REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN
"Todo es para nuestro bien"
Queridos amigos y amigas:
os escribo recién pasado en el hemisferio norte el solsticio de verano, la que se llama la noche de san Juan, la noche más corta del año, la noche del fuego purificador, la noche de la luz, la noche en que el ser humano renueva su confianza ancestral en el triunfo de la luz sobre la noche, del bien sobre el mal, la noche en que el fuego se convierte en elemento que exorciza los miedos y afianza la esperanza. Noche pagana cristianizada con la festividad del nacimiento de Juan el Bautista, el gran y último profeta del antiguo testamento y el precursor de la llegada del Mesías Jesús, tan importante que sólo de él, además de Cristo y la Virgen María, la Iglesia celebra su nacimientos a este mundo, porque de todos los demás celebra el nacimiento para el cielo, o sea, el día de su muerte terrenal.
Un hombre coherente hasta el final, fiel a su misión y a sus ideas, que no se echó para atrás ante las amenazas y prebendas del tirano Herodes, un ejemplo para nosotros y esta sociedad nuestra que se echa para atrás ante cualquier adversidad, que elude la dificultad, que no encuentra ningún valor al sacrificio de una vida que no se pliega a las circunstancias cuando están en juego valores fundamentales.
Y es que rehuimos todo lo que sea dolor, sacrificio, dificultad, adversidad como algo negativo que no sirve para nada. Y cuando nos llega nos quejamos y lamentamos y buscamos la manera de evitarlos como si nada tuvieran que aportarnos a nuestra vida. A los niños se les evita las dificultades y se les da todos los caprichos. A los jóvenes se les esconde la dura realidad de la vida, del futuro laboral y profesional. A los adultos se nos intenta maquillar la enfermedad, el fracaso, la soledad, la muerte.
Pero la realidad está ahí, no se
puede esconder. No preparamos también para esa parte de la vida que es
inevitable y para la que es mejor estar preparados en el ejercicio cotidiano de
asumir pequeños obstáculos que nos ayudarán después a superar los grandes. Y
no es por ser masoquistas, sino por ser realistas. Parece demostrado que las
personas que no asumen riesgos, que no afrontan adversidades, que no tienen en
su vida dificultades o no que se responsabilizan de las decisiones y opciones
que algún momento hay que tomar, no maduran ni crecen como personas libres y
responsables. Ahí tenemos a tantos deportistas y genios de toda índole que han
sabido crecer en la dificultad, y que gracias a la dificultad han llegado a ser
lo que son. Porque la
dificultad, la adversidad o el fracaso, bien encauzadas son fuente de sabiduría
para tomar otras opciones o para perfeccionar las que ya hemos tomado. Porque no
es la dificultad el problema, sino el cómo la afronta cada uno de nosotros.
Ante una misma dificultad, problema, enfermedad, unos lo viven en positivo,
aprovechando las nuevas posibilidades, y otros simplemente ven siempre la
botella medio vacía y de deprimen y se retiran.
La misma Biblia y la sabiduría de todas las religiones nos hablan de esta dimensión positiva y maduradora de las dificultades.
Yo viviré esta próxima semana una
experiencia dura pero muy positiva. Con unos 30 jóvenes volveré a emprender la
ruta del Camino de Santiago. Durante 6 días a una media de 25 km diarios,
andando, mochila en ristre, posible calor o lluvia, pero con una meta: llegar a
Santiago, no importa el precio del cansancio o las dificultades que haya que
afrontar. Un ejemplo de la vida
misma.
Os mando un mensaje muy bonito creo yo, precisamente para ayudarnos a afrontar los problemas y volverlos positivos y enriquecedores. Y es que como nos dice san Pablo, para los que creen en Dios, e incluso para los que no creen, diría yo, todo, lo bueno y lo malo, todo les sirve para bien, si ellos así lo ven y lo viven.
No sé si con motivo de mi viaje a Compostela, podré mandaros mensaje la próxima semana. Al menos tenedme presente en vuestro pensamiento y oración a mí y a mis jóvenes.
Os deseo y te deseo una feliz semana. Y si estás atravesando una dificultad del tipo que sea, intenta mirarla desde el lado positivo de lo que puede aportarte en tu crecimiento personal; en vez de lamentarte y quejarte, en vez de darle vueltas sin salida, busca otra ventana si la puerta de ha cerrado, porque siempre hay luz en el túnel aunque ahora no seas capaz de verla. No olvides, si eres creyente, que Dios nunca nos deja de su mano si confiamos en Él y en que Él siempre quiere lo mejor para nosotros.
Con todo mi cariño.
Diego Millán García, C.S.V.