REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN
"Llena de años tu vida"
Queridos amigos y amigas:
Viajando ayer a Valladolid, histórica y bella ciudad castellana distante unas dos horas en coche de Madrid para los que no la conozcan, me deslumbré de nuevo ante la belleza de los campos en otoño, con sus árboles teñidos de los mejores ocres que ni los más osados diseñadores de texturas y colores pudieran imaginar. La paz que irradian esos paisajes contrasta con la vida ajetreada y estresante que llevamos y nos invitan a detenernos y a recordarnos que las cosas no cambian más de prisa porque corramos más. Ahí está la naturaleza sosegada, cíclica, retornante a su ritmo natural, llamándonos a integrarnos en esta rueda natural de la vida en la que cada día, como dice la Biblia, tiene su afán. Metáfora de la existencia son esas hojas caídas, esas alfombras doradas, que recuerdan el paso de los años y la fugacidad de nuestro caminar por esta tierra, no para despreciar o minusvalorarla, sino para vivirla en profundidad y con sentido, sin las prisas que estropean los valores esenciales y las cosas importantes.
Se va Octubre y los días se acortan o se alargan, según el hemisferio en el que nos encontremos. Nos llega Noviembre, cuya puerta se abre a los cielos exultantes de los santos y a los silenciosos y olvidados cementerios de los muertos. Mirada creyente sobre la vida que nos recuerda que nuestros días son un transitar entre la tierra y el cielo. Paso de los años que no podemos detener ni maquillar en una sociedad que recicla las arrugas del cuerpo pero no muchas veces disimula las arrugas del espíritu. ¡Qué hermoso es saber que estamos llamados a vivir, a vivir intensamente, a no dejarnos envejecer ni el corazón ni el alma!. Parece demostrado que no es lo mismo ir haciéndose mayor que viejo. Los años no podemos eludirlos, pero podemos renovarlos y sobre todo podemos disfrutarlos. Hace dos años leí un hermoso libro sobre cómo afrontar el paso de la vida con dignidad y salud. Distinguía entre la edad biológica, la edad cronológica, la edad psicológica y la edad social, y podríamos añadir la edad vital o espiritual. Los cementerios el día de los Difuntos nos recuerdan el final de la vida biológica; la víspera, los Santos reverdecen la esperanza de una vida llamada a ser eterna. como eterno e inmortal es el amor.
Por eso que los años biológicos nadie nos lo podrá quitar, y tiene algo de patético ese querer disimularlos. Lo que está en nuestras manos es el cómo vivimos esos años. Me acuerdo siempre de aquella hermosa canción de Ricardo Arjona: "Señora, no le quite años a su vida, póngale vida a los años, que es mejor". Llena de esperanza, de ilusiones, de emociones, de cariños, de sueños y de alegrías tu vida, y ya verás como el paso de los años no es el peso de la vida y ni el desencanto de los atardeceres, sino la antorcha de los amaneceres que enciende nuestros ojos y los proyecta hacia el infinito horizonte de nuestras posibilidades.
Vamos a recordar esta semana a Todos los Santos, porque en un sólo año no caben en el calendario litúrgico de la Iglesia ni hay cabida para ellos en todos los altares. Bonita fiesta que no es sólo memoria del pasado, sino mirada hacia el futuro. Estamos llamados a ser santos, no bestias. Porque la santidad, ya lo decía la santa Madre Teresa de Calcuta, no es algo propio de personas especiales y raras de virtud inimitable; la santidad es la obligación de todo cristiano, porque en definitiva, la santidad es vivir con amor cada momento y cada detalle de la existencia cotidiana. Por desgracia esto se olvida en los procesos canónicos de las beatificaciones en la Iglesia, primando más los hechos extraordinarios de los sobrenaturales milagros. Según eso, pocos podemos ser santos. Pero precisamente Cristo nos dijo que la santidad no es algo inalcanzable, y que consiste en imitar la Santidad de Dios, que no es otra que su Amor, su Misericordia, su Compasión. Santo es el que ama, el que siembra su vida de alegría y esperanza, el que lleva su cruz con dignidad, el que perdona a su enemigo, el que ayuda y socorre, el que comparte, el que da su tiempo gratuito a los demás, el que llora con el que sufre y se goza con el que ríe. Si esa santidad la vive desde su fe en Cristo, es un santo cristiano. Si la vive desde otra fe, desde otros criterios, desde otras convicciones, será un santo también, aunque no sea cristiano. ¿No dijo Jesús que quien da de comer al hambriento, de beber al sediento, quien visita al enfermo, quien acude en socorro del que está en la cárcel, entrará en el cielo de la santidad?. Que yo sepa no puso etiquetas a esa santidad.
En este domingo 28 la Iglesia Católica beatificará en Roma a 498 mártires cristianos que dieron testimonio de fe, de perdón y de entrega heroica en aquella tremenda y terrible contienda civil que enfrentó a los españoles en la década de los años 30 del siglo XX. Más allá de las interpretaciones y manipulaciones ideológicas y políticas, y del clima extremadamente tenso y complicado que entonces se vivía, no cabe duda que el ejemplo de estas personas nos tiene que mover a todos a ser coherentes con nuestras creencias y valores, y a vivir la vida en actitud de entrega, de servicio, de perdón y de reconciliación. Ojalá que sirva para cerrar heridas, para unir corazones y para poner un poquito de sosiego y entendimiento en nuestro crispado clima político español.
También el día 2 recordaremos a todos los Difuntos. Cada uno de nosotros hará memoria emocionada de aquellos seres queridos y próximos que compartieron parte de sus existencia con nosotros y cuya memoria y ejemplo perduran en nuestros recuerdos y nos estimulan en nuestro caminar. Ellos son nuestros "santos" particulares de devoción y son nuestros corazones agradecidos los mejores "altares" que podemos construir para ellos, más allá de los lugares físicos donde se encuentren sus restos físicos o su memoria biológica.
Os envío un hermoso mensaje para animar la semana y vivirla con alegría y amabilidad. No olvidemos que los principales antídotos contra el envejecimiento, aparte de una sana alimentación y de un ejercicio moderado, son unos cultivados sentimientos, unos positivos pensamientos y muchas dosis diarias de esas vitaminas antioxidantes que se llaman cariño, sonrisas, fe, oración, esperanza, sociabilidad, y sobre todo, AMOR.
También os mando una reflexión que quizá habéis oído alguna vez, pero que siempre es bueno recordarla en estos días especiales de Santos y Difuntos. Y es que no hay que dejar las cosas para mañana lamentar sobre las tumbas frías de los cementerios el amor no entregado o la mano no tendida o el hombro no ofrecido o la palabra no dicha o la sonrisa no regalada o la lucha no vivida o la solidaridad no compartida.
Para los que tenemos la suerte de disfrutar de cuatro días de descanso, fiesta y familia, que los disfrutéis. Para los demás que quizá apenas tengáis un día de esa posibilidad, disfrutadlo igual. Yo lo haré junto a mi madre, sin duda una santa en vida para mí y un ejemplo a imitar de cristiana y de ser humano.
Con todo mi cariño. ¡Feliz y
especial semana a todos y a cada uno y cada una de vosotros!. Ya sabéis que os
quiero.
Diego Millán García, C.S.V.
AHORA QUE ESTOY VIVO
¿Por qué esperar al final de la vida para demostrar nuestro afecto?
- Prefiero que compartas conmigo unos pocos minutos ahora que estoy vivo y no
una noche entera cuando yo muera.
- Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo y no apoyes
tu cuerpo sobre mí cuando yo muera.
- Prefiero que hagas una sola llamada ahora que estoy vivo y no emprendas un
inesperado viaje cuando yo muera.
- Prefiero que me regales una sola flor ahora que estoy vivo y no me envíes un
hermoso ramo cuando yo muera.
- Prefiero que elevemos al cielo una oración ahora que estoy vivo y no una
misa cantada cuando yo muera.
- Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy vivo y no un
desgarrador poema cuando yo muera.
- Prefiero escuchar un solo acorde de guitarra ahora que estoy vivo y no una
conmovedora serenata cuando yo muera.
- Prefiero que me dediques una frase ahora que estoy vivo y no un poético
epitafio sobre mi tumba cuando yo muera.
- Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles ahora que estoy vivo y no de
grandes manifestaciones cuando yo muera...
Aprovechemos toda ocasión para demostrar amor a nuestros seres queridos...
ahora que están entre nosotros.