REFLEXIONES POR DIEGO MILLÁN

"Valorar y compartir"

Queridos amigos y amigas: 

Sin duda que muchas veces habéis oído aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor". Yo no estoy muy de acuerdo con que eso sea siempre así.

Comenzamos una semana marcada por la solidaridad. El día 11 de cada Febrero la organización Católica Manos Unidas nos recuerda una terrible realidad: millones de personas en el mundo siguen muriendo de hambre, entre ellas unos 10 millones de niños cada año. Y lo tremendo de la situación es que es una situación evitable. Porque en el mundo hay alimentos para todos, pero están sin duda mal repartidos. El occidente del hemisferio norte y algunos países del hemisferio sur acaparan el mayor consumo y despilfarro, mientras dos terceras partes de la humanidad viven en la pobreza y una tercera parte en la miseria. 

A mí, lo que más me impacta es pensar que es precisamente en este hemisferio norte rico donde habitan la mayoría de los países quizá mal llamados "cristianos", o sea, los que más deberían hacer por evitar estas horribles desigualdades en la distribución de las riquezas. 

¿Dónde hemos dejado la llamada de Cristo a la fraternidad, la igualdad y la solidaridad?. ¿Qué hemos hecho del testimonio de las primeras comunidades cristianas entre las que no había pobres porque todo lo distribuían equitativamente?. 

Sin duda, no estamos cumpliendo el mensaje de Cristo. No es raro que algunos antiguos padres de la Iglesia dijeran aquello de que "cuando un hombre muere de hambre, no muere, lo matamos". Y es que el hambre es el principal de los crímenes contra la humanidad, la peor de las guerras, la más peligrosa amenaza. Pero en muchos casos seguimos mirando para otro lado o cambiamos de canal de TV cuando
las imágenes de las desgracias humanas tocan a las puertas de nuestra conciencia y de nuestro corazón. Y mira que sería fácil acabar con esta horrorosa lacra: bastaría con dedicar una mínima parte de lo que el mundo gasta en armas, bastaría con cambiar las leyes del comercio mundial, bastaría con consumir menos, bastaría con aportar cada uno algo de su presupuesto familiar o personal. 

Es cierto que el problema es de fondo y estructural; es cierto que abunda la corrupción en muchos países del Tercer Mundo cuyos gobiernos se apropian de las ayudas destinadas a sus países. Pero no es menos cierto que muchas causas tienen que ver con nuestro modo de vivir, con nuestros egoísmos, con nuestra resistencia a compartir, a consumir menos, a colaborar más en organizaciones que luchan por erradicar estas injusticias del mundo. 

Nos excusamos diciendo que vivimos en un mundo marcado por la ley de la oferta y la demanda, un mundo donde el consumo es esencial para el crecimiento y el desarrollo. Y eso también es verdad, pero no es la única verdad ni puede servir de adormidera de nuestra conciencia. El mundo es de todos, fue creado
para el disfrute de todos, lo dice la Biblia, lo dice la Iglesia, lo dicen la mayoría de las religiones. Todos tenemos responsabilidades. De cada uno depende el uso que hacemos de los bienes. El consumo es necesario, pero el consumo superfluo es perjudicial para otros. No podemos ser felices a solas. También los demás tienen derecho a disfrutar de los bienes de la tierra y de las ventajas del desarrollo, de la ciencia, de la técnica del bienestar. 

Pero no quiero quedarme en una reflexión de palabras o de denuncias. Sé que la solidaridad empieza por cada uno, es una opción personal. Cada uno de nosotros, tú y yo, podemos hacer algo, aunque sea poco. Una gota no hace un océano ni un grano de arena un desierto, pero si millones de gotas y millones
de granos. Yo solo no puedo cambiar el mundo, pero con otros muchos, podemos hacer algo. 

Manos Unidas, una de las más conocidas y eficientes ONG en la lucha contra el hambre te ofrece la posibilidad de colaborar en proyectos para el desarrollo, que es la mejor manera de combatir el hambre de hoy y el hambre del mañana. No te quedes con los brazos cruzados, abre tus manos, únelas a otros, aporta lo mejor de ti mismo, que no es sólo dinero, aunque también es dinero. Sal al encuentro del que tiene hambre de pan, y también al que tiene hambre de amor, de escucha, de tu tiempo, de tu cariño, de tu apoyo, de tu compañía. Mira el ejemplo de quien fue sin duda el modelo de una fe cristiana llevada al extremo de la entrega a los pobres más pobres, la Madre Teresa de Calcuta. 

Te dejo el mensaje de esta semana, que es duro, pero es real. Y por favor valora más lo que tienes, sé más agradecido, quéjate menos y comparte más. Y también te dejo una hermosa oración de la madre Teresa que espero te guste y te haga pensar y te haga bien. Con mucho cariño. Ah, y no dejéis de ver la película "Crash", para irnos haciendo idea de lo que puede pasar en nuestras sociedades multiculturales si no educamos para la tolerancia y el respeto hacia todo ser humano.

Diego Millán García, C.S.V

 

"Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que tenga necesidad de alimento.
Cuando tenga sed, mándame a alguien que necesite de bebida. Cuando tenga frío,
mándame a alguien para que lo abrigue. Cuando tenga un disgusto, ofréceme
alguien para que lo consuele. Cuando mi cruz se vuelva pesada, hazme compartir
la cruz de otro. Cuando me sienta pobre, condúceme hasta alguien que esté
necesitado. Cuando tenga tiempo, dame alguien a quien pueda ayudar unos
momentos. Cuando me sienta humillado, haz que tenga a alguien a quien alabar.
Cuando esté desanimado, mándame a alguien a quien dar ánimos. Cuando sienta
necesidad de comprensión de otros, mándame a alguien que necesite de la mía. 
Cuando necesite que se ocupen de mí, mándame a alguien de quien tenga que
ocuparme. Cuando pienso sólo en mí mismo, atrae mi atención sobre otra
persona. Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos que, en todo el
mundo, viven y mueren pobres y hambrientos. Amén".

Madre Teresa de Calcuta