El Rosario de las Angustias y la V.O.T. de Nuestra Señora de los Dolores (Servitas) de Tarifa

 Juan Antonio Patrón Sandoval y Francisco Espinosa de los Monteros Sánchez

 

 La expansión de la devoción rosariana en Tarifa se puede encuadrar hacia la segunda mitad del XVIII, coincidiendo con al establecimiento en nuestra ciudad de la Venerable Orden Tercera Servita (V.O.T. de Servitas).

Bajo el influjo de la Orden Tercera de Cádiz, fundada allá por junio de 1.727, acababa de fundarse en la población de San Fernando, el 26 de junio de 1759, la Orden Tercera de Nuestra Señora de los Dolores. Ese mismo año se fundaba además la V.O.T. de Servitas de Puerto Real y, el 30 de agosto, la de Chiclana. Curiosamente, hacia 1760 se establecía también en nuestra ciudad la orden seglar de los Siervos de María Santísima de los Dolores, erigiéndose en Terceros Servitas de Nuestra Señora de las Angustias al tomar como titular a la imagen – la actual Virgen de la Amargura – que con dicha advocación ya existía en una capilla de la iglesia parroquial de San Francisco de Asís, donde hemos documentado el primitivo retablo de las Angustias situado debajo del púlpito en 1704.[i]

Con todo, desde mucho antes de la fundación de la Orden ya se celebraba en Tarifa y delante de dicho altar la festividad de los Dolores de la Virgen, al menos desde 1727. En efecto, el 2 de mayo de dicho año – antes incluso de que el papa Benedicto XIII extendiera a toda la Iglesia la celebración de la fiesta dedicada a los Siete Dolores el viernes después del Domingo de Pasión[ii] – fallecía en Tarifa el presbítero Pablo de Mesa Salado. Por su testamento y última voluntad, otorgado en su nombre por el también presbítero Alonso de Aragón y Zarrias y fechado el 13 de septiembre de 1727 ante el escribano Marcos de Taboada, Pablo de Mesa dejó fundada una capellanía para que todos los años, el Viernes de los Dolores, se celebrase una misa cantada en el altar de la Virgen de las Angustias de San Francisco con asistencia del vicario, curas y beneficiados de la ciudad.

Es muy posible que desde entonces el aumento de la devoción a la Virgen de los Dolores diera lugar a una congregación de fieles en torno a la imagen de la dolorosa de San Francisco, bien influidos por el auge de las órdenes terceras de Cádiz (1727) y Jerez (1725) o quizás incluso por la hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias de Granada.[iii] Así parece intuirse del testamento del escribano Manuel de Montañana, otorgado por su mujer María de Quintanilla ante Antonio Chico Pérez Alemán el 3 de diciembre de 1734, en el que declaró en su nombre “estar debiendo a Ntra. Sra. de las Angustias sita en la iglesia del Sr. San Francisco de esta ciudad doscientos ducados de vellón, excepto los que constare por recibos haber pagado de ellos”. Es decir, pudiera ser que existiera ya una hermandad o cofradía de penitencia que velara por los cultos en torno a dicha imagen, una de las de mayor fervor popular como demuestra el hecho de que en 1736, después de llover incesantemente durante cinco meses, “se trajo a la Parroquia Mayor de San Mateo en procesión pública y penitencial la imagen de Ntra. Sra. de las Angustias sacándola de su Capilla de San Francisco, se le hizo novenario y cuyo motivo se aplacó la ira divina.”[iv]

Es de suponer, aunque no conocemos datos ciertos al respecto, que el Padre General de los Servitas concediera a petición de los fieles tarifeños una bula para que los devotos de la Virgen de las Angustias sita en la iglesia de San Francisco se erigiesen en Confraternidad de los Dolores de la Virgen, de forma que los nuevos hermanos terceros servitas de Tarifa pudieran vestir el hábito y recibieran los mismos privilegios e indulgencias que los otorgados a la Orden.

Con todo lo dicho, no es sino hasta febrero de 1761 cuando encontramos la primera referencia documental a la Orden Tercera Servita de Tarifa. Dicha referencia procede del testamento del que fuera alcaide del castillo y fortaleza de la ciudad, Alonso de Rivera y Moreno, fallecido el 14 de diciembre de 1760 y por quien sus apoderados, el presbítero Francisco Serrano y Salado y el licenciado Juan de Abreu y Cebada, al otorgar su testamento ante Antonio Chico Alemán y Conejo el 16 de febrero de 1761 dejaron “a la Orden Tercera de Ntra. Sra. de los Dolores ciento noventa y un reales por una vez”.

El establecimiento de la V.O.T. de Servitas en San Francisco habría hecho aumentar el entusiasmo de la congregación tarifeña, no siendo sino a partir de entonces cuando comienza a aparecer en la documentación nombrada indistintamente como Cofradía y/o Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias o Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores. Bajo la primera denominación aparece ya el 24 de agosto de 1762 en el testamento otorgado por Catalina Meléndez ante Antonio Chico Pérez Alemán, en el cual dispuso ser enterrada “con el medio oficio que me pertenece como a hermana que soy de la Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias sita en la iglesia del Sr. San Francisco de esta ciudad”. Como Hermandad de los Dolores aparecerá en el acta de finado de Diego Salado, sepultado el 4 de julio de 1766 en San Francisco “con entierro de medio oficio de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores”. En un margen del apunte se indicó que no era sino el mismo “medio oficio de las Angustias”.

Erigida como tal, la nueva hermandad habría adoptado como su festividad la solemnidad de la Virgen de los Dolores del 15 de septiembre, considerada por todos los pertenecientes a la orden de los Siervos de María como su celebración principal durante el año. Sin embargo, no hemos encontrado referencias exactas a ello y por cuanto se refiere a los cultos que realizaba la Hermandad de las Angustias, las escasas noticias que hemos localizado proceden nuevamente de algunas de las disposiciones testamentarias conservadas en el Archivo Parroquial de San Mateo. La primera la hallamos en el testamento de Antonia Machuca y Rivera, fechado el 17 de diciembre de 1763 ante José Javier de Olarte y Viveros, en el que la otorgante mandó “se le den otros sesenta reales de vellón a la Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias, sita en la parroquial del Señor San Francisco para que el día de su celebración de Dolores se le inviertan en cera para su culto que así es mi voluntad”. La segunda resulta del testamento del licenciado Baltasar Agustín de Arcos, cura más antiguo de las iglesias de Tarifa, dado el 14 de enero de 1783 ante el escribano Pedro de Ronda. En él, tras declararse hermano de la Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias, Agustín de Arcos dispuso que de la renta de una de las capellanías que dejaba fundadas “quiero y es mi voluntad que del superávit sea obligado a dar en cada año media arroba de cera labrada para la novena de Ntra. Sra. de las Angustias que de tiempo inmemorial a esta parte se hace en la parroquial de dicho Señor San Francisco”. Asimismo, de dicho superávit debía costearse en la misma parroquia la celebración de una nueva misa cantada el día de los Dolores de Nuestra Señora inmediato a la Semana Santa - el Viernes de Dolores - “según se acostumbra hacer por las hermanas del Santo Rosario de dicha Angustias en el otro día de Dolores y como lo hacen asimismo las hermanas del Rosario de San Mateo, procurando en razón de dichos Dolores sea con toda solemnidad y adorno de cera que alcance dicho superávit”. Parece clara, no obstante, la alusión al 15 de septiembre como “el otro día de Dolores” en el que la Hermandad de las Angustias celebraba su misa cantada, no así tanto el que estuviera a cargo del novenario.

Ya hemos visto cómo en la disposición se hace referencia indirecta al tercero de los Rosarios Públicos establecidos en Tarifa, el de la Hermandad del Santo Rosario de las Angustias, al que hemos identificado sin más con la confraternidad Servita del mismo título. Dicho Rosario, aunque radicado en la iglesia parroquial de San Francisco, bien podría verificar su salida desde la capilla del Hospital de San Bartolomé, tal y como parece que hacía todas las noches en 1784, aunque también podría ser a causa de la incipiente ruina que para entonces debía amenazar a la pobre fábrica de la iglesia parroquial. Sobre su adscripción a la V.O.T. de Ntra. Sra. de los Dolores, cabe indicar que, si bien parece ser que los Servitas no solían hacer ostentación ni exteriorización de sus actos y que la Orden rendía principalmente cultos de carácter interno a la Virgen de los Dolores, hemos constatado que en ocasiones algunas de sus congregaciones sí organizaba algún Rosario Público, como hacía la también Hermandad Servita de Ntra. Sra. de las Angustias de Jerez de la Frontera en determinados días del año.[v] Por ello, no debemos descartar que este tercer Rosario Público documentado en nuestra ciudad y el primero radicado en la parroquia de San Francisco surgiera bajo el auspicio de la nueva hermandad tarifeña erigida como Orden Tercera de las Angustias.[vi] De hecho, la primera mención a la Hermandad del Santo Rosario sita en la iglesia parroquial de San Francisco coincide en el tiempo con la aparición en la misma iglesia de los Servitas. Así, si como hemos visto la Tercera Orden de Ntra. Sra. de los Dolores está documentada en febrero de 1761 y como Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias en agosto de 1762, la primera referencia a la Hermandad del Santo Rosario de Ntra. Sra. de los Dolores aparece ya el de junio de ese mismo último año, en el que también se nombra como de las Angustias el 13 de octubre. Llegados a este punto, cabe indicar que no ofrece duda la correspondencia y el uso indistinto de las advocaciones de Dolores y Angustias para referirse a una misma imagen sita en la iglesia de San Francisco y a las asociaciones de fieles que surgieran en torno a ella.

La más que posible vinculación entre los hermanos de la Orden Tercera de las Angustias y el Rosario de igual título establecido en la parroquial de San Francisco parece deducirse del testamento de Cristóbal Moreno ante el escribano Antonio de Olarte Real, fechado el 18 de agosto de 1768 y en el cual se declaró hermano de “la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias y de su Santísimo Rosario”, y en el que otorgó un año más tarde Ambrosio Muñoz en nombre de María Ponce, el 23 de mayo de 1769 ante Antonio Chico Alemán y Conejo, en el que manifestó que su esposa fue “sepultada en la parroquia de Señor San Francisco como lo dispuso con el medio oficio del Rosario que le correspondía como hermana de Ntra. Sra. de las Angustias”. E incluso también por el de Sebastiana de Piña, quien en su testamento de 4 de diciembre de 1770 ante el escribano Félix Chico y Conejo, dispuso “sea mi cuerpo sepultado [...] con el medio oficio que me corresponde por hermana del Santo Rosario de dicha iglesia y Hermandad de las Angustias”.

Pensamos que los miembros - mayoritariamente femeninos - del Rosario de la iglesia parroquial de San Francisco no tenían por qué ser también hermanos terceros y quizás su vinculación se redujera a compartir la devoción a una misma advocación de la Dolorosa sita en la misma iglesia. De hecho, aunque bien podría responder a una escisión producida con el tiempo, algunas noticias posteriores nos presentan a ambas congregaciones de fieles como independientes y separadas. Así ocurre, por ejemplo, en el testamento del escribano público Félix Chico Alemán y Conejo, otorgado el 19 de noviembre de 1803 ante el también escribano Pedro de Ronda y donde el primero dispuso ser “enterrado en mi Parroquia que es la iglesia del Señor San Francisco con oficio de honras enteras a cuyos gastos quiero que concurran las dos hermandades del Rosario de la Soledad y Angustias, con los gastos y asistencias que les toca y les hacen a los demás hermanos (como yo lo soy) en sus entierros; asimismo lo soy de la Tercera Orden de las Angustias […] que auxiliará mi funeral como lo acostumbra con sus hermanos”; es decir, que el escribano distingue y separa claramente su condición de hermano del Rosario de las Angustias y de la Orden Tercera de las Angustias.

En cuanto a las obligaciones comunitarias, al igual que las otras hermandades del Rosario tarifeñas, la nueva congregación ejercía como hermandad de entierros, costeando un funeral de medio oficio, como se manifiesta en el testamento de José Pacheco, otorgado por su madre Mariana Pérez el 19 de noviembre de 1762 ante Antonio Chico Alemán y García, en el que declaró haber sido sepultado con “un entierro de medias honras que le hizo la hermandad del Santo Rosario de Ntra. Madre y Sra. de las Angustias”. Sobre el número de misas que debían ofrecerse a los hermanos fallecidos no tenemos noticia, pero sí de que dicha obligación estaba igualmente recogida en sus reglas. Así se comprueba del testamento de Catalina de Barrios y Peña, fechado el 12 de octubre de 1765 ante Antonio Chico Alemán y Conejo, en el que dispuso ser “sepultada en la iglesia parroquial del Sr. San Francisco con el medio oficio que me corresponde como hermana que soy del Rosario de Ntra. Sra. de las Angustias de la misma iglesia, cuya hermandad me dirá también las misas y sufragios correspondientes”. Y aún más tarde por el de Andreana Ximénez Moriano, fechado el 13 de octubre de 1795 ante el escribano Manuel Ramos, en el que mandó ser enterrada con “además del medio oficio que debe hacerme la cofradía del Santo Rosario de Ntra. Sra. de las Angustias, como a individua que soy de ella y que sobre el número de misas que por la misma ha de mandarse celebrar conforme a sus constituciones”.

Cuatro años antes, en 1784, el vicario de las iglesias de Tarifa, Luis Bermúdez de Mendoza, había informado al Obispado que de las iglesias de Tarifa salían siempre después del toque de oración tres Rosarios, que realizaban una estación de media hora pues los primeros rezos los hacían en la propia iglesia, que sólo llevaban seis faroles de una luz, y que el titulado de Nuestra Señora de los Dolores salía desde la capilla de San Bartolomé, saliendo regularmente entre ellos entre veinte y cuarenta personas.[vii] Éste de los Dolores no es sino el Rosario de las Angustias, que - como ya hicimos mención - quizás efectuara su salida desde la capilla del Hospital de San Bartolomé, donde también se veneraba una imagen de la Virgen frente a la cual se rezaba el Rosario por disposición testamentaria del ya mencionado Alonso de Rivera, quien mandó colocarla en la sala baja del referido Hospital de la Santa Caridad.

En los años siguientes, aunque no tenemos noticias de sus salidas procesionales, sí hemos podido documentar cómo la hermandad pervive con actividad más o menos regular hasta bien entrado el siglo XIX, al menos por cuanto se refiere al cumplimiento de sus obligaciones para con sus hermanos fallecidos.

Sin embargo, a partir de la aparición en Tarifa de la Hermandad del Rosario de la Aurora hacia 1819, detectamos un aumento paulatino en las referencias al rosario de la madrugada – al que suponemos de gran arraigo en las masas populares – mientras que comienzan a escasear los de las otras dos Hermandades del Rosario y, en particular, los de la cofradía de las Angustias. Así, su última mención la hallamos tan sólo dos años más tarde, en 1822, en el testamento de Gerónimo de Mora y Plaza ante el escribano Alonso Balongo, fechado el 26 de febrero de dicho año y en el que dispuso “ser sepultado con entierro de medio oficio de la Cofradía de las Angustias”. Aunque más que probable, no podemos asegurar, sin embargo, que esta falta de noticias significase la desaparición de la Orden Tercera de Servitas de Tarifa, pues - si bien tampoco se hace mención explícita a ella en los documentos parroquiales – sí se comprueba cómo sus hermanos o ya sólo devotos continúan enterrándose con el hábito de Dolores hasta al menos 1837.[viii]

 REFERENCIAS Y NOTAS


[i] La primera referencia al primitivo retablo de Ntra. Sra. de las Angustias, quizás integrado entonces por una tabla de la Virgen, la hallamos en el testamento de María de la Luz Gutiérrez, de fecha 13 de septiembre de 1704 ante el escribano del cabildo y público, Francisco de Quintanilla, en el que dispuso que su cuerpo fuera “sepultado en la iglesia del Señor San Francisco de esta ciudad en sepultura propia que es en la nave y junto al altar de Nuestra Señora de las Angustias”.

[ii] No fue hasta el 22 de agosto de 1727 cuando el papa Benedicto XIII extendiera a toda la Iglesia Universal la celebración de la fiesta dedicada a los Siete Dolores el viernes después del Domingo de Pasión, llamado Viernes de Dolor.

[iii] Esta posibilidad surge del testamento de Domingo Méndez, fallecido en el Hospital de la Caridad de Tarifa, otorgado por su viuda el 19 de septiembre de 1761 en Algeciras ante Cristóbal de Franega y Quevedo. En él declaró no mandarle decir más misas porque le han dicho las misas que le pertenecían diversas Hermandades, entre ellas la “de Ntra. Sra. de las Angustias de Granada”.

[iv] FERNÁNDEZ BARBERÁ, Javier. Historia de Tarifa. Madrid, 1982.

[v] ÁLVAREZ BAREA, José A. Web “Semana Santa de Jerez”, http://webs.ono.com/usr008/jaab4/angustias.htm

[vi] Así aparece en el acta de finado de Ana Dorado, fallecida el 17 de septiembre de 1784 y quien recibió los Santos Sacramentos y fue sepultada el día 18 en la iglesia mayor parroquial de San Mateo “con entierro de medio oficio que le hizo la Tercera Orden de Ntra. Sra. de las Angustias”.

[vii] Archivo Diocesano de Cádiz. Informe sobre el estado de las Iglesias de Tarifa por el vicario D. Luis Bermúdez de Mendoza. Año 1784.

[viii] La última noticia que hemos recogido al respecto se debe a María Román Gutiérrez, quien testó el 20 de julio de 1837 ante Antonio Álvarez Moreno y dispuso ser “amortajada con hábito de Ntra. Sra. de los Dolores”. Por su parte, el 20 de enero de 1831 había testado Isabel Rendón, quien dispuso igualmente ser sepultada con el hábito de Ntra. Sra. de los Dolores al tiempo que declaró ser hermana “dé la cofradía del Orden Tercero, la del Sr. Sacramentado y la de Ntra. Sra. de la Aurora”. Pensamos que esa referencia a la cofradía del Orden Tercero se podría referir, no obstante, a la Orden Tercera franciscana, vinculada en nuestra ciudad al convento que los franciscanos descalzos mantuvieron en ella hasta su desamortización en 1835.