REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"La urgencia del amor"

Queridos amigos y amigas:

Hoy he visto los primeros almendros en flor, madrugadores centinelas naturales que, oteando el horizonte del invierno, dan las primeras noticias de una primavera que Febrero está convirtiendo en parto prematuro y, si el cielo no lo remedia, convertirá este año bisiesto en un año preocupante de sequía. Pero en fin, la naturaleza tiene sus reglas y sus leyes, tiene su paciencia y alumbra sus estaciones, no según nuestros deseos, sino según sus ciclos naturales. Y de paso nos enseña a los humanos hermosas y valiosas lecciones de sabiduría para nuestras vidas. A nosotros, que hemos convertido la existencia en una carrera frenética más que en un paseo contemplativo, relajante y gozador. A nosotros, que vivimos más de lo urgente que de lo necesario, más de lo inmediato que de lo esencial. El estribillo preferido de nuestra canción favorita podría ser "no tengo tiempo". No  hay tiempo para la familia, ni para los amigos; no hay tiempo para leer un libro, o contemplar un paisaje o ver una buena película; no hay tiempo para pensar, para hacer silencio; y menos hay tiempo para rezar, para meditar, para Dios.  Hacemos tantas cosas que ni siquiera las disfrutamos, porque siempre estamos pensando en la siguiente. Y así se nos va la  vida, casi sin sentirla.

La Cuaresma entre otras cosas es tiempo, no para  mortificar la vida, sino para desarrollarla en plenitud y para  vivirla en profundidad. El evangelio de este domingo nos invita a salir de la ciudad y subir a la montaña, para  elevarnos, para introducirnos en la quietud de nosotros  mismos. También para hacernos mirar de frente y desde  dentro, sin máscaras ni excusas. No para amargarnos la vida o recordarnos lo que nos limita, sino para hacernos contemplar la luz que nos habita, la voz que nos susurra, la  mano que nos acoge, los ojos que nos seducen, el corazón que nos ama. Jesús hoy aparece ante sus discípulos cubierto transfigurado y radiante de luz. La vida, las personas, fuera  de la mirada estresante,  amenazante y prejuzgadora de nuestra cotidianidad apresurada, están también repletas de  luz, tienen un buen corazón, son capaces de amar y ser  amadas, alumbran sueños y utopías. ¡Qué bueno sería que en este tiempo especial, en esta semana, cada día fuéramos  capaces de mirar a los demás con esta mirada de luz y viéramos y escucháramos, como hicieron los discípulos con  Jesús, a ese hijo de Dios que es todo ser humano, sagrado en su dignidad, llamado a ser acogido con amor y escuchado con respeto! ¡Qué fantástico sería que la verdadera urgencia de nuestra vida fuera amar, dedicar más tiempo a nuestros seres queridos, comprometernos en proyectos solidarios, hacer bien, con alegría y con amabilidad nuestras responsabilidades y trabajos de cada día, no pasar una semana sin ayudar a alguien, si escuchar a alguien, sin sonreír a alguien, sin tener unas horas o unos minutos para Dios! 

Y entonces, como aquellos discípulos, quisiéramos más, buscaríamos más, nos daríamos cuenta de que dedicarnos un tiempo a nosotros mismos y a Dios, de la forma que sea ese  tiempo y ese contenido, nos haría bien, bajaríamos de la montaña de nuestra experiencia renovados por dentro y dispuestos a cambiar nuestra realidad y nuestro mundo. Porque Dios no nos quiere en la cima de la montaña, extasiados o alejados de la tierra, nos quiere en el mundo, iluminando la realidad con nuestras obras, "a Dios rogando y con el mazo dando". Y a propósito de esto, he leído estos días que ha muerto en la India, con honores de Estado,  Murlidhar Amte, compañero y discípulo de Gandhi, hombre profundamente místico y a la vez comprometido en sacar de la miseria a miles de personas abandonadas, el "Gandhi de  nuestro tiempo", como lo han definido sus propios compatriotas. Decía este hombre, entre otros muchosensamientos, lo siguiente: "Dios no da suerte a las personas ociosas". Profunda reflexión que debe movilizarnos a poner todos nuestros esfuerzos y energías en favor de los que nos necesitan. Porque oración y vida, contemplación y   lucha, Dios y ser humano, no sólo no están enfrentados, sino que van indisolublemente de la mano por caminos que  conducen al amor solidario y compasivo con nuestros prójimos cercanos y lejanos.

He participado este fin de semana en uno de esos "oasis" reparadores de cansancios y estimuladores de ilusiones, en unas Jornadas de Pastoral centradas precisamente en reflexionar sobre la manera en que evangelizamos y llevamos el hermoso mensaje del Evangelio a nuestros  ambientes humanos y educativos, hoy tan diversos y tan complejos. Me reafirmo por lo escuchado en mis convicciones : la única pastoral, el único camino de evangelización, la única vía que lleva a Dios, no es otra que el encuentro, la acogida, la personalización, el sencillo intercambio de riquezas humanas y espirituales, la apertura y cercanía del corazón, el ejemplo de vida de los educadores y maestros, el testimonio de los profetas, el acompañamiento de la familia y de los amigos. Es decir, siempre tender puentes, nunca cerrar puertas, jamás construir muros que nos separan y aíslan. 

Te mando, un bonito mensaje que vale para cualquier  continente, tanto si estás saliendo del gris invierno como si estás disfrutando de las postrimerías vacacionales del verano austral o si tienes la suerte de una permanente primavera  tropical. Una invitación a detenernos, una llamada a mirarnos con sosiego y a mirar la vida y las  cosas importantes con esta urgencia del amor. Deseo que esta incipiente primavera  del norte del mundo sea la metáfora de tu vida, que sigas alumbrando esas flores ya nacientes de los almendros de nuestro corazón, irradiando esa belleza blanca que cautiva y  embelesa en medio de un paisaje todavía aletargado, frío, seco e invernal, pero en cuyo seno bulle ya la vida que nos inunda de esperanza. 

También te mando una hermosa reflexión llamada "Desiderata de la felicidad", escrita en l927  por Max  Ehrmann, de origen Alemán, nacido en una familia  acomodada, en los Estados Unidos de Norte América. Estudio Inglés en la Universidad De Pauw, y Filosofía en Harvard. Se  dedicó a la Abogacía en su ciudad natal: Terre Haute, Indiana. A la edad de 41 años se jubiló, para dedicarse a la  escritura de ensayos y poemas. Murió en el año de 1945. Aunque quizá ya la conoces, espero que te guste y tengas en algún momento de la semana unos minutos para saborearla y llevar algo de ella a tu ajetreada vida. 

Una semana más te renuevo mi cariño y mis mejores eseos de paz, armonía y felicidad para ti y los tuyos. 

Tu amigo.

Diego Millán García, C.S.V.

DESIDERATA DE LA FELICIDAD

 

Anda plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que se puede encontrar en el silencio. En cuanto te sea posible, vive en buenos términos con todas las personas, enuncia claramente tu verdad; escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante; ellos también tienen su historia. Evita las personas ruidosas y agresivas, pues son un fastidio para el alma, Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado; porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera, por humilde que sea; ella es un tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos, se cauto en tus negocios; pues el mundo está lleno de egoísmos, Pero no te cierres a la virtud que hay en ella; mucha gente se esfuerza por alcanzar nobles ideales; y en todas partes la vida está llena de heroísmo. Sé tú mismo. En especial, no finjas el afecto. Tampoco seas cínico en el amor; porque en medio de todas las arideces y desengaños, es perenne como la hierba. Acata dócilmente el consejo de los años, abandonando con donaire las cosas de juventud. Cultiva la fuerza del espíritu para que te proteja en la adversidad repentina. Pero no te angusties con fantasmas. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Junto con una sana disciplina, sé benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que las plantas y las estrellas; y tienes derecho a existir, y sea que te resulte claro o no, el universo marcha como debiera. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, cualquiera sea tu modo de concebirlo y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones, mantén la paz con tu alma en la bulliciosa confusión del planeta, que con todas sus farsas y sueños fallidos, sigue siendo hermoso. Ten cuidado. Esfuérzate por ser feliz.