REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN
"Por los caminos de la paz"
Queridos amigos y amigas:
Os escribo en una mañana luminosa y primaveral de Madrid, en un día especial, el día de fiesta por antonomasia para los cristianos: el día de la Resurrección de Cristo. Un día que para muchos, incluso que se llaman cristianos, apenas ya significa nada. Para otros, simplemente el recuerdo de un mito, una tradición, algo del pasado que poco tiene que decir al hombre y mujer de este mundo nuestro tan tecnificado y científico que ya no cree en fantasías ni en supersticiones que no se pueden comprobar.
Por fin nevó en Madrid y llenó las montañas que rodean la ciudad de hermosos mantos blancos que ayer sábado relucían con un solo espléndido y un cielo azul intenso y luminoso. Ayer también viví una día lleno de belleza, visitando la preciosa ciudad de Segovia, cubierta de nieve y de sol, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985, con su acueducto romano del siglo I, su esbelta catedral llena de filigranas góticas, su castillo-palacio de ensueño llamado el Alcázar, sus innumerables iglesias románicas. Calles estrechas medievales que se recorren a tranquilamente a pie, contrapunto calmado del ruido y las prisas de nuestras grandes ciudades. Allí, embriagado de belleza, de cultura, de emoción, os recordé a todos con inmenso cariño ante la tumba imponente que contiene el cuerpo incorrupto del gran místico y poeta san Juan de la Cruz, que reposan en el convento de los carmelitas de esta maravillosa ciudad castellana, donde proclamada Isabel la Católica como reina de Castilla y donde se fraguó la revuelta comunera. En fin, un día inolvidable.
También en esta semana pasada ha
fallecido un hombre santo, una Madre Teresa del Calcuta, pero en mujer y en
Francia. Un hombre, un sacerdote católico, conocido como el Abbé Pierre. Un
hombre de familia acomodada que se propuso poner en práctica de verdad el
Evangelio y dedicó su vida a acoger y ayudar a todo tipo de personas
necesitadas, especialmente a los que vivían en la calle o estaban abandonados
por todos. Siendo de una familia pudiente, no dudó en dejarlo todo para atender
a los pobres. Y, como un san Francisco de Asís de los tiempos modernos, vivir
radicalmente el mensaje de las Bienaventuranzas y del Amor proclamado por
Cristo. Sin duda que la vida del abad Pierre ha sido una Buena Noticia para los
pobres, los enfermos, los desheredados, los sin techo, los indigentes, los
mendigos, los ancianos abandonados. Y sin duda que cuando una obra es de Dios
continuará en sus seguidores y en la Asociación por él fundada "Los
Traperos de Emaús". En sus funerales, como en los de la madre Teresa, han
estados todas las personalidades de Francia, pero también una inmensa multitud
de personas sencillas y pobres que lo han despedido entre lágrimas, aplausos y
un inmenso agradecimiento y reconocimiento de su grandeza
humana y cristiana. Y para que luego digamos que no hay santos en nuestros días
y que son personas del pasado. Ojalá que su ejemplo también nos llegue a
nosotros y nos decidamos a ser, como él, constructores, en la medida de
nuestras posibilidades, de una sociedad más justa y de un mundo más fraterno.
Como luchó Mahatma Gandhi, cuyo nuevo aniversario de su muerte violenta celebraremos este próximo 30 de Enero, en una Jornada Escolar de la No-Violencia y la Paz. Un hombre de quien Juan Pablo II dijo en su viaje a la India, y ante el memorial que en Nueva Delhi lo recuerda, que era un hombre santo.
Y es que necesitamos cada vez con más
urgencia testimonios de personas como el Abbé Pierre y como Gandhi, referentes
y modelos de una humanidad positiva, una humanidad mejor. Ejemplos de cómo se
puede ser feliz haciendo felices a los demás, de cómo es mejor la paz que la
guerra, el amor que el egoísmo. Nuestro mundo, y también nuestras grandes
ciudades y barrios reflejan ya
síntomas graves y preocupantes de agresividad y violencia, y peligrosamente
entre los más jóvenes, independientemente de que sean de un color o de otro,
de una raza o de otra. Es el reflejo de una sociedad que pierdes los valores
familiares y humanos, de unos medios de comunicación que muchas veces sólo
presentan modelos agresivos, violentos, vacíos, donde sólo prima el dinero, la
fama o el poder, de una política que más que servicio al ciudadano, es lucha
por ganar votos.
Por eso yo os invito, te invito, a que empieces esta semana con ánimo positivo, con decisión de ser persona de paz, empezando por la paz que nace en el corazón, la paz que se respira en la familia, la paz que se transmite en nuestras vecindades, en nuestros lugares de estudio o de trabajo, en cualquier edad o condición. La paz que nace de una sociedad más justa e igualitaria. La paz que es don de Dios y tarea nuestra de cada día. La paz que irradian las personas de bien, las personas solidarias, las personas amables, las personas que sonríen, las personas que perdonan, las personas que acogen y animan, las personas que miran el corazón, no las apariencias y la billetera.
Te animo a que seas de estas personas de paz, como Gandhi, como el Abbé Pierre, como tantas otras que tú mismo conoces. Empieza tu día y tu semana con la paz en tus labios, en tu corazón, en tus ojos y en tus manos. Te adjunto un montaje que contiene una hermosa oración de Gandhi que hago mía y deseo que hagas tuya en esta semana de la No-Violencia y la Paz.
Con todo cariño y mis mejores deseos para esta semana.
Diego Millán García, C.S.V.