REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN
"Nos acompaña el amor"
Queridos amigos y amigas:
Está ya
hermosa la primavera, con los árboles renaciendo y rebrotando y poblando de
jirones cada vez más verdes y coloristas esta selva asfáltica que es Madrid,
como lo son tantas y tantas grandes urbes de nuestra tierra en las que
habitamos. Si no fuera por estas explosiones de vida y de color que resurgen
tras el invierno, de estos cielos cada vez más soleados y de estos días cada
vez más largos y luminosos, qué monótonas y grises serían nuestros barrios y
nuestras ciudades, por donde deambulamos a veces tantos miles de seres humanos
que nos desconocemos e ignoramos. Paradojas de la vida, en medio de la multitud
parece que la gente se siente cada vez más sola. Y es que dicen que la gran
enfermedad de nuestro siglo XXI, aparte del estrés y las enfermedades
cardiovasculares, es sin duda la soledad. En plena época de las comunicaciones
y del internet, cada vez más incomunicación, más aislamiento y más sensación
de no ser importante casi para nadie.
Lo decía la
santa madre Teresa de Calcuta: "La peor pobreza es no sentirse amado por
nadie", o sea, no importarle a nadie, no ser echado de menos por nadie.
Estar enganchados al chat con medio mundo y ser incapaces de comunicarnos con
nuestros más próximos, nuestra familia, nuestros amigos. Soy de los
convencidos de que estamos hechos para amar, para comunicarnos, para
enriquecernos mutuamente, no para vivir aislados ni encerrados en nuestra propio
castillo, sin importarnos los demás. Necesitamos expresarnos, decirnos lo que
sentimos, acogernos con una sonrisa, intercambiar opiniones, sacar rabias,
abrazarnos, perdonarnos, recomenzar de nuevo.
Como aquellos
dos discípulos de Emaús de los que habla hoy el Evangelio, muchos seres
humanos van por la vida desilusionados, decepcionados, desencantados de sueños
y de utopías, dispuestos a refugiarse, como ellos, en su pequeño mundo
personal o familiar, alejándose de aquella comunidad que hasta entonces los
motivaba y los hacía felices. Vuelve y volvemos a veces entristecidos, con la
mirada baja, la sonrisa helada, el corazón frío, con la sensación de que nada
importante vale la pena y de que caminamos irremisiblemente solos con nuestra
soledad. Más que nunca necesitamos la mano amiga en el hombro, el oído atento
para la escucha, el corazón abierto para el encuentro, la mirada cálida del
silencio, las palabras que arden en nuestro pecho, la presencia amable y acompañante,
la puerta abierta, el rostro iluminado, la mesa puesta. No, no estamos solos.
Nos habita un Amor que invita a amar, a salir al encuentro, a estrechar muchas
manos, a secar muchas lágrimas, a compartir el pan, a acompañar callados, a
retomar caminos, a enderezar senderos, a
proclamar al alba que hay una madrugada siempre encendida y unas brasas amigas
con pan de alma. Como lo hizo Jesús con sus discípulos incrédulos y como lo
sigue haciendo hoy en las encrucijadas de nuestra historia y de nuestras vidas
en tantos y tantos detalles de amor y de esperanza que rebrotan, a veces
calladamente, como flores primaverales que alegran y dan color, belleza y bondad
a nuestra existencia.
Esta semana
he visto en Madrid dos cosas que me han llamado positivamente la atención. Un
grupo de jóvenes por el centro de la ciudad repartiendo gratuitamente abrazos y
sonrisas; y otro gran grupo de gente citados en una plaza simplemente para una
"besada" inolvidable. Me ha gustado las dos ideas, y más allá de la
anécdota, son expresión de la necesidad de humanizar nuestras ciudades y
hacerlas más cálidas y acogedoras. Hacer sentir a la gente que, aunque vayamos
de prisa y sin tiempo, no tenemos por qué mirarnos con temor ni distanciarnos
con desconfianza. La sonrisa, la amabilidad, la educación son gratuitas y hacen
tanto bien y alegran tantas vidas y nos devuelven la fe en el ser humano y nos
animan a luchar y a no desanimarnos.
Te mando un
hermoso mensaje lleno de buenos pensamientos y consejos. Si no te sirven todos,
quédate al menos con alguno para la semana. Y todo adornado con preciosas imágenes
de mariposas, ese ser de la naturaleza que refleja más que ninguno lo que es la
vida, una constante transformación sin perder la identidad, ese continuo
renacer, resucitar, sacar lo más hermoso que está escondido en lo más
profundo de nuestro corazón, como se esconde toda la belleza de la mariposa en
una rugosa y fea oruga que vive arrastrada por la tierra o los árboles, pero
que lleva dentro la capacidad de volar.
También
quiero recordarte que ayer se cumplió el 40 aniversario del asesinato de un
gran cristiano y de un gran defensor de los derechos de los negros en Estados
Unidos: Martin Luther King. ¡Qué sería el mundo sin este gran ser humano que
pisó nuestra tierra y la dejó mejor de lo que la encontró! Como lo hicieron
Jesucristo, Francisco de Asís, Gandhi, madre Teresa de Calcuta, o Nelson
Mandela, Desmond Tutú, Dalai Lama, y tantos y tantos otros seres anónimos,
defensores de la paz y la no-violencia, impulsores de cambios en favor de una
humanidad más justa, más solidaria, donde se repartan más equitativamente las
riquezas, donde la educación y la salud sean efectivamente derechos de todos y
para todos, donde la libertad no sea simplemente una palabra vacía, o donde el
amor, la tolerancia y el respeto sean asignaturas comunes e imprescindibles de
todos los hogares y de todas las escuelas.
Luher Kin
tuvo un sueño el día 28 de Agosto de 1963, en Washington, y luchó y murió
por él, el sueño de una nación donde todos se sintieran y fueran iguales y
libres. Su ejemplo nos anima a quienes seguimos soñando con un mundo diferente
y mejor, porque son muchas las injusticias y las desigualdades que
desgraciadamente abundan todavía en nuestro mundo. Te mando ese sueño, que
aunque un poco largo, merece la pena leerse al menos una vez en el año, para
que nos ayude a ti y a mí a seguir
soñando y a no cansarnos en la lucha diaria de hacer el bien y dejar mejor esta
tierra que Dios creó para todos.
Cuenta
conmigo. Siente mi mano y mi corazón amigos. Que tengas una feliz y acompañada
semana. Abrazos y besos.
Diego Millán García, C.S.V.
PD: Este fin de semana en Valladolid hemos elegido democráticamente al Superior de la Comunidad de San Viator en España y a dos de sus Consejeros, en las personas de Pedro María Lahora, José Antonio González y José Antonio Díez. Para los tres, mi felicitación, mi agradecimiento, mi apoyo, mi cariño y mi oración.
EL
SUEÑO DE MARTIN LUTHER KING
Hoy os
digo a vosotros, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún
tengo un sueño.
Sueño
que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su
credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres
son creados iguales".
Sueño
que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos
y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la
mesa de la hermandad.
Sueño
que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el
calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad
y justicia.
Sueño
que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados
por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
¡Hoy
tengo un sueño!
Sueño
que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición
entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los
niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas
blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.
¡Hoy
tengo un sueño!
Sueño
que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán
llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán
enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género
humano.
Esta
es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe
podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con
esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una
hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar
juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender juntos la libertad,
sabiendo que algún día seremos libres.
Ese
será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un
nuevo significado, "Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a ti te
canto. Tierra de libertad donde mis antecesores murieron, tierra orgullo de los
peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad". Y si
Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.
Por
eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de
Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de
Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de
Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en
Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California!
Pero no sólo eso: ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de
Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que
repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! "De
cada costado de la montaña, que repique la libertad".
Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!"