REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Si amáramos de verdad"

Queridos amigos y amigas:

Hoy he paseado por el parque del Retiro de Madrid, un auténtico pulmón verde de la ciudad y un  oasis de tranquilidad en medio del ruido incesante que produce el  rodar de los coches y los mil y un sonidos que castigan a diario nuestros tímpanos. Las lluvias copiosas y el calor inesperado de estos últimos días han hecho explotar definitivamente toda la exhuberancia escondida durante el invierno y poblando los parques, las calles y los jardines de un espectáculo multicolor que alegra los sentidos y teje de belleza los paisajes y de alegría los corazones.

Por un día, la ciudad se ha hecho camino peatonal y fiesta de la fraternidad en la Maratón Popular que ha reunido a más de trece mil participantes, de toda raza, edad y condición. Un mosaico humano unido, paso a paso, codo a codo, en una deportiva carrera que no tiene un objetivo mayor que, además de correr y quizá ganar, el divertirse y participar. Y he pensado en lo fácil que sería si en la carrera diaria que es la vida pusiéramos todo nuestro empeño por reconocernos como seres humanos, dignos de nuestra estima, respeto y solidaridad. Unidos en un mismo fin, el de ser felices, el de hacer felices a los demás, porque al fin y al cabo vamos todo en el mismo barco que es nuestra tierra común, y la vida es demasiado corta como para estropearla con nuestras mezquinas peleas y nuestros absurdos egoísmos.

Hoy el Evangelio de este domingo nos recuerda que estamos habitados por el Espíritu de Dios, que no es otra cosa que un Amor incondicional que nos iguala y nos hace a todos hijos y hermanos, más allá de razas, religiones y culturas. Si aprendiéramos a mirarnos así,  sin prejuicios, con la mirada empática y la mano acogedora, se derrumbarían tantos muros, se construirían tantos puentes, serían felices tantas personas, empezando por nosotros mismos. He comprobado esto hace pocos días. Tengo un amigo musulmán llamado Farid. Me acompañó a una cena de jóvenes recién confirmados que celebrábamos esta experiencia maravillosa para un cristiano que es renovar la fe del bautismo y hacer consciente la presencia del Espíritu Santo. Mi amigo Farid iba con miedo, nunca había estado en una reunión tan grande de españoles ni de cristianos. Y una vez experimenté lo que ya sabía: que la acogida y el amor hacen milagros, acercan los corazones, derriban las murallas, superan las diferencias. Salió de esa celebración pletórico de alegría y habiendo cambiado su idea de los cristianos. Lo mismo que hicieron todos los demás. Y es que hay algo común que nos une a todos: la necesidad de amar y ser amados, de ser valorados, de ser importantes y especiales para alguien.

Os adjunto un hermoso mensaje que nos recuerda que la vida sería más fácil y llevadera si todos pusiéramos de nuestra parte en cumplir unas mínimas leyes de convivencia y sobre todo si pusiéramos más amor en todo lo que hacemos y más respeto y consideración hacia todos los que nos rodean.

También os envío un simpático y profundo poema de la gran poetisa española Gloria Fuertes, que nos habla de cómo y dónde encontrar a Dios y nos invita a estar atentos a su presencia en tantas cosas pequeñas y humildes que nos pasan en la vida, y sobre todo dentro de nosotros mismos.

Para terminar un recuerdo de todos los Trabajadores del mundo, con motivo del 1 de Mayo, para que esta fiesta de origen socialista no pierda su carácter reivindicativo a favor de los derechos de quienes todavía en el mundo sufren la explotación y la discriminación laborales.  Y una especial felicitación para mis amigos alaveses que conmemoran esta semana a San Prudencio, y   para Madrid, que el próximo 2 de Mayo celebra su gran fiesta, la que  conmemora los 200 años de la Guerra de la Independencia y la sublevación en 1808 de los madrileños contra los ocupantes franceses y la posterior represalia de Napoleón,  magistralmente inmortalizadas por el pincel de Goya, uno de nuestros más geniales pintores. Una vez más la historia se repite, David vence a Goliat, la fuerza y la violencia de los poderosos se estrellan con la valentía y el fervor patriótico de los oprimidos, la avaricia es vencida por la solidaridad, el bien triunfa sobre el mal.

Disfruta todo lo que puedas de la vida. Aprovecha el fin de semana, si puedes, para contemplar más despacio y con más amor el espectáculo de la vida y de la naturaleza, la belleza y la bondad que habita en tantas personas que te rodean, como son tu familia, tus amigos, y esos seres humanos que se cruzan a menudo en los caminos de tu vida. Descubre esa presencia escondida de Dios en cada ser que respira, en cada mirada que serena, en cada mano que comparte, en cada flor que embellece, en cada risa que contagia, en cada trino que alegra, en cada corazón que acoge, en cada oración que fortalece y consuela.

Para mí es fácil cada semana volver a renovarte mi cariño, a recordarte en mi oración y a desearte toda la felicidad que te mereces. Besos y abrazos desde el corazón de este amigo que no te olvida. 

Diego Millán García, C.S.V.

 

POEMA DE GLORIA FUERTES: ¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

 Un hombre pregunta.. ¿Dónde está Dios?... Se ve, o no se ve. Si te tienen que decir dónde está Dios, Dios se marcha. De nada vale que te diga que vive en tu garganta. Que Dios está en las flores y en los granos, en los pájaros y en las llagas, en lo feo, en lo triste, en el aire y en el agua;  Dios está en el mar y, a veces, en el templo; Dios está en el dolor que queda y en el viejo que pasa, en la madre que pare y en la garrapata, en la mujer pública y en la torre de la mezquita blanca. Dios está en la mina y en la plaza. Es verdad que Dios está en todas partes, pero hay que verle, sin preguntar que dónde está, como si fuera mineral o planta. Quédate en silencio, mírate la cara. El misterio de que veas y sientas, ¿no basta? Pasa un niño cantando, tú le amas: ahí está Dios. Le tienes en la lengua cuando cantas, en la voz cuando blasfemas, y cuando preguntas que dónde está, esa curiosidad es Dios, que camina por tu sangre amarga. En los ojos le tienes cuando ríes, en las venas cuando amas. Ahí está Dios, en ti; pero tienes que verle tú. De nada vale quién te le señale, quien te diga que está en la ermita, de nada. Has de sentirle tú, trepando, arañando, limpiando, las paredes de tu casa. De nada vale que te diga que está en las manos de todo el que trabaja; que se va de las manos del guerrero, aunque éste comulgue o practique cualquier religión, dogma rama. Huye de las manos del que reza, y no ama; del que va a misa, y no enciende a los pobres una vela de esperanza. Suele estar en el suburbio a altas horas de la madrugada, en el Hospital, y en la casa enrejada. Dios está en eso tan sin nombre que te sucede cuando algo te encanta. Pero, de nada vale que te diga que Dios está en cada ser que pasa.
Si te angustia ese hombre que se compra alpargatas, si te inquieta la vida del que sube y no baja, si te olvidas de ti y de aquellos, y te empeñas en nada, si sin porqué una angustia se te enquista en la entraña, si amaneces un día silbando a la mañana y sonríes a todos y a todos das las gracias, Dios está en ti, debajo mismo de tu corbata.