REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"El adviento del amor"

Queridos amigos y amigas:

He vuelto renovado de pasar unos días con mi madre y disfrutar de sus cuidados y de su inmenso amor. Una vez más he comprobado que el amor de una madre, al menos de la mía, es lo más parecido al amor de Dios: amor gratuito, generoso, entregado, que no piensa en si mismo, sino en el otro, un amor santo de verdad. Y no me canso de dar gracias a Dios todos los días por tener  la suerte de poder disfrutar de una madre así. 

Y vuelvo de nuevo a la gran ciudad, al ruido, los atascos, las prisas, los ruidos, las luces multicolores, y resuena todavía en mi interior el sosiego del amor sencillo, de los gestos silenciosos cargados de bondad de  mi madre. 

Y me acuerdo de que seguimos en el Adviento, reteniendo en mi memoria las figuras imponentes de la Virgen María y de Juan el Bautista, invitándonos a dar un cambio radical a nuestra vida y a orientarla hacia Dios y hacia esos valores esenciales de la vida que se resumen en el amor y que se manifiestan en la bondad, la alegría, la esperanza, la amabilidad, la solidaridad, la cercanía y comprensión, la lucha por la justicia, el empeño por la paz. 

Y vuelvo a animaros una semana más a no dejarnos vencer por el desánimo, o el cansancio, o el agobio, o la decepción, o la tristeza, o el desencanto. Escuchemos al comenzar la semana esa llamada del profeta Juan a allanar los senderos, a rebajar las colinas, a preparar el camino. Senderos escabrosos de nuestros egoísmos; colinas elevadas de nuestro orgullo; caminos sembrados de baches y desviaciones de nuestras envidias, materialismos y agresividades.

Emprendamos una semana más, o al menos intentémoslo, el camino del amor, del amor verdadero, no de ese amor que se vende de baratija en las rebajas o que se ofrece estos días barnizado de sentimentalismo bucólico y empalagoso, pero que nada tiene que ver con el amor verdadero, amor que confía, amor que acompaña, amor que está siempre cercano, amor que nos consuela en los momentos difíciles y se alegra en nuestros momentos gozosos, amor que es capaz de corregir con cariño, amor que sabe poner límite y a la vez se entrega sin límites. 

Es adviento un tiempo adecuado para revisarnos de ese amor, para revisar nuestros amores, para ser conscientes de quiénes nos aman de verdad y a quiénes amamos de verdad. Tiempo para renovar y recuperar el amor perdido, el amor olvidado, el amor desgastado, el amor adulterado, el amor hecho rutina. Tiempo para llenarnos del Amor con mayúsculas, el Amor de Dios, ese Amor del que la Navidad comercial se olvida, porque no le interesa, porque ese Amor no vende ni se compra en el mercado, ese Amor sólo se recibe como don y se entrega como regalo gratuito e  inmerecido.

No dejéis que las luces brillantes de nuestros pueblos y ciudades nos deslumbren y engañen y nos cieguen. Que la mirada del amor nos ilumine, para que sepamos ver más allá, donde nadie mira, a quien nadie mira, en quien nadie repara. Para mirar el mundo con los ojos de Dios, los ojos de la misericordia, de la justicia, de la solidaridad, de la compasión. La mirada hacia el pobre, el desvalido, el enfermo, el triste, el inmigrante, el abandonado, el deprimido, el que ha perdido un ser querido. Adviento para ir a revisarnos la vista y el corazón. Adviento para reparar sin miedo las averías de nuestra entrega y los cortocircuitos de nuestra esperanza. Adviento para no dejarnos engañar. Adviento para alzar nuestra voz por los que no tienen voz. Adviento para gritar la injusticia y proclamar la solidaridad. Adviento de profeta de denuncias como Juan Bautista y de mensajera de anuncios como la Virgen María. Adviento de conversión y de misericordia y de alegría. Adviento de amor agradecido y de amor entregado y regalado. 

Os envío un hermoso mensaje adjunto que nos invita a reconocer en nuestra vida el verdadero amor, ese amor que vivimos cada día en nuestra familia, con nuestros buenos amigos, con aquellas personas que nos aman y amamos. Y amor que podemos entregar a quien nos cruzamos en la calle, a quien trabaja diariamente a nuestro lado, a los vecinos, a los que se han alejado, a los que nos necesitan de verdad. 

Deseo que sigáis intentando ser felices y amando mucho. Seáis más o menos creyentes o cristianos, no dejéis que la Navidad comercial dirija vuestras vidas, tu vida, amigo, amiga. Sé libre, sé crítico, sé tú mismo, sé lo mejor que puedes ser, sé amable, sé solidario, sé acogedor.  Y deja entrar por una pequeña rendija de tu corazón al Amor de Dios que te envuelve y te habla en el susurro de cada amanecer y de cada corazón que late junto al tuyo. Te mando también un cuento que a mí me ha gustado mucho y que es una invitación a lanzarse a volar, a lanzarse a amar. Y es que quien no se decide a amar nunca sabrá lo que es verdaderamente el amor, como tampoco sabrá lo que es volar quien se queda cómodamente en su nido por miedo a caerse. A volar se aprende volando, a amar, amando. 

¡Que tengas una semana colmada de intentos de amar!. 

Diego Millán García, C.S.V.


CUENTO- REFLEXIÓN

Un águila llamada "CIRCUNSTANCIAS"
El águila empujó gentilmente sus hijitos hacia la orilla del nido. Su corazón
se aceleró con emociones conflictivas, al mismo tiempo en que sintió la
resistencia de los hijos a sus insistentes empujones.
¿Por qué la emoción de volar tiene que comenzar con el miedo de caer? pensó
ella.
El nido estaba colocado bien en el alto de un pico rocoso. Abajo, solamente el
abismo y el aire para sustentar las alas de los hijos. ¿Y si justamente ahora
esto no funcionase ? pensó ella.. A pesar del miedo, el águila sabía que aquel
era el momento. Su misión estaba presta a ser completada; restaba todavía una
tarea final: el empujón.
El águila se llenó de coraje. Mientras sus hijos no descubriesen sus alas no
habría propósito para sus vidas. Mientras ellos no aprendieran a volar no
comprenderían el privilegio que era nacer águila.
El empujón era el mejor regalo que ella podía ofrecerles. Era su supremo acto
de amor. Entonces, uno a uno, ella los precipitó hacia el abismo.
¡¡Y ellos volaron!!
A veces, en nuestras vidas, las circunstancias hacen el papel del águila. Son
ellas las que nos empujan hacia el abismo. Y quien sabe ... Tal vez sean
ellas, las propias circunstancias, las que nos hacen descubrir que tenemos
alas para volar...