AVE MARÍA
Queridos hermanos:
Otra vez es Navidad y nuevamente recibimos de Dios el regalo que lo cambia todo, el regalo que es esencial para nuestra existencia humana: Jesús, la Palabra hecha carne, es el regalo de Navidad, el regalo que día con día cambia todo en nuestra vida, ya que por medio de Él, Dios con nosotros, Emmanuel, aprendemos cómo vivir en esta tierra.
El mismo Jesús aceptó el regalo, el don de la vida, en nuestra condición humana y, con su breve paso por el mundo, que no superó los 33 años, se convirtió en Buena Nueva, en alegre noticia; se hizo regalo para todos, amando a todos con hechos y en la verdad (cfr. 1Jn 3, 18) dando su propia vida.
Esto
cambia todo en nuestra existencia humana, en nuestra vida como discípulos
suyos. Jesús ha recibido y ha dado, y nos invita a hacer lo mismo; a ser
regalo:
a curar a los enfermos (Lc 4,
40),
a compartir nuestro “poco pan” con los hambrientos (Mt
14, 16),
a salir al encuentro de los pecadores (Lc 19, 1-10),
a sacar a los muertos de sus tumbas (Jn 11, 1-44),
a reconocer la transparencia y generosidad de las personas (Jn
1, 47; Lc 21, 1-4)
a compadecernos de las muchedumbres cansadas y confundidas (Mt
9, 36),
a interpretar los signos de los tiempos (Mc 8, 11-13; Lc 12,
54-59),
a no cerrar los ojos frente a la miseria y a la injusticia (Lc
4, 16-21),
a bendecir, a hablar bien, a no ofender y a no calumniar (St
3, 1-12),
a ser misericordiosos (Jn 8,
11),
a conmovernos con el dolor (Jn
11, 33),
a no permanecer sordos a la llamada de Dios
.....
en pocas palabras, a pasar por el mundo haciendo el bien (Hch
10, 38).
El regalo que recibimos de Dios, cambia todo en nuestra vida; y Jesús nos invita a ser regalo para los demás, a vivir con pasión lo que somos y lo que hacemos:
A inspirarnos en Santa María para poder buscar y experimentar a Dios, reconociendo y valorando todos los instrumentos a nuestra disposición, permaneciendo atentos a las indicaciones del Espíritu (Const. 6) en el secreto del corazón, en la vida de los hermanos y en los acontecimientos de la historia.
A inspirarnos en Santa María para poder servir cualitativamente a nuestros hermanos en todos los “apostolados” de nuestra vida, mostrándonos siempre abiertos, acogedores, disponibles, solidarios, cercanos y ecuménicos, sabiendo escuchar a todos y siendo misericordiosos.
A inspirarnos en Santa María para ponernos, sin miedo, en diálogo con las nuevas generaciones e invitarlas a asumir nuestro estilo de vida con un testimonio constante y fiel que muestre la radicalidad de la opción evangélica, haciendo una clara opción por ellos y caminando con ellos.
A inspirarnos en Santa María para comprometernos radicalmente en el diálogo como un instrumento de gran valor en el desarrollo integral de la verdad de nuestro ser, en la vida comunitaria, en la relación con la sociedad, con las otras religiones, en la vida de la Iglesia y en todas partes.
Queridos hermanos, Jesús, la Palabra hecha carne, es el regalo de Navidad. En la búsqueda y experiencia de Dios, Él es el Camino; en el servicio, Él es la Verdad; en la animación vocacional, Él es la Vida. Cristo, la Palabra que existía desde el inicio, es Diálogo, es Signo, es Sacramento, es Regalo y nos invita a ser lo mismo. En este sentido, la Navidad, el Regalo de la Navidad, es como un “memorandum”, un pro memoria que nos facilita el recordar lo esencial a partir de un acontecimiento vital, de un misterio fundamental de nuestra fe, de un hecho concreto de la historia del hombre.
El Evangelio, las prioridades del sexenio, nuestro patrimonio histórico y espiritual, iluminan también el modo de ser regalo, don para los demás.
Debemos comenzar con una “acción casera”, que parta de cada uno, de cada comunidad, de cada provincia, de la Orden entera. Nuestra vida tiene que ser más humilde y gozosa, de mayor preparación intelectual y cultural, de mucha fe y mucha esperanza, de una fuerte caridad que se manifieste en la opción por los últimos. Una vida cercana al pueblo, de oración, capaz de hablar a los demás del Dios vivo, de Cristo resucitado y de hacerlo con gestos proféticos de misericordia y contemplación.
Tenemos que “reinventar” nuestros orígenes, la capacidad de saber estar solos con Dios, la razón de nuestra existencia, y de estar juntos con Cristo, la razón de nuestra comunión.
Tenemos que prolongar nuestra fraternidad, ser amigos de los hombres y mujeres que encontramos subiendo y bajando, como los Siete, de los muchos “montes”. Tenemos que hablar menos y hacer más. Tenemos que gritar las razones de nuestra esperanza a quienes nos cuestionen a causa de la incoherencia de nuestra vida. Debemos recuperar la dimensión social y teologal de nuestros votos, para que dejen de ser obsoletos y para que dejemos de ser infieles. Tenemos que recuperar toda oportunidad de encuentro con Dios y con los hermanos para vivir la reconciliación y el perdón, la programación y la búsqueda de la verdad. Son importantes e irrenunciables nuestros conventos, pero son más importantes la calidad de nuestras vidas y la generosidad de nuestra entrega. Tenemos que aprender a ser DON para todos.
Santa María, la Mujer del eterno Regalo, nos ayude a “darnos” eternamente.
FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO A TODA LA FAMILIA DE LOS SIERVOS Y SIERVAS DE MARÍA.
Un fuerte abrazo,
Fray Ángel María Ruiz Garnica, O.S.M. Prior General
Desde nuestro Convento de Dundee, Escocia
20 de noviembre de 2005, solemnidad de Cristo Rey