REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Chequeo cuaresmal"

Queridos amigos y amigas:

Entramos los cristianos en un tiempo especial llamado Cuaresma, un toque de atención en el monótono discurrir de nuestra vida, una llamada de alerta en el cómodo transitar de nuestros días. A muchos esto de la ceniza y de la cuaresma les suena a otros tiempos, o les parece algo pasado de modo en nuestra era tecnológica y del bienestar. ¡Ya vienen los curas a amargarnos la existencia recordándonos la muerte, el pecado, la negación de los placeres!. ¡Qué rollo!. Y quizá a todas esas personas no les falte la razón. Porque hemos centrado la fe cristiana y la cuaresma más en el NO que en el SÍ, más en el pecado que en
la virtud, más en la muerte que en la vida. Hemos hecho de la fe cristiana más un moralismo que una experiencia gozosa de libertad y de amor; más una código de verdades que un encuentro vivo y transformador con el Dios de la Vida y de la Felicidad. 

Pero también es verdad que la vida no es sólo esa parte positiva o de color de rosa. En nuestra propia experiencia y en la de quienes nos rodean vemos continuamente la presencia de fuerzas negativas que nos alejan a menudo del ideal del amor y de la felicidad. Yo comparo esto con ir al médico. Con qué facilidad hoy vamos al médico cuando nos duele algo, o simplemente para prevenir posibles enfermedades. Nunca han estado más de moda los tratamientos de salud, de belleza, liposucciones, arreglos varios de variadas partes. Hemos entronizado el cuerpo como dueño y señor de nuestras vidas que hay que cuidar a toda costa. Lo cual no tiene nada de malo. Aunque en verdad las arrugas del cuerpo hay momentos en que no pueden ni se deben disimular. 

Pero qué poco cuidado tenemos hoy a las otras dimensiones de nuestra persona. Qué poca gente se plantea que también se enferma la mente, el corazón, el espíritu. Y esas enfermedades tienen nombre: egoísmo, materialismo, envidia camuflada, agresividad, soledad no asumida, racismo,  intolerancia,  amargura, mal genio, insolidaridad...Son tan enfermedades como las otras, pero nos damos menos cuenta y desde luego no se nos pasa por la cabeza ir a un médico del alma para intentar sanarnos. 

Yo pienso que la Cuaresma es un tiempo hermoso para un buen chequeo del alma, de la mente, del corazón, para ponerlos a punto, esponjarlos, actualizarlos, renovarlos. Y esto no se arregla con remiendos de no comer carne o de ayunar tal o cual día, o simplemente con ir a misa o rezar un rosario, cosas por otra parte muy buenas. Pero es algo más. 

La Biblia nos dice muy bien: es irse al desierto de cada uno, a ese interior que todos tenemos, mirarnos por dentro, sentir que ahí en lo más profundo de nosotros somos amados, y desde ahí salir hacia afuera con otra mirada, con otra actitud, con otra forma de encarar la vida y de tratar a las personas. 

Y aunque esto tampoco se arregla con recetas, os mando unas cuantas orientaciones, bastantes, para hacer de este tiempo de Cuaresma un tiempo especial de conversión, de renovación. No hace falta que las leas todas de un tirón y luego las archives y olvides. Yo te aconsejo, y así lo voy a hacer yo, leer una frase cada día e intentar realizarla. O leerlas en un momento sin prisas, que me sirvan de reflexión personal o de compartir familiar o comunitario. Sé que muchos de vosotros leéis estos mensajes al comenzar el trabajo del lunes y que os hace bien. Leedlas despacio, y si el trabajo no os lo permite, volved a ellas en algún otro momento del día. Que no se queden en frases bonitas, sino en reflexiones para la vida. 

Seas o no creyente, o más o menos creyente, espero que este mensaje te haga bien, porque para mí eres ante todo un amigo y una amiga a quien deseo toda la felicidad del mundo y creo que estos pensamientos nos ayudan en algo a serlo más y mejor. 

Te tendré más especialmente presente en este tiempo de Cuaresma, en la oración y el corazón. Espero y te pido que tú tampoco me olvides. Te deseo la mejor de las Cuaresmas y la mejor de las semanas. Con inmenso cariño.

 

Diego Millán García, C.S.V.