REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

" Los árboles de nuestra vida"

Queridos amigos y amigas: 

Se va acercando con el final del mes de Mayo la llegada del verano en el norte, la llegada del invierno en el sur. Norte y sur caminando alejados, no sólo en el desigual reparto de la riqueza y el bienestar, sino también en lo climatológico y estacional. Eso sí, lo que todos compartimos es la esencia de nuestra humanidad, las angustias, los problemas, las dificultades; aunque también la universal costumbre de echar la culpa de nuestros problemas a los demás, a Dios, a la familia, a los amigos, a la genética, a la educación. A todos, menos a nosotros mismos. 

Olvidamos con facilidad que la raíz de nuestras preocupaciones está dentro de nuestros propios corazones. Los problemas pueden ser más o menos objetivos, pero el cómo los vivimos es ya responsabilidad absolutamente nuestra. Y es que no sabemos o no queremos reconocer esto. Y proyectamos sobre los otros nuestro desasosiego, nuestras amarguras, nuestras insatisfacciones. Y lo sufre la familia, los amigos, nuestro entorno. Y nos quejamos y traspasamos a los otros la culpabilidad que es solamente nuestra.¡Cuántas discusiones, distanciamientos, frialdades, enfrentamientos nos evitaríamos en nuestras familias si supiéramos dejar los problemas del trabajo fuera del hogar!. ¡Con cuánta más paz viviríamos si empezáramos por reconocer nuestra parte de culpa!. ¡Qué calidad de vida
recuperaríamos si disfrutáramos relajadamente de nuestra familia, de nuestros amigos, de esas cosas gratuitas, sencillas que nos ofrece la vida a diario!¡De qué diferente manera veríamos a quienes nos cruzamos cada día si aprendiéramos a ver con el corazón!. Muchos problemas no son grandes porque así lo sean, sino porque así los vemos o vivimos. 

Todo pasa por el eje de nuestra mente, de nuestras actitudes, de nuestra vivencia emocional y humana, de nuestra fuerza de voluntad. Son dignos de admiración quienes saben vivir los problemas como oportunidades, no como derrotas; quienes son capaces de no dejarse arrastrar por la fácil acusación de culpa hacia los otros; quienes cada noche saben confiar en que mañana las cosas se verán de otra manera; quienes no se rinde y luchan siempre; quienes cuidan y miman a su familia y amigos por encima de todo; quienes saben sonreír aunque lloren por dentro en el alma; quienes no pierden la esperanza aunque todo a su alrededor se esté derrumbando.

Os mando un hermoso mensaje que nos invita a poner un árbol de los problemas en nuestra vida. El árbol que nos ayuda a dejar fuera del hogar lo que es problema de fuera del hogar. El árbol maravilloso que nos presta tan inapreciable ayuda de mantener unida y protegida nuestra familia, nuestra comunidad, nuestro grupo de amigos. Una vez más, el árbol. Maravillosos árboles que son refugio, cobijo, belleza, abrazo, raíz, apertura, ensanchamiento de mirada, sombra, descanso. No podemos vivir sin esos árboles.
Dicen que es muy sano y terapéutico abrazarse a un árbol y escuchar el latido de su corazón a veces milenario, escuchar su voz que nos llega desde el fondo de la tierra y nos invita a vivir la vida con más calma, con más amor, relativizando los problemas, con más mirada contemplativa y gratuita. 

¡Qué pena me da cuando veo y oigo que se destruyen selvas, bosques, en aras del dios progreso que todo lo arrasa y todo lo sacrifica!. ¡Pobres árboles tan necesarios en nuestra vida para vivir!. Vaya desde aquí mi homenaje a tantos árboles que siguen irradiando al mundo paz, belleza, armonía, oxígeno, sombra, refugio, lluvia, y ramas para colgar nuestros problemas. 

Gracias porque vosotros, mis amigos y amigas, sois un árbol semanal que acoge con paciencia mis reflexiones y que me hace sentir escuchado y valorado. Gracias por ser vosotros árboles amigos para quienes os rodean. Os deseo, te deseo, una semana llena de paz, amor y con muchos árboles en el jardín de tu vida. Con todo cariño os dejo también una preciosa reflexión para la vida de esa cultura y sabiduría milenaria que es la civilización china.

Diego Millán García, C.S.V.


REFLEXION

Diez principios de  la felicidad de la maestra china Kuan Yin:

1. Nadie va a darme la felicidad, sólo yo puedo conseguirla.
2. Yo soy un ser único en toda la tierra, y nadie sabe lo que yo necesito
mejor que yo.
3. Lo que recibo ahora es lo que sembré ayer; y lo que siembre ahora será lo
que reciba mañana.
4. Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor
en mi vida.
5. Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento.
6. Sólo en el amor y la paz interior puedo tomar decisiones correctas.
7. En mis decisiones tomaré siempre en cuenta el beneficio de los demás.
8. Mi cara es el reflejo de mi estado interior. La adornaré siempre con una
sonrisa.
9. Soy una persona al servicio de la humanidad. Haré todo el bien que pueda.
10. Yo tengo una misión en la vida: ser feliz y hacer felices a los demás.