REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Semana Santa de Amor"

Queridos amigos y amigas:

Escribo este mensaje recién llegado de una reunión en Valladolid, donde en una reunión de superiores y animadores de nuestras comunidades viatorianas se nos ha recordado al elemental que traigo aquí como resumen. "Lo afectivo, es lo efectivo". Es decir, que sólo el amor y el cariño son capaces de cambiar a las personas. Algo que vale para nuestras relaciones comunitarias, nuestras relaciones de pareja o de familia, nuestras relaciones de amigos, nuestras relaciones en el mundo educativo, laboral, social, humano en general.

Estoy recién llegado a Madrid tras pasar con mi madre el día de su cumpleaños, rodeada de todos sus hijos. Una hermosa fiesta para agradecer a Dios el inmenso regalo de tener una madre tan buena y santa. Y aunque apenas pasaré esta noche en Madrid, porque mañana temprano viajo con la comunidad a Lisboa, Coimbra y Fátima, no quiero que os falte el mensaje semanal, muy especialmente en el comienzo de esta Semana especial, la Semana Grande del cristianismo, la
única semana que es llamada Santa.

Ya sé que para mucha gente es sólo una semana de vacaciones, o una semana con el barniz cultural todavía católico de nuestra sociedad. Para otros, es la principal semana de la fe cristiana, la memoria viva de los acontecimientos que marcaron y cambiaron el rumbo de la historia del mundo: la muerte y la resurrección de Cristo. Y es que aunque no se sea creyente, yo pienso que
siempre impresiona la  figura de Cristo.

A nadie deja indiferente su valentía, si coherencia, su entrega hasta el final por la misión que había venido a cumplir, sin importarle Caifás, Pilatos, Herodes, o la negación y la traición de sus discípulos. Cómo no maravillarse ante tal entrega, ante tal amor hasta el final. Cómo no pensar que su mensaje de perdón, de compasión, de misericordia, de paz sigue siendo tan actual y necesario como ayer.

La historia del juicio y de la muerte de Cristo es una historia que se repite. Es la historia de los inocentes crucificados que llevan la cruz del hambre, la injusticia, la insolidaridad y el egoísmo de los humanos. Sigue existiendo la negación de Pedro, la traición de Judas, el lavado de manos de Pilatos, la conveniencia del poder político-religioso de Caifás. Afortunadamente también existen las Marías y Juan junto a la cruz, las Verónicas compasivas, los Cirineos solidarios. ¿Dónde estoy yo, dónde estás tú?. ¿Negamos la realidad de los que sufren, como Pedro; traicionamos el ideal como Judas; nos lavamos las manos y miramos para otro lado como Pilatos; seguimos con nuestras diversiones como Herodes; nos juntamos al poder de turno como Caifás? ¿O salimos al
encuentro del que sufre y secamos su rostro con el paño de nuestra solidaridad como la Verónica; y aunque no nos corresponda toda la responsabilidad, e incluso lo hagamos a regañadientes, compartimos la cruz de los ajusticiados como el Cireneo?. La Semana Santa no son procesiones o películas sensibleras en TV o en el cine. También será eso, pero no es eso lo esencial. Las procesiones de la Semana Santa deambulan por nuestras calles y ciudades de nuestro país, de nuestras ciudades y de nuestro mundo a diario, y tienen rostro concreto de anciano abandonado, de niño explotado, de mujer discriminada o golpeada, de inmigrante sin trabajo y rechazado, de enfermo incurable y desesperanzado, de joven lleno de bienestar y vacío de cariño.

 Tiene rostro de víctima y se llama palestino, iraquí, africano, centroamericano, europeo, afgano, asiático, español. Y es vecino cercano, de la misma calle y puede que de la misma familia. Cristo no sólo se pasea por nuestras calles vestido de nazareno, en hermosas estatuas de madera o de escayola. La Virgen dolorosa deambula perdida en su dolor, si mantos cargados de hilos de oro ni de manos enjoyadas, en tantas mujeres y madres sufrientes, que llevan sobre sus espaldas las muertes prematuras de sus hijos o la carga pesada de toda la familia. 

La Semana Santa es algo serio, algo actual. Es la llamada al Amor de verdad, al Amor hasta el final. Es la invitación a la solidaridad, a la lucha por un  ideal, una meta, un sueño, un camino mejor  para la humanidad.

Imponente Cristo, impresionante Cristo. Urgente su mandamiento nuevo de "amarnos los unos a los otros" como El nos ha amado. 

Hermoso el mensaje que os mando, que te mando esta semana. La historia de un ruiseñor que da la vida por fidelidad a una amistad y a un agradecimiento. Como lo hizo Cristo por nosotros. Ojalá que no seamos tan desagradecidos como el joven de esta historia. 

Deseo de corazón que tengas que una semana especial, que descanses, que te tomes tiempo para la familia, los amigos, la contemplación de la naturaleza. 

Pero que no olvides tampoco el profundo sentido espiritual y humano de estos días. Que también tengas tiempo para pensar, para reflexionar, para rezar. Y para mirar con compasión y solidaridad a cuantos sufren cerca o lejos de ti. Con todo mi cariño y mis mejores deseos. ¡FELIZ SEMANA SANTA Y SANTA SEMANA FELIZ!. 

Tu amigo.

Diego Millán García, C.S.V.