REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Empezar por uno mismo"

Queridos amigos y amigas:

Hace unos cuantos días una persona me comentó que le gustaban mis mensajes, pero que encontraba que eran poco "incisivos", poco "militantes", que debería ser menos "afectivos" y más sociales y comprometidos, que deberían denunciar más y crear conciencia más social. Me hizo pensar. 

Lejos de mí desde luego que mis mensajes semanales sean un "sedante" contra la injusticia del mundo o que fueran un "opio" que nos distrajera de las múltiples situaciones sociales que requieren de nuestro compromiso decidido en la lucha por un mundo mejor. 

También pensé en todos vosotros, mis queridos amigos, tan diferentes en formas de pensar y se sentir, pero con un denominador común: todos somos personas, iguales en dignidad, y con una búsqueda de felicidad que nos une a todos los seres humanos. 

También siempre he pensado que no se puede cambiar el mundo si no hay cambios del corazón humano, y que el cambio del mundo comienza por el cambio de uno mismo y de su entorno. 

Haciéndoos el comienzo de la semana más agradable, comenzado la semana con buenos sentimientos, animando a ser amables, a sonreír, a tender una mano, a luchar contra las adversidades, a crear mejores lazos de amistad y familia, a tener fe en Dios, en uno mismo y en los demás, a no rendirse nunca, a mirar el futuro con esperanza y el pasado con agradecimiento, pienso yo que es la mejor manera de cambiar el mundo.

Ya lo decía aquel sabio sufí: que se pasó toda la vida intentando cambiar el mundo y a los que vivían en su
entorno, y al final de su vida se dio cuenta de lo estúpido que había sido, porque debería haber comenzado por cambiarse a sí mismo, y así habría cambiado a su entorno y al mundo. 

No estoy ajeno a lo que pasa en mi país: a la situación preocupante de la educación, la familia, la violencia escolar, los peligros de enfrentamientos ya trasnochados, la sombra de la corrupción política, el abandono masivo y progresivo de los jóvenes hacia la Iglesia, los tremendos problemas y desafíos que plantea la inmigración; ni a la gravedad de las cosas que ocurren en los vuestros. Me duele el sufrimiento, el dolor, la
injusticia. Pienso en este día del Niño en tantos niños maltratados, abusados, oprimidos, forzados a trabajar, sin escuela, sin educación, sin familia, sin comida, sin futuro. Pienso en las guerras que siguen desangrando tantas familias y pueblos. Pienso y me duele el drama de tantos inmigrantes que en mi país intentan subsistir y son muchas veces explotados.

Y me pregunto qué puedo hacer e intento hacerlo. 

Pero no me propongo cosas grandes, como decía la madre Teresa y nuestro Padre Querbes, el fundador de mi Congregación: cosas sencillas, cosas ordinarias, muchas cosas pequeñas, pero hechas con mucho amor.

Porque creo en lo cercano, en lo cotidiano, en lo de andar por casa. Porque es así donde nos jugamos lo grande. Lo decía Jesús: si no somos capaces de ser fieles en lo pequeño, no lo seremos en lo grande. 

Y estoy convencido de que estos mensajes semanales ayudan a construir lo pequeño, ayudan a transformar lo cotidiano. Al menos a mí me ayudan y con esa ilusión los envío cada semana. 

Como éste que os mando hoy. Nos invita a no esperar a que el otro dé el primer paso, a no esperar a mañana para hacer las cosas mejor, a no esperar a que cambie el mundo para cambiar yo. Empecemos por cada uno de nosotros, empecemos saliendo al encuentro, dando el primer paso, perdonando primero, sonriendo primero, acogiendo primero, tendiendo la mano primero.

Todo lo demás, como dice el Evangelio, se nos dará por añadidura. Os deseo la mejor de las semanas. Besos y abrazos. 

Vuestro amigo. 

Diego Millán García, C.S.V.