SERVITAS SAN FERNANDO (CÁDIZ)

 

 

La Orden Seglar de los Siervos de María Santísima de los Dolores de San Fernando es una de las tres Fraternidades Seglares Servitas existentes actualmente en Andalucía,  junto a la de Cádiz y Carmona.

 

Durante el último cuarto del siglo XVII y primer cuarto del XVIII, se inicia en Andalucía la fundación de algunas de las entonces llamadas ordenes terceras servitas, caso de Málaga (1.695), Sevilla (1.720), Jerez (1.725) y Cádiz (1.727).

 

La fundación de la Orden en San Fernando tuvo lugar mediante carta de patente despachada en el Convento San Marcelo  de Roma, el 26 de junio de 1759, por el entonces Padre General, Fray José Antonio Rossi, en la que se concedía al cura párroco de la Real Isla de León, facultad para erigir orden tercera de Nuestra Señora de los Dolores. En ese mismo se fundaba la Orden Tercera de Puerto Real y dos meses después, el 30 de agosto de 1.759 se fundaba la de Chiclana.

 

El 24 de marzo de 1.760, el obispo Fray Tomás del Valle confirmó el establecimiento de la orden en la iglesia  parroquial de San Fernando.

 

Tal y como comenta el historiador isleño. D. Fernando Mosig, en algunas de sus publicaciones sobre la historia de los Servitas de San Fernando, lógicamente, con antelación a esas fechas debía existir un grupo de fieles, muy probablemente influidos por el auge de la orden tercera de Cádiz y deseosos de establecerla en la Isla, que fueron los que gestionaron la solicitud dirigida a Roma. De hecho, en documentos posteriores de la orden se expresó claramente que la patente del año 1.759 se consiguió "a solicitud de los hermanos congregados a este fin".

 

Durante sus años fundacionales la orden se rigió por unas ordenanzas simples y adecuadas a sus características de corporación naciente que contaba con escasos hermanos y medios. El progreso de la orden y el aumento de sus hermanos hizo muy pronto necesario adoptar para su gobiernos unas reglas más complejas. Se acordó entonces que la corporación se rigiera por las de la orden tercera de servitas de Cádiz, establecida en la Iglesia de San Lorenzo, y que es algo que ya había hecho anteriormente la orden de Chiclana. Esto demuestra una vez más la influencia que ejerció la orden tercera gaditana sobre sus homónimas de las localidades de la bahía, las cuales conceptuaban a la de San Lorenzo como el modelo a imitar.

 

Estas reglas gaditanas adoptadas por la orden isleña estuvieron vigentes durante medio siglo, pues fueron sustituidas por otras propias que se aprobaron ya en el año 1.815.

 

Por lo tanto, la orden tercera de servitas de la Isla de León se condujo desde poco después de su fundación según las reglas de la corporación de igual nombre de la ciudad de Cádiz. De ella también tomaron el modelo para el rezo de la corona dolorosa y para el ejercicio del septenario.

 

 La Orden rindió siempre cultos de carácter interno a una imagen de Virgen Dolorosa que se hallaba en la nave del Sagrario, en la iglesia Mayor, y que parece que procedía de la capilla de Santa María en el Castillo de San Romualdo. 

 

La adquisición de su altar, capilla y bóveda tuvo lugar en 1.764. El retablo donde recibe culto la Virgen de los Dolores fue diseñado y labrado, al parecer, por el escultor D. Miguel Monfort.

 

Durante la segunda mitad del siglo XX es cuando se le conoce un mayor estancamiento en cuanto a su presencia religiosa en la ciudad, que se inicia tras la Guerra Civil. A principios de los año 70 un grupo de jóvenes de San Fernando, alrededor de unos quince acuerdan la reanudación del culto hacia la Señora, y deciden como mejor forma para relanzarlo constituir una hermandad de penitencia. Surge así la Hermandad de Mater Amabilis en el año 1972.

 

La ilusión de los fundadores de esta hermandad queda cristalizada cuando tiene lugar la primera salida procesional o culto externo dedicado a María Santísima de los Dolores. En esta primera salida procesional, se da la circunstancia que el paso, obra del reconocido artista Manuel Guzmán Bejarano, es cargado por los propios hermanos de la cofradía. Es el primer caso que se da en San Fernando de una hermandad con un paso cargado por una cuadrilla formada exclusivamente por sus propios cofrades, circunstancia que continúa dándose, ya que los hermanos de la Orden son los que efectúan dicha labor.

 

La peculiar estampa sobria y elegante de Mater Amabilis vino a aportar una nueva forma de presenciar la Semana Mayor y es acogida con gran agrado por los isleños. Aquellos jóvenes que fundaron la hermandad deciden estudiar las verdaderas raíces de los devotos que llevaban a cabo cultos a la bella Dolorosa, una de las imágenes más antiguas de San Fernando, y en su interés por conservar la pureza de la historia, recuperan la Venerable Orden de los Servitas existente en la ciudad desde 1759. Por ello, la cofradía se hizo cargo de los escasos y sencillos enseres, así como los libros de actas y cuentas, que perduraban de la Orden desde la existencia de ésta en San Fernando y decide, en 1977, fusionar la hermandad con la Orden Seglar.

Un año antes, el cortejo procesional de Mater Amabilis -aún siendo hermandad- incorpora a Cristo crucificado como cotitular. Así, los hermanos procesionan abriendo carrera con la imagen de un crucificado realizado por el escultor isleño Alfonso Berraquero, al que deciden incorporarle la advocación de la Buena Muerte, talla que desde entonces posee una gran devoción entre los fieles, especialmente los que visitan la iglesia Mayor parroquial durante el día, a cuyos pies siempre disponen flores.

 


Fuente: Parte de la información recogida en esta página ha sido tomada de la Investigación realizada sobre los orígenes de la Orden Servita en San Fernando, por el historiador isleño D. Fernando Mosig, y que fue publicada en el suplemento "Cofrade" de San Fernando Información, los días 21 y 28 de mayo y 4 de junio del año 2.000

Fotografía Imagen y retablo: Miguel Puerta Morales