REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN
"Una pasada de vida"
Queridos amigos y amigas:
Aprieta el calor en Madrid, huele a final de curso escolar, se desean las reparadoras vacaciones. Mientras, en lejanas tierras del sur del mundo arrecian los fríos, se acortan los días, se enciende el calor del hogar. Van pasando las estaciones, os días, las horas, los años. Pasa la vida. Y pasamos nosotros por ella. Pero, ¿sabemos a veces hacia dónde vamos?.
He leído estos días varios artículos y entrevistas sobre la necesidad de recuperar valores en nuestros días y en nuestra sociedad, donde se ha instalado la vivencia de lo efímero, no como angustioso, sino como estimulante. Se vive al día, se ama al día, se consume al día, se acumula al día. ¿Qué permanece?. Nada. Todo se cuestiona, todo se pasa de moda. La tradición y los valores, ¿para qué?. Vivimos el presente como si nada más existiera. La muerte es mejor mantenerla escondida y en pensamiento tabú. No se piensa en ella ni se nombra. Y si nos llega, hay que maquillarla para presentarla bien. La vida, y la vida presente, es lo que importa. Todo es relativo, nada es absoluto.
Y conste que nada tengo contra el vivir el presente, aprovechar la vida, amar la vida, cosas que considero profundamente humanas y cristianas. Tampoco estoy contra la diversión o contra el consumo. No creo en los extremos. En eso estoy con Aristóteles: la virtud está en el equilibrio. O con san Pablo, que nos invita a no tener miedo a nada, y a quedarnos siempre con lo bueno. Y es más, soy partidario de vivir cada día con intensidad, como si fuera único, conscientemente, poniendo en cada instante el sello de la eternidad y del amor.
Lo que me preocupa es que para
muchos vivir el presente es olvidarse del pasado y no pensar en el futuro. Vivir
el presente es vivir todo y a veces sin sentido. Exprimirlo todo. Y lo que es
peor, consumirlo todo, creyendo que somos más libres y más felices. Pero nos
engañamos, nunca ha habido tanto bienestar económico en la parte norte del
mundo (otro tema sería hablar de las desigualdades e injusticias que ello
genera en la otra parte de la tierra) pero más que nunca hay gente infeliz,
solitaria, deprimida, enganchada a una y mil adicciones de todo tipo. Ya no
sabemos vivir sin el móvil, sin el mp3, sin el ordenador, sin los últimos
adelantos de la técnica, sin la ropa de marca, sin la referencia de la moda. No
sabemos vestirnos si no sabemos cómo se visten los famosos mediáticos. Las
diversiones y el ocio los marca la empresa y el mercado, no nuestros gustos
personales. Nos creemos más libres, y vivimos esclavos de montones de pautas y
mensajes comerciales. El fútbol se ha convertido para muchos en una religión
mediática que mueve pasiones y millones. Los humanos no hemos cambiado nada,
seguimos pensando, como los antiguos egipcios, que nos llevamos todo consigo
cuando nos muramos. Vivimos y
consumimos como si se fuera a acabar el mundo.
Y quedan por el camino valores que importan y que sí son la felicidad verdadera. Os mando este mensaje en forma de cuento que nos invita a vivir la vida como de paso, como si nada nos lleváramos, o como si realmente lo que nos lleváramos fueran los nombres de tantas personas que hemos amado o ayudado, el cariño que hemos entregado, la alegría que hemos derramado, las heridas que hemos curado, los corazones que hemos levantado, las sonrisas que hemos producido, los agradecimientos que hemos suscitado.
Que no se te vaya la vida en pensar
qué vas a consumir, sino a cuántos seres humanos vas a amar hoy, cómo vas a
ser amable hoy, cómo vas a disfrutar de tu familia hoy, cuánto tiempo te vas a
dedicar a ti mismo y a tu espíritu hoy. Ojalá que el mensaje de esta semana te
ayude a vivir con intensidad y
conciencia este día y cada día. Deseo, como se dice en España, que tu vida
sea una pasada, o sea, una vida llena y feliz, y una vida con conciencia de
paso, para que así la entregues cada día con libertad y amor.
Con todo cariño.
Diego Millán García, C.S.V.