...Y EL DOLOR SE HIZO CARNE
En el cuarteto de limpios amores con que la mujer incide en la vida del hombre - madre, hermana, esposa e hija - no importa la circunstancia de como cada una se llame desde el bautismo, aunque un nombre es siempre portador de recuerdos entrañables lo que de verdad importa es la función que ese amor desempeña en nuestra vida al darnos el ser, acompañarnos en la niñez, hacerse madre de nuestros hijos y, en último caso, siendo fruto de nuestro santo amor conyugal.
Por eso, a la Madre de Dios hecho hombre, se le cita muchas más veces en virtud de estas funciones - Esclava del Señor, Madre de Dios y Madre Nuestra, Corredentora y Virgen Santísima - que por su nombre. María, con ser este el más bello nombre de mujer que en todos los idiomas se pronuncia con clara y sencilla fonética como previniendo la universalidad con que se la venera, aún por los que, siguiendo otros credos, convierten en simplemente humana su excelsa maternidad.
Y así, María era llamada por cuantos la conocían como una dulce y piadosa doncella de Nazaret, María siguió llamándose cuando desposó con José el carpintero, un gran muchacho, sencillo y ejemplar, señalado por el dedo de Dios para la más alta paternidad de la historia humana. María, en fin, fue llamada por el Ángel que le anunció el bello milagro de la Encarnación. Habría que esperar más de treinta largos y borrosos años, para que el dolor buscase asiento en su corazón de Madre, cuando los signos empezaron a denotar que había llegado la plenitud de los tiempos y que, unos tras otros, y como siete lascerantes puñales iban a herirlo, creando una nueva imagen de María Dolorosa, que terminaron consustanciándola con la Redención junto a la Cruz juxta crucem hasta que todo se hubo consumado.
Por eso cuantos apelativos añadió después la piedad popular tan embuida siempre de marianismos; cuantas advocaciones pespuntaron la geografía mariana de España, surgieron de matices, referencias y localizaciones o nacieron del amor filiar que inventa adjetivos cariñosos para el ser amado; pero es bueno significar en éste año jubilar en que el Venerable Orden Tercero de Servitas conmemora en Cádiz un lejano aniversario que acredita la hondura en el tiempo de una popular devoción que la advocación de Nuestra Señora de los Dolores y el apelativo, común y genérico, de Dolorosa, a las imágenes de Pasión co-titulares de casi todas las cofradías andaluzas, provienen de que hace dos mil años, en la Madre de Dios, el dolor se hizo nombre.
Bartolomé Llompart
(Artículo publicado en el Boletín Editado por la V.O.T. de Cádiz con motivo del 250 aniversario de su fundación)