesia recordará la existencia y protección de los ángeles en nuestra vida, y esos ángeles tienen nombres concretos y muy hermosos como Miguel, Gabriel y  Rafael, y se personifican en tantos otros ángeles que nos rodean, pues te mando un hermoso poema sobre los amigos que son como ángeles, para que sigas siendo tú también un ángel benefactor y portador de buenas noticias para los demás.

Con todo mi cariño y mis mejores deseos.
                              

Diego Millán García, C.S.V.


LA DIFERENCIA ENTRE UN ÁNGEL Y UN AMIGO

Ángeles o amigos, todos tenemos un poquito de cada cosa. Un ángel no nos
escoge, Dios nos lo asigna; un amigo nos toma de la mano y nos acerca a Dios.
Un ángel tiene la obligación de cuidarnos; un amigo nos cuida por amor. Un
ángel te ayuda evitando que tengas problemas; un amigo te ayuda a resolverlos.
Un ángel te ve sufrir, sin poderte abrazar; un amigo te abraza, porque no
quiere verte sufrir. Un ángel te ve sonreír y observa tus alegrías; un amigo
te hace sonreír y te hace parte de sus alegrías. Un ángel sabe cuándo
necesitas que alguien te escuche; un amigo te escucha, sin decirte lo que
necesitas. Un ángel en realidad es parte de tus sueños; un amigo comparte y
lucha porque tus sueños se hagan realidad. Un ángel siempre está contigo ahí,
no sabe extrañarnos; un amigo, cuando no está contigo, no sólo te extraña,
también piensa en ti. Un ángel vela tu sueño; un amigo sueña contigo. Un ángel
aplaude tus triunfos; un amigo te ayuda a que triunfes. Un ángel se preocupa
cuando estás mal; un amigo se desvive porque estés bien. Un ángel recibe una
oración tuya; un amigo hace una oración por ti. Un ángel te ayuda a
sobrevivir; un amigo vive por ti. Para un ángel eres una misión que cumplir;
para un amigo eres un tesoro que defender. Un ángel es algo celestial; un
amigo es la oportunidad de conocer lo más hermoso que hay en la vida: el amor
y la amistad. Un ángel quisiera ser tu amigo; un amigo, sin proponérselo,
también es tu ángel.