MARÍA DOLOROSA

Adolescente
y madre ilusionada,
como un puñal, te hirió la profecía
sintiendo que la vida te ofrecía
una senda de angustias enmarcada.
Sufriste la siguiente puñalada
cuando Herodes su edicto establecía,
y, de Egipto a la cruz, te conducía
una historia al dolor encadenada.
No me atrevo a pedirle sus favores
aunque mi alma se encuentra dolorida,
son siempre más intensos sus dolores
que las adversidades de mi vida.
Te las ofrezco, Madre; son las flores
que brotan de una tierra empobrecida.
María Sánchez