REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"El bosque de tus sueños"

Queridos amigos y amigas:

Os escribo en el atardecer, soleado y frío, de un fin de semana agotador, pero profundamente compensador. En mi colegio san Viator nos hemos reunido más de 50 jóvenes de diferentes ciudades y grupos relacionados con nuestra Congregación y Comunidad Viatorianas, para vivir en la práctica una experiencia de voluntariado con los más necesitados y un festivo y emotivo encuentro de amigos, de personas que quieren cambiar el mundo. ¿Quién dijo que los jóvenes no tienen ideales o no tienen inquietudes sociales? ¿Por qué pensamos a veces que a los jóvenes actuales sólo les importa divertirse egoístamente? Hay de todo tipo de jóvenes, como hemos comprobado también en los sucesos violentos de jóvenes enfrentados en ideologías completamente opuestas. Jóvenes violentos, racistas, neonazis; jóvenes vacíos, a la deriva, que caen fácilmente en las redes de las drogas, la agresividad, las ideologías extremas. Jóvenes pasotas a los que sólo les importa o interesa emborracharse los fines de semana. Pero también hay otros muchos jóvenes que son solidarios, que se preocupan de los demás, que sueñan y luchan por un mundo mejor, que creen en la utopía, que nos hacen confiar en el futuro. Jóvenes como estos nuestros. Jóvenes como tantos  otros. Yo al menos he salido de este Encuentro renovado, ilusionado, confiando más en nuestros jóvenes. Y por todo les doy las gracias. 

Ellos la ecología del futuro, ellos renuevan el aire de nuestros cielos, ellos preservan de la destrucción a esta especie rara y egoísta, pero también llamada a la grandeza de las cosas más hermosas y más buenas. Está de moda la ecología, es políticamente correcto declararse alarmado por el cambio climático y la desaparición de la especies. Y soy el primero en tener esta conciencia y esta preocupación por lo que estamos haciendo de nuestro naturaleza y de nuestra hermana madre tierra, que diría san Francisco de Asís. Pero por qué nos preocupa menos la contaminación que se produce en nuestras relaciones humanas, la falta de futuro y esperanza de nuestros jóvenes y niños,  la desintegración de tantos lazos familiares, la destrucción de tantas ilusiones que producen las guerras, el hambre, la injusticia y la desigualdad. Nos preocupa el deterioro del hábitat del lince, pero nos acostumbramos a la muerte por hambre de millones de seres humanos cada año. No seré yo quien esté en contra de la ecología, pero abogo por una ecología integral que abarque el espíritu, el corazón, los sentimientos. Una ecología armónica en las personas, entre las personas y con la naturaleza. 

Esta semana, el día 20, celebramos el Día Mundial de la Infancia, donde se nos recordarán los Derechos de los Niños, sobre todo para darnos cuenta de que muchos de ellos son papel mojado    que no se cumple, porque en realidad no se ponen medios para hacerlos cumplir. Sigue habiendo  millones niños trabajando en condiciones inhumanas, explotados sexualmente, alistados en guerras crueles, sin acceso al agua, a una buena salud, a una educación,  una familia que los quiera. Aquí   tenemos una tremenda labor ecológica: salvar y educar e ilusionar a nuestros niños, la semilla de un futuro mejor. 

Os mando un mensaje pesado, pero muy hermoso, una invitación a entrar en un bosque imaginario, casi virgen, acompañados de sonidos naturales de pájaros. Para que empecéis la semana relajados, integrados, armonizados, dispuestos a no dejarnos arrebatar los sueños, las ilusiones, las esperanzas, los compromisos cotidianos por ser personas mejores, familias mejores ambientes de trabajo mejores, ambientes de estudio mejores, grupos de amigos mejores. Vivid y luchad por esa ecología cotidiana de mantener limpio el aire de nuestras sonrisas, el oxígeno de nuestros besos y abrazos, la atmósfera pura de nuestro amor y amistad desinteresados. El Evangelio de este  domingo  nos invita a la esperanza y a la lucha militante, al testimonio de las obras. Sabemos que el mundo está mal, que cada día nos despiertan con nuevas desgracias y horrores humanos. Pero no  debemos desesperar ni cansarnos. Dios nos acompaña en esta lucha por construir una tierra donde las personas podamos sentirnos iguales, vivamos con dignidad y seamos y hagamos felices a los que nos rodean. 

Un inmenso abrazo ecológica

Diego Millán García, C.S.V.