REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Tú vales mucho"

Queridos amigos y amigas: 

Un saludo cariñoso matutino desde este Madrid iluminado por los primeros y ya casi otoñales rayos de sol que refulgen en un cielo moteado de ligeras nubes altas. 

Hace muchos años leí algo que siempre se me ha quedado grabado y que me ha ayudado a no perder el sentido de la realidad y sobre todo a no perder mi autoestima. Decía algo así como que hagas lo que hagas o digas lo que digas, es una ley sociológica que siempre habrá un cincuenta por ciento de personas que estarán en contra. Luego, no te preocupes de agradar a todos. Y no te amargues por no caer bien a todo el mundo. Siempre habrá alguien que te critique. El libro donde lo leí se llama "Tus zonas erróneas". 

Y eso me ha dado mucha paz en multitud de ocasiones en que se tambalea el amor a uno mismo ante las críticas de los otros, unas bien intencionadas y otras no tanto. Es evidente que lo que opinan los demás de nosotros nos afecta en mayor o menor media, y en la media en que dejamos que esas opiniones nos afecten. Porque no siempre esas opiniones vienen motivadas por el amor o la crítica constructiva sincera. A veces, aparecen camuflados otros sentimientos que van desde la envidia al odio. No a todo el mundo les gusta nuestro modo de pensar o de hacer. Y quien pretenda agradar a todos, será para él una fuente de frustraciones. Debemos contar con la crítica y la oposición y tenerlas en cuenta siempre que sean sinceras y nos ayuden a crecer. Si pretenden hundirnos en la amargura o retroceder en nuestras profundas convicciones o rebajarnos en nuestra positiva percepción de nosotros mismos, lo mejor es no tenerlas en cuenta. Porque también he aprendido que el orgullo puede ser por arriba o por abajo: tan orgulloso es quien se cree superior como el que no se cree nada.
Los dos faltan al sentido de la realidad. 

Cada uno de nosotros tenemos dones y cualidades únicas pero no significa que las tengamos todas. Los demás también tienen cualidades únicas. Se trata de valorarse cada uno en la justa medida, ni más ni menos que los demás. Compararse es fuente de amargura. Ser uno mismo, con sana positividad y alegría, ofreciendo lo mejor de cada uno, sin pretender que los otros sean y piensen igual, sin mirar a los demás por encima del hombro, pero tampoco por debajo. Aceptarse como uno es, con defectos y
virtudes. No entrar en el juego de las rivalidades. Descubrir el don del otro y acogerlo. No dejar de iluminar porque otros pretendan apagar nuestra luz. De eso trata el hermoso mensaje que os mando hoy sobre la historia de una luciérnaga, que espero os guste y os haga bien. 

Como la luciérnaga, que siendo tan pequeña irradia luz cada noche, no dejes de brillar ni de hacer el bien ni de ser tú mismo. No dejes que nadie apague tu luz. Tú vales mucho. Si eres creyente, sabes que esa luz te viene de Dios y es única e irrepetible en el universo. Y estás llamado a ser luz, una luz cada día más limpia y luminosa, una luz que se reflejará en tus comportamientos diarios en forma de sonrisa, amabilidad, sencillez, alegría, acogida al otro, capacidad de perdón, solidaridad con el necesitado.

También os envío una hermosa poesía que igualmente leí hace años y que al menos a mí me ha hecho siempre bien volver a recordarla. Nos invita a ser aquello que somos y a sacar lo mejor que tenemos, sin compararnos, cada uno según sus capacidades y sus cualidades, sin menospreciar a nadie, sin creerse uno el centro del universo, pero tampoco la basura del cosmos. Lo que somos es un don y como don debemos entregarlo también al servicio de los demás. Y no olvides aquello de "ama a tu prójimo como a ti mismo". Porque no podemos amar a los demás ni aceptarlos tal como son, humanos, con defectos y virtudes, si no empezamos por amarnos y aceptarnos a nosotros mismos.
Deseo que tengas una feliz, sana, pacífica, solidaria, alegre y luminosa semana. Con todo cariño. Tu amigo.

Diego Millán García, C.S.V.

"Si no puedes ser pino en la punta de una colina,
sé arbusto en el valle,
pero sé el mejor arbusto al margen del regato.

Sé ramo si no puedes ser árbol,
si no puedes ser ramo, sé un poco de césped
y da alegría a algún camino.

Si no puedes ser almizclero, sé tilo;
¡pero el tilo más vivo del lago!

No todos podemos ser capitanes,
tenemos que ser tripulación.
Hay algo para todos nosotros en este mundo.
Hay cosas grandes
y otras más pequeñas que realizar;
y es la próxima tarea
la que tenemos que emprender.

Si no puedes ser carretera, sé sendero.
Si no puedes ser sol, sé una estrella;
no es por el tamaño
como se tiene éxito o fracaso.

Pero por encima de todo,
"Sé lo mejor de lo que fueres".