MARÍA DOLOROSA

 

Adolescente  y madre ilusionada,

como un puñal, te hirió la profecía

sintiendo que la vida te ofrecía

una senda de angustias enmarcada.

 

Sufriste la siguiente puñalada

cuando Herodes su edicto establecía,

y, de Egipto a la cruz, te conducía

una historia al dolor encadenada.

 

No me atrevo a pedirle sus favores

aunque mi alma se encuentra dolorida,

son siempre más intensos sus dolores

que las adversidades de mi vida.

 

Te las ofrezco, Madre; son las flores 

que brotan de una tierra empobrecida.

                                                   

 

          

                    María Sánchez ( Julio 2.004)