REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"No a la violencia discriminatoria"

Queridos amigos y amigas:

Se va deslizando Noviembre en esa dicotomía que lo define como mes puente entre el otoño y el invierno, sin ser ni lo uno ni lo otro, y siendo las dos cosas a la vez. Sin dejar de coquetear con el sol y sus rayos que entibian las mañanas, se entrega a veces a las ráfagas de frío más intensas, poblando de virus la atmósfera y nuestros cuerpos indefensos de gripes y catarros, o resfríos, como dicen por otras latitudes, donde ahora disfrutan ellos de una primavera de colores luminosos. Y es que, como dice, el refrán, "nunca llueve a gusto de todos". 

Eso sí, Madrid tiene alfombradas sus calles y sus plazas, sus parques y sus prados de un manto amarillento que han dejado tantos árboles llorosos, que por unos meses un cruel destino los desnuda y los expone. Eterno rodar del tiempo y las estaciones.

También, más allá de lo climatológico y estético, Madrid ha sido catalogada entre las ciudades de Europa que mejor acoge e integra a los inmigrantes que llegan a ella. Una excelente noticia, cuando  empiezan a asomar tímida, pero contundentemente, signos alarmantes, aunque aislados, de racismo  y xenofobia que se cuelan en cabezas proclives a echar culpas a otros, los diferentes, de sus propios  complejos y vaciedades. Muchas de ellos olvidan que la tierra es de todos, que todos somos  extranjeros y ciudadanos del mundo a la vez,  olvidan que el mar y el aire no tiene puertas ni  fronteras, olvidan que desde el espacio sólo somos un difunto y único planeta azul sin divisiones ni  murallas, porque la tierra es nuestra y de todos, o no es de nadie. Nos olvidamos que todos los  pueblos, en mayor o menor medida, y mucho más España, somos pueblos de mestizaje, de cruce de  caminos y culturas que nos han enriquecido y forjado nuestra propia identidad. Nos olvidamos que  un día también fuimos extranjeros, emigrantes, caminantes de senderos en búsqueda de una vida  más digna y mejor.

Más que nunca hay que afirmar lo que hoy proclama la fiesta de Cristo Rey del Universo: que todos los seres humanos somos iguales, que estamos llamados a construir un Reino de Dios que es  un mundo de hermanos, un mundo de justicia, amor, verdad y paz. En este Reino y en esta tierra   tienen espacio todos, hay alimentos para todos, nadie es excluido, todos son llamados al Banquete  del reparto de los bienes de la tierra, en especial los últimos, los más necesitados. Qué hermoso    lema el que nos propone la Iglesia en estos días: "Humanizar la globalización, globalizar la solidaridad". Abrir puertas, extender brazos, derribar muros, construir puentes, salir al encuentro del  otro, dar cobijo, trabajo, dignidad, respeto, no importa la raza, el color, la ideología, la procedencia,   la cultura. Nos unen tantas cosas, vamos en el mismo barco, transitamos el mismo camino, brazos, buscamos la misma felicidad, nos dirigimos hacia la misma meta: somos seres humanos, llamados a amar y ser amados, a vivir con dignidad y en paz y libertad. Las diferencias son accidentales, nunca   esenciales.

Y claro que soy consciente del problema creciente de una inmigración incontrolada, sobre todo  en España y en Europa. Pero eso no es excusa para cerrar las puertas. También sé que el desarrollo  de los pueblos no está en que sus gentes abandonen sus países, y que el verdadero progreso y la    auténtica justicia consiste en promover el desarrollo político y económico de las naciones más pobres, donde nadie tenga necesidad de emigrar, dejando atrás su pueblo, su familia y sus raíces.   Pero mientras eso llega, y parece que tardará en llegar, visto el escaso interés de   nuestros países   ricos por invertir en África o en tantos países de Latinoamérica o Asia, debemos compartir los bienes, repartir el trabajo, aunque eso nos lleve a renunciar a cierto niveles de bienestar desmesurado que ahondan las diferencias y cultivan las injusticias. Tener todos un poco menos, para tener todos un poco más. Eso es solidaridad, compartir, ayudar, acoger, integrar, trabajar juntos para que nadie se sienta extranjero en ningún lugar. Y esto vale para todos, porque todos tenemos nuestros propios "extranjeros" a los que rechazamos, discriminamos, oprimimos, pagamos mal, abusamos. En Chile quizá sean los peruanos, en USA los mexicanos, en Japón los coreanos, y en otros tantos países, los diferentes, del signo que sea. Discriminaciones por orientación sexual, por creencias religiosas, por opciones políticas, por ser de otro género, por ser de otra raza, por pensar distinto. 

Recordamos hoy a nivel internacional el Día contra la Violencia de Género, verdadero drama que  asola España y tantos otros países donde apenas se conocen cifras de esta "vergüenza" que nos hace menos humanos. Vaya desde esta página mi apoyo y cercanía a las víctimas y una llamada a  nuestra complicidad evasiva y silenciosa, a despertar nuestras conciencias, a rechazar cualquier  intento o excusa que justifique la violencia de un ser humano contra otro, especialmente cuando  repetidamente esa víctima suele ser una mujer, aunque no exclusivamente. Mi homenaje y  admiración a tantas mujeres que sufren silencio el chantaje, el insulto, el sufrimiento callado para  evitar hacer sufrir a los hijos, o por miedo, o por vergüenza. Pero igualmente una llamada a la   rebelión valiente, a la denuncia y al rechazo de cualquier trato vejatorio indigno de un ser humano.  Porque nunca podrá llamarse amor cuando hay de por medio violencia, maltrato o humillación,  haciendo sentir a tantas mujeres "extranjeras" de su propio hogar, de su propia familia, de su propio  entorno. Dios no nos pide someternos, ni callarnos. Las víctimas, sean de este terrorismo doméstico o de tantos otros, tienen derecho a ser escuchadas, reconocidas, reparadas, defendidas de sus verdugos y asesinos. 

Termino recordando que esta semana han fallecido tres personas, dos de ellas famosas, una más anónima. Las tres traspasaron con su vida y su arte las fronteras y salieron al encuentro del abrazo interracial, denunciando las injusticias, haciéndose voz crítica de cualquier discriminación, y nos enseñaron a abrir el corazón a incardinarse en toda cultura, a sentirnos hermanos de todos y llamados a una misma vocación de ser felices haciendo felices a los demás. Uno de ellos, el genial padre de la danza contemporánea Maurice Béjart, nacido francés, nacionalizado belga, abierto a lo universal; el segundo, Fernando Fernán-Gómez, extraordinario actor, director, escritor peruano, español también de corazón, hombre de gran corazón y mirada crítica para denunciar lo injusto; y un tercero, menos conocido, pero no menos importante a los ojos de Dios, José Ramón Zudaire, sacerdote religioso de mi Congregación de San Viator, fallecido a los 59 años, tras una vida intensa de compromiso teórico y práctica con los más necesitados, fundador de la nuestra misión de Honduras, y un ejemplo y evangélico testimonio de serenidad y entrega a Dios en los momentos duros de su enfermedad y muerte. Mi admiración y oración por los tres, en especial por mi hermano viatoriano, y mi solidaridad con sus familias. Los tres nos hablan de otro mundo posible: un mundo donde la belleza, la palabra, la fe y el amor pueden hacer realidad, en lo cotidiano y en lo grandioso, ese Reino que Dios quiso para nuestra tierra, un mundo de hermanos, un mundo sin fronteras, un mundo interracial y multicultural. Y eso todos los podemos hacer en la vivencia y testimonio de cada día, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestros estudios, en nuestras vecindades, en nuestros compromisos de voluntariado, en la callada cotidianidad que sólo Dios conoce y valora. 

Os mando un montaje que contiene canción e imágenes que os invito a ver despacio, dejando correr automáticamente las diapositivas, permitiendo que penetren en nuestros ojos, en nuestros oídos, en nuestra conciencia y en nuestro corazón 

También os transcribo una impresionante canción de la cantante española Bebe, que nos animo a escuchar, y que nos habla de las mujeres que sufren la agresión y la violencia de género. Que sea signo de solidaridad, cercanía y lucha comprometida para erradicar ese mal de nuestro mundo. 

Que tengáis, que tengas una semana abierta, acogedora, solidaria, feliz. Perdóname una vez más la largura de mis escritos que quizá no te dé ni tiempo de leer entero. 

Te renuevo mi cariño y amistad. 

Tu amigo siempre.

Diego Millán García, C.S.V.