REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"La medida de la vida"

Queridos amigos y amigas:

Las nubes de Abril siguen llorando sus valiosas lágrimas, purificando los cielos hispanos y preparando los campos para el estallido de vida que siempre nos depara Mayo. Ayer viajé al norte de España, al País Vasco, a un maravilloso lugar llamado San Juan de Gaztelugatxe, un peñasco a modo de península que se adentra en el mar Cantábrico simulando la proa de un barco que se enfrenta valiente al embiste desgastador de un oleaje persistente. Sobre la cima de esta roca, se yergue humilde y arrogante a la vez una sencilla iglesia abierta a los vientos con un soberbio espectáculo como fondo del paisaje. Allí celebré una entrañable boda, la de mis amigos Unai y Elena. Y desde aquella atalaya comprobé que lo que se edifica sobre roca firme permanece de por vida, aun estando en medio de las más inquietantes desafíos y de los más bravíos peligros. Reflexioné sobre nuestra propia vida y la importancia de asentarla sobre valores permanentes, esos valores que no fallan cuando acechan los peligros con tambalearla y derribarla. Pasa con la vida, pasa con el amor, pasa con el matrimonio o la pareja, pasa con los amigos, pasa con las múltiples relaciones humanas que tejemos a lo largo de nuestra existencia. Ante este tiempo en que parece que nada es permanente, que todo tiene fecha de caducidad, que los valores son relativos, que nada dura para siempre, estar allí en lo alto en medio del mar me ayudó a acrecentar mis convicciones de que hay cosas que son más importantes que otras, que hay valores que no pasan, que hay realidades que pueden durar para siempre. Pero que eso no depende tanto de los valores en sí, que también lo son, sino de la voluntad y coherencia de vivirlos y confirmarlos con nuestra propia experiencia. El amor, como otros grandes valores, podemos hacerlo eterno o podemos derribarlo al primer descuido. La familia puede ser hogar permanente o infierno de desgracias. La amistad puede ser fuente de felicidad o cruce de intereses. La fe puede ser catalizador de los mejores sentimientos o reducto de fanatismos. Y es que la medida de la vida la ponemos nosotros con nuestras convicciones, con nuestra jerarquía de valores y con nuestra decidida voluntad de realizarlos.

En el Evangelio de este domingo, Jesús nos invita a confiar y poner nuestra vida sobre esa Roca inamovible que es el Dios cuyo Rostro se refleja en la persona y en la vida de Cristo. Por eso puede atreverse a proclamar que es "el Camino, la Verdad y la Vida". Afirmación tajante en este tiempo en que se reivindican variados caminos, múltiples verdades, diferentes modos de vida. Pero a la vez certeza de que sólo el Amor es la clave para vivir la vida, comprender la verdad y seguir con esperanza el camino. Y que sólo el Amor enseñado y vivido por Jesús, hasta el final, hasta la entrega total, puede ser esperanza certera para encontrarnos con Dios.

Afrontamos una semana especial, al menos en el mundo hispano. El día 23 de Abril es el día del Libro; el día para el recuerdo siempre vivo del "Quijote", el universal arquetipo del espíritu noble y luchador del ser humano; el día en que se entrega el premio Cervantes, el Nobel hispano de Literatura, que recaerá este año en el gran poeta argentino Juan Gelman, artista del la palabra que nace de una dura experiencia del dolor y del exilio causados por la represión de la siniestra Junta Militar argentina que le arrancaron sin piedad la vida de un hijo y de una nuera embarazada y le llevaron al hogar del México donde reside. También se celebra ese día la fiesta de san Jorge, ese santo mezcla de historia y leyenda que es prototipo de la lucha y el triunfo sobre el mal, representando en un temible dragón. En nuestro Colegio también tendremos la Semana del Libro. Algo que me llena de alegría, porque últimamente se oyen voces que alertan sobre el declive de la lectura de libros a favor de la cultura de la imagen. Alguien decía que leer libros en el futuro será algo raro y propio de especies en extinción. Yo no lo creo del todo, o al menos si eso ocurre, quiero estar en ese grupo raro y condenado a la desaparición porque considero que no hay medio tecnológico actual comparable con el placer de sumergirse en esos infinitos océanos de sabiduría y fantasía imaginativa que son los libros. Así que, ánimo, y a formar parte de ese batallón especial de lectores de libros que nos rebelamos contra la cultura enlatada que nos quieren vender para que no pensemos por nosotros mismos y con la que quieren convertirnos en seres amordazados y amodorrados, incapaces de crítica y de utopía. Tampoco aquí tenemos excusas, por esa falta de tiempo que siempre invocamos para justificar nuestra pereza o el desorden de nuestras vidas. Hay tiempo para todo lo que nos interesa, para todo lo que de verdad queremos tenerlo.

Te mando un hermoso mensaje para que disfrutes con las imágenes y con el fondo de la estupenda voz de la joven cantante estadounidense Norah Jones, y que de paso te ayude a empezar bien la semana, planificándola en base a las cosas más importantes y esenciales de tu vida, con la firme decisión de dedicar más tiempo a tus seres queridos, a cultivar tu mente, tu corazón, tu espíritu, a oxigenar tus sentidos con una buena película, con un suculento libro, con una espléndida puesta de sol, con un paseo por tu parque favorito, con una charla sosegada con el amigo o la amiga que hace tiempo no ves. Cosas que no tienen gran valor económico, pero que hacen que la vida valga la pena. También uno de los poemas que más me gustan de Juan Gelman, la oración del hombre desocupado, el grito sincero disparado a Dios desde la angustia de cualquier ser humano que se duele ante la injusticia y busca al menos el cobijo y el consuelo de una Justicia y de un Amor que nos libre de la muerte por desesperanza.

Te deseo una feliz semana llena de ese amor y de esa alegría que tú llevas dentro y que seguro sabrás esparcir, como lluvia generosa de abril, sobre tantas manos que se tienden hacia ti, tantos ojos que buscan tu mirada bondadosa, tantos corazones anhelantes de tu palabra animadora, tantos espíritus sedientos de tu consuelo de fe y de esperanza.

Con todo mi cariño de amigo.

 Diego Millán García, C.S.V.

Oración de un desocupado (Juan Gelman)

 

Padre,
desde los cielos bájate; he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido.
Te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo, y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar, y voy
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, ¿qué han hecho
de tu criatura, Padre?
¿un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?

Padre, si estás y donde estés, bájate ya.