REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"El amor se aprende"

Queridos amigos y amigas: 

Para reparar el tiempo de ausencia, vuelvo de nuevo a mis mensajes habituales en los habituales fines de semana. Madrid se despierta en estos días con uno de esos cielos luminosos que caracterizan a esta hermosa ciudad. ¿Quién dijo que el verano por estas latitudes ya se fue? Y además, ha sido un verano raro, más frío y lluvioso de la habitual. Por eso que no importa, que siga el verano. A mí me gusta el sol, la luz, los colores. Me gusta la ciudad y el campo tachonados de mechones verdes y de arco iris de flores. Me gustan los atardeceres largos y los amaneceres lentos. Ya vendrá el invierno con su manto de oscuridad y frío, con sus noches eternas y sus días recortados. Me gustan las personas que irradian sonrisas y que emiten sonidos de bondad. Como lo era la Madre Teresa de Calcuta, de cuyo paso al cielo se han cumplido nada menos que ya diez años. A ella quiero hoy rendir un homenaje y de ella quiero recordar el regalo que fue conocerla personalmente en Calcuta, y  todo lo hermoso que nos enseñó, reflejado en una vida llena de bondad, de misericordia, de alegría, de paz, de entrega a los pobres más pobres. 

Ella nos enseñó que la verdadera santidad es el amor, vivido en los miles de detalles de cada día, tejidos de amabilidad, alegría, bondad, compartir, escucha, acogida. Ella nos mostró el dolor del mundo y nos interpeló a salir de nuestra cómoda butaca de espectador para convertirnos en actores de la transformación del mundo. Ella no marcó un camino de humanidad que incluyeron dudas, interrogantes y dolor ante la aparente ausencia de Dios de este mundo desgarrado por el dolor y el sufrimiento que ella visitaba cada día. Pero a la vez nos mostró el rostro compasivo, cercano, amoroso, solidario de Dios desde la Cruz. Ella nos demostró que la pobreza más grande es no ser amado por nadie, no ser importante para nadie. Ella nos invitó a no dejar de ser una pequeña gota en el océano del mundo, una pequeña gota de amor para los demás. Ella, con su vida, nos demostró que es posible amar de verdad, amar como Dios nos ama. Por eso es santa, por eso la recuerda todo el mundo, por eso su ejemplo es un aguijón en la conciencia de la Iglesia y en nuestras conciencias a veces adormecidas y anestesiadas en este mundo individualista y consumista donde los pobres y parias de este mundo son olvidados, como si no existieran, mientras Dios sigue clamando desde los últimos de la tierra.

Os envío un hermoso mensaje que nos invita a amar, a pesar de que amar de verdad no es fácil. Porque lo que el mundo y los medios de comunicación vende como amor es baratija pasajera, emoción del momento, satisfacción muchas veces efímera. Es un amor que se pretende comprar con dinero o con placer. Un amor sin compromiso, un amor de conveniencia. Y claro un amor que se acaba. Un amor que no exige esfuerzo ni sacrificio, que sólo es para los momentos agradables y satisfactorios. Un amor que no me haga salir de mi burbuja del individualismo autocomplaciente. Incluso se afirma hoy que el amor no es más que una reacción química más de nuestro cerebro, fruto de nuestra adaptación como especie. 

Y es verdad que el amor es química, es emoción, es sentimiento. Pero no sólo eso. Porque ese amor no es de verdad, no permanece. El amor que permanece es un arte, como decía Eric Fromm, es decir, es un proceso que se va aprendiendo con esfuerzo, con  renuncias, con detalles, con entrega, con generosidad, con solidaridad. En él influyen no sólo los sentimientos y emociones, sino también la voluntad, la decisión. El amor es por supuesto ejercicio de la libertad. Y un amor así es fuente de salud y de felicidad. Leía ayer en un periódico que las personas que fomentan las relaciones humanas, que aman, que tienen amigos, que socializan, viven más felices, tienen menos riesgos de estrés, prolongan más la vida. Así que vale la pena amar, como ese amor con el que Dios nos ama: un amor incondicional, un amor que perdona, que comprende, que disculpa, que acoge, un amor que busca la felicidad en la felicidad del otro. Un amor de pareja, de familia, de amigos, de hermanos. Buen programa para el curso que comienza o buen recordatorio para cualquier etapa de la vida. Te deseo una feliz semana en la que ojalá desarrolles todo el potencial de amor y bondad que hay en ti mismo.

Hemos sido creados, decía la madre Teresa, para amar y ser amados. He ahí el verdadero y único sentido de nuestras vidas. Es el mejor legado que podemos dejar a las futuras generaciones, eso sí, también para perpetuar la especie, para hacer que este mundo no acabe destruyéndose del todo, para que sigamos soñando con ese mundo de hermanos que Dios soñó para nosotros. Porque estoy seguro de que las amenazas ecológicas del planeta no son sólo el calentamiento global, la contaminación, el agujero de la capa de ozono, el derroche energético. También lo son, pero más que ellas y más dañinas, porque de ellas apenas se habla en los medios de comunicación, son la insolidaridad, el egoísmo, el afán de poder, la destrucción de la familia, la incomunicación humana real a pesar del internet y el móvil, la soledad, la indiferencia, la pérdida de valores humanos, morales y espirituales. Son las auténticas amenazas, las que destruyen, minan, hacen daño, hieren, matan. Por eso, no te dejes dañar por ellas ni desanimar. Esfuérzate, con la ayuda de la fe y la oración si eres creyente, o con la ayuda de tu convencimiento humano, en ser sembrador de esperanza, de luz, de paz, de amor. Porque eso es la santidad, ésa es la felicidad: "Muchos pequeños detalles hechos con mucho amor".  Te mando también un hermoso poema de la madre Teresa para vivir cada día con intensidad, mirándonos con amor, viendo en cada ser humano a ese Cristo que desde la cruz, como decía también la santa de Calcuta, nos sigue gritando: "Tengo sed". Sed de nuestro amor y de nuestra solidaridad. 

Que derrames todo el amor que puedas en esta semana y seguro que será en verdad una semana feliz. 

Tu amigo siempre.

Diego Millán García, C.S.V.