REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Renacer cada mañana"

Queridos amigos y amigas:

Escribo este mensaje recién llegado de una reunión en Valladolid, donde en una reunión de superiores y animadores de nuestras comunidades viatorianas se nos ha recordado al elemental que traigo aquí como resumen. "Lo afectivo, es lo efectivo". Es decir, que sólo el amor y el cariño son capaces de cambiar a las personas. Algo que vale para nuestras relaciones comunitarias, nuestras relaciones de pareja o de familia, nuestras relaciones de amigos, nuestras relaciones en el mundo educativo, laboral, social, humano en general.

También lo hago en la víspera de un aniversario especial: el tercero del 11-M, una fecha especialmente inolvidable para Madrid y España, en que murieron 191 personas y más de 1500 fueron heridas. Desgraciadamente, este atentado que conmovió al mundo entero sigue siendo causa de división entre los partidos políticos y el juicio que ya ha comenzado en Madrid está siendo piedra de polémica y enfrentamiento en nuestra sociedad, olvidándose muchas veces el
sufrimiento de los familiares de los fallecidos y de los heridos. 

Quisiera en esta página rendir un homenaje a los que murieron inocentemente en aquellos salvajes atentados, a los heridos que todavía siguen sufriendo secuelas físicas y humanas, a sus familiares que nunca podrán olvidar. Hoy sólo quiero hacer una oración desde el corazón por todos ellos y pedir paz y justicia. 

Ojalá que el monumento que mañana será inaugurado junto a la estación de Atocha sirva para que al menos un día sólo se recuerde a las víctimas y a quienes vivieron en su propia carne aquella jornada del horror. 

NO es fácil vivir cada día arrastrando las heridas o el dolor, las nuestras y las de otros. Es difícil empezar cada mañana como un amanecer nuevo cuando se lleva en las espaldas un pesado saco de sufrimiento, de decepciones, de fracasos, de desamores, de insatisfacciones, de soledad, de pecado propio o ajeno, de culpabilidades. Pero es posible, desde ahí, construir algo nuevo que 
nos ayude a vivir con la ilusión renovada de que es posible salir del agujero y empezar a vislumbrar la luz de la esperanza. 

Estamos en la tercera semana de Cuaresma en la Iglesia. Y es hermosa la lección del Evangelio: una llamada a confiar, a dar otra oportunidad, a nosotros mismos y a los demás; a tener paciencia y poner mucho amor, teniendo la fe de que yo y los otros podemos cambiar, ser mejores. Porque eso es lo que hace Dios cada mañana: confiar en nosotros, en nuestras posibilidades, en nuestras potencialidades, en nuestra capacidad de sacar bueno de lo malo, de transformar el dolor en aprendizaje, el odio en perdón y el egoísmo en amor. Sin esa confianza del corazón de la que tanto nos hablaba el recordado y querido hermano Roger de Taizé no es posible construir nada nuevo, nada mejor, nada humano. Confianza que nos da la vida y la naturaleza cada día, que se renueva y vuelve a renacer cada mañana, cada estación, cada ciclo. 

Como esta primavera del hemisferio norte que ya apunta en los brotes de los árboles y en los almendros y cerezos en flor. O como ese otoño que en el hemisferio sur empieza a colorear de ocres y rojizos paisajes la vida de los campos y el trepidante transcurrir de las ciudades. 

Todos podemos hacer florecer nuestros desiertos, por duros que hayan sido. Todos podemos renacer y volver a ser nuevos. Con la ayuda de Dios, con el amor de las personas, con la confianza de los otros y  sobre todo de nosotros mismos. Tú y yo podemos renacer, explorar nuevas formas, construir nuevas metas, atisbar nuevos horizontes, colorear nuevos firmamentos, pintar nuevas estrellas, transformar nuevos corazones. 

Es el hermoso y vital mensaje que os envío y te envío esta semana, con el deseo de que seas feliz, para que disfrutes de sus imágenes, de su música, de sus reflexiones,  y para que irradies optimismo, belleza, armonía y felicidad a tu alrededor. Verás cómo floreces tú y haces florecer a otros. No te estanques, no te encasilles, no te endurezcas. Sé flexible, sé dúctil, sé humano. De nada sirven las caretas, las rigideces emocionales, los distanciamientos, los prejuicios, los rencores, las rabias. A veces son necesarios para crecer, pero no para quedarse en ellos. Hacen daño y amargan la vida. 

Espero que te haga bien este mensaje y haga que tu Cuaresma o tu vida esté alumbrando ya desde hoy mismo la luz de la resurrección, de la vida renovada,  del amor transfigurado, entregado y compartido.

Y nada mejor que un corazón lleno de amigos para ser feliz y para seguir renovando la vida y la ilusión. Por eso te mando también el hermoso árbol de los amigos, un árbol siempre florecido, un árbol cuyas raíces duran hasta la eternidad.

Con inmenso cariño. Gracias por seguir ahí, por leer cada semana mis mensajes, por quererme estés lejos o cerca.

Tu amigo.

Diego Millán García, C.S.V.