REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN
"Para soltar amarras"
Queridos amigos y amigas:
Ya llegó Febrero, el llamado por estos lares hemisféricos del norte hispano "Febrerillo el loco", por las variadas y opuestas manifestaciones atmosféricas: lo mismo llueve, que nieva, que hace calor. Tenemos por delante además al mes más corto del año, aunque este año bisiesto, como cada cuatro, se prolongará otras 24 horas, para disgusto de los que cumplen años el día 29 y ven frustrada su pretensión de ocultar siempre su edad.
Hoy es también domingo de Carnaval, fiesta de la alegría a veces desenfrenada e invitación a degustar y exprimir lo que de placentero tiene la vida. Disfraces para salir de la rutina y ser por unos días lo que no nos permitimos ser durante todo el año. Nos ponemos máscaras para divertirnos, ocultarnos y quizá para tapar las verdaderas máscaras de nuestra vida que no nos atrevemos a levantar, los verdaderos sentimientos a los que no queremos dar rienda suelta o las verdaderas palabras que tememos expresar, o ese verdadero vacío interno que enmascara nuestra falsa felicidad.
Sea lo que sea, es sano el Carnaval, es saludable su mensaje de salir de la rutina para encontrarnos con el goce de nuestra existencia, a veces tan gris y mortecina.
También en esta próxima semana nos llega más tempranera que nunca la Cuaresma, como queriendo poner orden en este desorden carnavalero que muchas veces nos evade de la dura realidad de la existencia y de nuestra responsabilidad ante ella.
Qué hermosa y repetitiva rueda de los años y las estaciones, de los días y las horas, que gira año tras año para recordarnos las mismas y esenciales cosas que marcan el ritmo y el rumbo de nuestras vidas y las hacen felices o desdichadas!
¡Qué renovadora ocasión para bucear en el mar de nuestros recónditos sentimientos, actitudes y acciones y darnos de nuevo la oportunidad de recomenzar!
Carnaval y Cuaresma van de la mano, son las dos caras de la vida, las dos realidades que nunca debemos olvidar: la alegría de vivir y la responsabilidad de amar.
Tenemos ante nosotros una llamada a ser felices, como la que nos hace hoy Jesús en el Evangelio, proclamando la Buena Noticia de la Felicidad, pero no una felicidad cualquiera, sino la felicidad que brota de una vida sencilla, bondadosa, compasiva, coherente con los ideales y creencias, pacífica y pacificadora, solidaria, hambrienta y sedienta de justicia y de libertad para todos, amable y generosa, confiada en Dios y en las personas.
Carnaval y Cuaresma son ocasiones para sacar lo mejor que hay en nosotros mismos y construir nuestras vidas sobre la felicidad que se edifica sobre el amor y la alegría agradecida y compartida de vivir.
Es momento de revisarnos, de calibrar las consecuencias de nuestros actos y no llegar demasiado tarde. No es tiempo para torturarse la conciencia o para quejarse y lamentarse de lo que pudo haber sido y no fue. No es hora de mirar hacia atrás con amargura o culpabilidad, sino de vivir el presente con paz y el futuro con esperanza.
He visto últimamente dos hermosas películas. Una, "Expiación" nos habla de las consecuencias de las mentiras, fruto de la envidia, que pueden llevar a la destrucción de por vida de seres que amamos y a los que después es imposible restituir su felicidad.
La otra, "En el valle de Elah", es el triste recordatorio de las consecuencias de la guerra, en este caso de la de Irak, y de todas las guerras, y el sufrimiento que acarrea a tantos seres humanos que pierden su inocencia y son heridos en su bondad, y a tantos padres rotos por el dolor ante la muerte incomprensible de unos hijos sacrificados en el ara sagrada de la patria.
Pero lo tremendo de toda esta realidad humana es que muchos de estos sufrimientos los podríamos evitar, porque el mal, no lo olvidemos también anida en nuestro corazón y es responsabilidad y decisión nuestra dejarlo salir o permanecer controlado por nuestra voluntad.
Cuaresma para hacernos un chequeo espiritual y moral, para limpiar la casa por dentro, para limpiar el polvo de nuestra desidia y de nuestra cómoda cotidianidad. Un tiempo para nosotros mismos, un regalo que nos hacemos, una oportunidad de reconciliarnos con los demás y con Dios, un tiempo para intensificar nuestro amor.
La ceniza con la que comenzamos este tiempo espiritual es recordatorio de nuestro ser limitado, pero sobre todo es invitación al cambio esperanzado y a la alegría de ser amado incondicionalmente a pesar de todo.
Te mando un hermoso mensaje para ayudarnos a pensar. Te recomiendo que lo leas con tranquilidad y que vuelvas sobre él en la semana. Pienso que son palabras sabias y que nos pueden ayudar a ser un poquito más felices. Nos avisan de esas esclavitudes disimuladas pero nocivas que nos encadenan al pasado y que nos impiden avanzar con serenidad y alegría por el proceloso mar de la vida y por el sendero confiado de la fe.
También te envío un sabio texto hindú del siglo VI sobre las consecuencias de nuestras palabras. Espero que te guste y te sirva.
Sigue disfrutando del Carnaval de la vida y no te olvides de aprovechar este tiempo de gracia y renovación que es la Cuaresma.
Con inmenso cariño de amigo.
Diego Millán García, C.S.V.
REFLEXIÓN SOBRE LAS PALABRAS.
"Antes de hablar, considera primero lo que tú dices; segundo, por qué lo dices; tercero, a quién lo dices; cuarto quién te lo ha dicho; quinto, las consecuencias de tus palabras; sexto, qué provecho resultará de ellas; séptimo, quién escuchará lo que digas. Luego, pon tus palabras en la punta de tu dedo y hazlas girar de estas siete maneras antes de pronunciarlas; y de tus palabras entonces no se seguirá nunca ningún daño para los demás". (Texto hindú del siglo VI)