FLORES PARA LA VIRGEN

(A nuestra hermana María José)

Este viernes se casaba una hermana de una hermandad. Se casaba en la iglesia donde celebra y comparte su fe. Como testigo e invitada excepcional su Virgen, la primera en invitarla como hicieron aquellos novios de Caná de Galilea. Su virgen en su paso preparada para la salida.

Esta muchacha quiso también meter en los gastos de una boda a su virgen, regalándole las flores para la salida de mañana, todo a punto para dar el si ante Dios. Estos dos novios haciendo de ministros en la ceremonia iban a hacer presente a Dios entre nosotros, a servir de espejo del amor de Cristo a su iglesia.

El convite, el crucero todo preparado con la ilusión que le ponen los novios y con la alegría que da de tener de su virgen al lado entronizada en su palio.

Pero Dios visitó su casa de sorpresa y entrando por otra puerta. Dios estuvo entre ellos dos horas antes de la boda, y se llevó a su padre.

Todo se suspendió, las lágrimas de emoción fueron cambiadas por el dolor de una despedida, aunque sea un dolor lleno de esperanza, pero dolor al fin y al cabo.

Mientras su virgen seguía con la puesta de las flores que le había ofrecido. El cura en la puerta para avisar a los invitados que no se hubieran enterado. Estos fueros tan solo cuatro. El comentario fue general, que mala suerte, esto ha sido un palo muy fuerte. La familia destrozada....

Al rato mandaba la novia por un familiar el ramo que iba a llevar, para que se lo pusieran a los pies de su virgen.

Como María, un embarazo que ni supo como ni porque, ella allí para aceptar la voluntad de Dios, como al pie de la cruz, sin comprender pero allí. Como María sin comprender ante el sepulcro, pero esperando que Dios actúe... Seguramente sin comprender, destrozada, como María en la noche mas triste para Dios, aquel primer viernes santo... confiando en su Dios con el ejemplo de María, mandó el ramo que iba a llevar para que se terminara de marchitar a los pies de su virgen.

Muchos comentaran que bonita las flores, pero las más bonitas son las que están al pie de su peana, las que pasaran más desapercibida. Pero las que con mas cariño la virgen guardara en ese cofre sin fondo que son el interior de sus manos entrelazadas para que no se pierdan tantos besos y ofrendas acumulados en tiempo.

Todo un ejemplo de entereza y fe, para los que por nada y menos titubeamos y jugamos a lo que tendría que hacer Dios. Nada más que por esta lección que me dieron hoy, ha merecido la pena la magna.

Cádiz, 8 de octubre de 2.005