REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN
"Lucha por la paz"
Queridos amigos y amigas
Enero se va como llegó, suave y tranquilo, ajeno a su fama de mes lluvioso, frío, invernal como le corresponde, al menos por este norte del mundo. En verdad ha hecho honor a su nombre, derivado del dios Jano, el dios de las dos caras, y que significa "que brilla más que el sol". Porque ciertamente es el sol lo que más ha brillado en él, esa otra cara oculta que nos deja en la ciudad más contaminación y en los campos más sequía. Pero también se va con el buen sabor de boca que siempre lo caracteriza, el esperanzador sabor de la paz. Desde aquel 30 de Enero de 1948, en que el hindú Nathuram Godsé disparara mortalmente sobre Mahatma Gandhi, todos los años esta fecha y este mes están vinculados a su vida y a su legado, y se convierten en memoria viva de una lucha que nunca debe terminar, la lucha por la No Violencia y la Paz. Hace, pues, 60 años que intentaron apagar la voz de este hombre extraordinario que pasó por el mundo empuñando las únicas armas que los hombres deberíamos empuñar, las del diálogo, las del respeto a la vida de todo ser viviente, las de la humilde servicio y la alegre solidaridad. Valores todos ellos que no han caducado afortunadamente y que no debemos dejar que se olviden en la noche de los tiempos. Gandhi sabía del potencial pacífico de los seres humanos y de su uso para el bien, pero no desconocía las oscuras fuerzas que libran su batalla por el mal en nuestro propio corazón. Por eso siempre era consciente que la paz del mundo comienza en los corazones y en las actitudes de cada ser humano y se educa y se aprende en cada familia, en la primera infancia. He aquí la razón de la educación para la paz. Porque la paz no es un mero sentimiento, es una actitud, es un valor, es un desafío permanente que pide el empeño de nuestra decidida voluntad. No basta querer la paz, hay que construir la paz, luchar primero contra todo lo que se opone a la paz en nuestro propio interior, no dejando que afloren actitudes egoístas, agresivas, intolerantes, fundamentalistas. Y eso se cultiva, se trabaja, requiere esfuerzo.
También nos dice la Biblia que la justicia y la paz se besan, van de la mano. No es la paz de Gandhi ni de Luther King ni del hermano Roger de Taizé, ni por supuesto de Jesucristo, la paz de los cementerios, la paz ajena a las terribles injusticias que pueblan nuestro mundo. La verdadera paz se construye sobre los cimientos de unas relaciones humanas basadas en la libertad, la igualdad, la justicia, la solidaridad. Quien lucha y trabaja por un mundo mejor, sin guerras, está colaborando en el nacimiento de una aurora diferente para la humanidad, el amanecer de una tierra en paz.
¿Utopía? Quizá. Pero qué sería de nosotros si no hubiera habido Gandhi y tantos otros que demostraron, a veces con su vida, que es posible transformar el mundo y que eso sólo depende de cada uno de nosotros. Debemos ser realistas, sí, pero con un realismo que no nos haga perdernos en la espiral irreversible de una violencia que ya hemos interiorizado como inevitable.
En el Evangelio de este domingo, Jesús llama a sus apóstoles a seguirle y a colaborar con él en ese gran proyecto que él llamó Reino de Dios y que no es otra cosa que el sueño de Dios para nuestro mundo: el que todos seamos y vivamos como hermanos. También Cristo pagó con su vida el precio de esta utopía, pero su mensaje, como el de Gandhi, sigue llamando a la puerta de nuestros corazones y de nuestro mundo, invitándonos a soñar y a luchar sin desmayo, para dejar un mundo más humano, más pacífico, más justo y más limpio a las futuras generaciones.
A nivel mundial quizá no podamos hacer mucho tú y yo. Seguirán quizá existiendo las guerras, el hambre, la desigualdad, las dictaduras, el indecente tráfico de armas, la opresión política, económica y mediática de unos pueblos o ideologías sobre otras. No debemos desistir. Junto a esta realidad que todos vemos cada día, está la realidad de millones y millones de personas que siembran su vida y la de los demás de pequeños gestos de bondad, de amabilidad, de sencillez, de solidaridad, de resistencia pacífica, de realista ilusión. Siguen creyendo, aunque a veces no sean del todo conscientes, que la muerte de Gandhi no fue en vano y que su antorcha y sus huellas siguen iluminando esta noche, muchas veces oscura, sin luna y sin estrellas, de la humanidad.
Gandhi era un hombre muy creyente. Confiaba en sus fuerzas, pero nunca dudó de que Dios lo guiaba y lo fortalecía en esa lucha titánica contra un Imperio y unos ejércitos humanos que al final se rindieron ante este extraordinario ser humano, dejándonos la esperanza de que la lucha por el bien tiene siempre su recompensa y su final vencedor sobre el mal, y de que los verdaderos hijos de Dios son los que trabajan por la paz.
Yo también quiero animarte, amigo y amiga, a que seas persona de paz, a que cada mañana saques de ti lo mejor y más noble que hay en tu corazón, a que no dejes que, como nos dice un famoso cuento, el Lobo malo de la envidia, el egoísmo, la avaricia, la intolerancia y la agresividad, venzan al Lobo bueno de la paz, la solidaridad, la bondad, justicia, la fe y la alegría.
Te mando también una hermosa reflexión que nos indica caminos concretos que conducen a la verdadera paz.
Y una semana más te renuevo mi cariño y mi amistad, fuentes seguras que alimentan el corazón y lo nutren de alegría y de paz.
Con el mayor de los afectos y con mis mejores deseos para este día y esta semana. Tu amigo.
Diego Millán García, C.S.V.
REFLEXIÓN: CAMINOS QUE LLEVAN A LA PAZ
Si tú crees que una sonrisa es más fuerte que un arma. Si tú crees que lo que une a los hombres es más fuerte que lo que los separa. Si tú crees en el poder de una mano extendida. Si tú crees que ser diferente es una riqueza y no un peligro…ENTONCES VENDRÁ LA PAZ.
Si tú sabes mirar al otro con un poquito de amor. Si tú sabes preferir la esperanza a la sospecha. Si tú estás persuadido que te corresponde tomar la iniciativa antes que al otro. Si todavía la mirada de un niño llega a desarmar tu corazón…ENTONCES VENDRÁ LA PAZ.
Si para ti el extranjero es un hermano. Si tú puedes alegrarte del gozo de tu vecino. Si la injusticia que golpea a los otros te indigna tanto como la que tú sufres. Si tú sabes dar gratuitamente un poco de tu tiempo por amor…ENTONCES VENDRÁ LA PAZ.
Si tú sabes aceptar que el otro te preste su ayuda. Si tú compartes tu pan y sabes dar con él un pedazo de tu corazón. Si tú sabes cantar la felicidad del otro y bailar su alegría. Si tú sabes acoger y aceptar un punto de vista diferente al tuyo…ENTONCES VENDRÁ LA PAZ.
Si para ti la cólera es una debilidad, no una manifestación de fuerza. Si tú prefieres ser herido antes de hacer daño a alguien. Si tú crees que el perdón consigue más que la venganza. Si tú sabes aceptar la crítica y hacer que te sea provechosa sin rechazarla ni defenderte…ENTONCES VENDRÁ LA PAZ.
Si tú puedes escuchar al desdichado que te hace perder tu tiempo y entretenerlo con una sonrisa. Si tú rehúsas darte golpes por tus culpas en el pecho de otros. Si para ti el otro es ante todo un hermano…ENTONCES VENDRÁ LA PAZ.
Si tú alcanzas y te colocas al lado del pobre y del oprimido sin creerte un héroe. Si tú no te sientes tan importante que "después de ti el diluvio". Si tú crees que el amor es la única fuerza de disuasión. Si tú crees que la paz es posible… si tú crees todo esto, ENTONCES, SÓLO ENTONCES, VENDRÁ LA PAZ.