REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Los paracaídas de nuestra vida"

Queridos amigos y amigas:

Seguimos caminando por el tiempo de la Pascua, alimentando nuestra fe y nuestra esperanza en la convicción de que Cristo Resucitado nos habita, nos anima y nos abre los ojos a la belleza, a la bondad, a la alegría que brota del amor. Ese amor que cada día recibimos en nuestra vida, muchas veces de forma anónima y de forma sencilla e imperceptible. El amor que nos entregan tantas personas bajo el envoltorio de un detalle lleno de cariño, apoyo, ánimo solidaridad o simplemente natural afecto que se recibe como se recibe cada mañana el cálido rayo de sol. Y nos damos cuenta y quizá lo valoramos, pero cuántas veces qué difícilmente lo agradecemos. No es que hay que estar todo el día dando gracias, que podría ser algo hasta empalagoso. No se trata de eso, pero tampoco de lo contrario, no agradecer nada, darlo todo como merecido o como rutinario. 

Hay muchas cosas en la vida que no son merecidas sino gratuitas. Y dar gracias es una manera, no sólo justa y humana de reconocer lo recibido, sino una táctica muy inteligente y sabia de animar a que nos sigan obsequiando cada día con más manifestaciones de dedicación y amabilidad. 

Aunque parezca algo egoísta por nuestra parte y no no hagamos pensando en este interés, pero éste es el efecto que produce nuestra acción de gracias. Trato y converso cada día con adolescentes a los que les cuesta reconocer lo que su familia, sus profesores, su colegio, sus amigos hacen por ellos. Les intento convencer de que quizá, si no lo agradecen, un día lo lamenten o simplemente ya no tengan tiempo de hacerlo. No sólo ellos, quizá también nosotros, consideramos que no es para tanto, que no hace falta decirlo, que ya lo saben nuestros seres más cercanos. Y no es así: todos necesitamos sentirnos reconocidos. Todos tenemos alguien que prepara cada día nuestro paracaídas que nos salva muchas veces de tropezar en nuestra vida o simplemente nos hace la vida más llevadera y agradable. Empezando por Dios, si somos creyentes, y siguiendo por nuestra familia, amigos, personas que nos quieren o que nos ayudan gratuitamente. Agradezcamos la fe, reconozcamos el amor, valoremos la vida. Comencemos esta nueva semana con la sonrisa en los ojos y en la boca. Acojamos con amabilidad a quien se acerque a nosotros. No hay otra forma mejor de dar testimonio de Cristo Resucitado, nuestro Gran Paracaídas, quien cada mañana abre nuestros ojos y nuestra vida a tanto amor, tanta solidaridad, tanta bondad, tanta esperanza y tanta belleza que inunda nuestra existencia. 

Deseo que tengas una semana agradecida, llena de optimismo, de amabiliad y de alegría. Y gracias por recibir mis mensajes cada semana, que son como pequeños y sencillos paracaídas que te envío para demostrarte mi cariño y mi deseo de que seas feliz. Con mucho cariño.

Diego Millán García, C.S.V.