SIETE SANTOS FUNDADORES

(17 de febrero)

ORIGENES Y ESPIRITUALIDAD:

“Hagamos el elogio de aquellos hombres ilustres que fueron nuestros padres. Hombres ricos y llenos de fuerza, viviendo en paz en sus moradas. Todos fueron glorificados por sus contemporáneos, durante su vida fueron motivo de orgullo para ellos. Algunos de ellos dejaron un nombre por el que los recordarán”. Sir 44,1.6-8

De esta forma comienza la "LEYENDA DE ORIGINE". Este es un manuscrito en el que se narra el primer decenio del origen de nuestra orden, y aunque estaba destinado a ser una introducción a la vida de San Felipe Benicio nuestro primer y más célebre santo de los orígenes, el autor (Fray Pedro de Todi) al investigar sobre la vida del mismo, contacta con Fray Alejo Falconieri, uno de los siete aun vivo, quien le relata los comienzos de la orden. Este documento esta escrito entre los años 1317 y 1318, casi ochenta años después del nacimiento de la orden y a solo siete años de la muerte de Fray Alejo (110 años)

CONTEXTO HISTORICO:

Los acontecimientos nos trasladan a una prospera ciudad de Italia, Florencia, entre los años 1200 y el 1250, en estos años la ciudad había duplicado su población y acuñado moneda propia, y acababa de resurgir de la crisis del sistema feudal, la fuente de poder más importante residía en la posesión de tierras, concentrada hasta ese momento en pocas manos: los nobles, los monasterios y la jerarquía eclesiástica.

En este momento Florencia se va a convertir en el foco de atracción para los intereses del Papa Gregorio IX y del Emperador Federico II.

Surgirá durante este periodo, diversos grupos laicos que tenían un común denominador: la llamada  a la penitencia y a la pobreza, querian una Iglesia menos poderosa y más evangelica, el ideal de estos grupos era seguir a Cristo tal y como el Evangelio lo proponia, que tiene una referencia especial al tipo de vida de los apóstoles y esta  en relacion con la cita de los H. De los Apo (2, 42-47; 4, 32-37. Esta comunidad de creyentes era conocida como las que tenían “un solo corazón y una sola alma”, esta expresión fue retomada de San Agustín en el siglo IV, era el tiempo de Francisco de Asís, Domingo de Guzmán y también es nuestro Siete Santos Fundadores.

La jerarquía eclesial que vera con desconfianza estas formas de pobreza absoluta –de imitación a la primitiva iglesia- juzgara peligrosos estos grupos, que fueron incluso tratados como herejes por ser hombres que fingían vivir como los Apóstoles. Por eso, el Espíritu que siempre ha suscitado profetas en la Iglesia, hizo surgir grupos de hombres que, por   amor al Evangelio, estaban dispuestos a sufrir por la Iglesia, para la Iglesia, y también incomprensiblemente a veces, por mano de la Iglesia.

 Llegamos así al IV Concilio de Letrán, que en el año 1215 trata de poner orden a estos movimientos religiosos obligándoles a escoger una forma de vida, tendrían que ser clérigos a monjes, no había otra alternativa, además de adoptar una de las Reglas ya existentes (S. Basilio para Oriente y S. Agustín o S. Benito para Occidente.

ORÍGENES: 

En el año 1233, siete ricos comerciantes florentinos que vivían en diversas partes de la ciudad y pertenecían a una sociedad dedicada a la Virgen –la Sociedad Mayor de Santa María- deciden abandonarlo todo para vivir juntos en una pequeña casa fuera de las murallas de Florencia, en la zona de Cafaggio, renunciaron al oficio de mercaderes, dejando sus casas, repartieron sus bienes entre los pobres y vistiendo un sayal “de paño humilde y descolorido”, propio de los penitentes de aquel tiempo estos siete hombres se reúnen para vivir junto a los que no tenían sitio, junto  a los marginados de aquella próspera e influyente sociedad florentina, abandonando sus familias, riquezas, comercios....etc. dedicándose a asistir a los enfermos de un hospital, el “Hospital de los Siervos”.

Al ver el espíritu de hulmidad y caridad que emanaban la gente acudía a ellos para recibir ayuda, pero esto impedía que pudiesen tener el recogimiento y la soledad que anhelaban para la oración y ejercicios piadosos acostumbrados a realizar, así en 1240 o1241, y apoyados por el obispo de la ciudad, se retiran a un Monte a unos 18 Km. de la ciudad, en cuya cima construyen una casa de material pobre y erigieron una pequeña iglesia en honor a santa María.

Así la vida de estos hombres y sus seguidores se sentía atraída por estos dos amores, el Monte y la Ciudad, amores que se funden en una misma opción: vivir el Evangelio en fraternidad al servicio de los hombres y con la mirada puesta en Maria, su gloriosa Señora.

Mientras tanto, nuestros santos Padres habían ya admitido a muchos frailes, y además habían empezado a vivir en diversos lugares adquiridos últimamente por ellos, no tenían todavía un hábito particular ni tampoco una Regla que practicar, corrían los años 1244, el tiempo del Papa Inocencio IV, el cual envía a Florencia al dominico Fray Pedro de Verona (S. Pedro Mártir), para predicar contra los herejes, a cuyas predicaciones acudían también nuestros siete santos padres, los cuales descubriendo el fervor de las mismas y estableciendo gran amistad con él, lo escogieron como padre espiritual, Pedro convencido de la labor encomiable que estos hombres desarrollaban y observando que no llevaban un único habito ni  observaban Regla alguna, se dirigió al Señor y en particular a la Virgen en sus oraciones para ser orientado a Cerca del habito, reglas y nombre al cual ellos respondían por Siervos de Maria por aclamación popular, y fue así como en su recogimiento se le apareció la Virgen que le confirmo que había pedido a su Hijo  que por ellos se iniciara una Orden dedicada a Ella y que de Ella tomara el nombre; Enseña después él habito que debían llevar en el futuro como signo de la humildad de la misma Virgen Maria y del dolor que sufrió en la misión de su Hijo, y comunico que se les debía dar, como norma de vida, la Regla de S. Agustín. Este encuentro fue determinante en la decisión de “fundar” una Orden.

Los Siervos de María habían recibido ya del obispo de Florencia, Ardingo, el reconocimiento de sus estatutos; y en 1249 el Cardenal Rainieri Capocci, legado pontificio, había concedido una primera aprobación permitiéndoles observar la Regla de san Agustín y unas constituciones propias y recibir a nuevos miembros. Esta primera aprobación fue ratificada en 1256 por el Papa Alejandro IV (bula Deo grata.

Con el II Concilio de Lyón (1274) todo empieza a complicarse, se iba a poner en tela de juicio la supervivencia de estos nuevos movimientos religiosos que vivían de limosna y propugnaban un estilo de vida pobre. Se prohíbe el nacimiento de nuevas ordenes, impidiendo además, a las que habían surgido después de 1215, la aceptación de nuevos seguidores (excepto franciscanos y dominicos. La alternativa era reconocerse Mendicantes y esperar la desaparición de todos sus seguidores, o justificar que podían sustentarse por sí mismos y tenían una Regla ya aprobada. Los Siervos optaron por la segunda, sin abandonar en realidad su estilo de vida mendicante, trataron de simular la compra de bienes y la posesión de lo necesario para el sustento. La actuación decisiva de Fray Felipe Benicio como General de la Orden y la muerte del Papa Gregorio X hizo que no se pudiera aplicar esta decisión, y así fue posible la supervivencia de la Orden. El Papa Benedicto XI en 1304 (bula Dum levámos) aprobó definitivamente la Orden de los Siervos de María.

Los Siete van muriendo y sus cuerpos son reunidos en una misma tumba. Sus seguidores habían comprendido la “lección”; juntos habían vivido, y rezado, juntos descansarian.tambien juntos empiezan a ser venerados y comparten unidos la larga marcha hacia la Canonización. La Orden nunca quiso aceptar la Canonización de cada uno de ellos por separado, y fue precisamente eso lo que la retraso durante tanto tiempo, siendo proclamada finalmente, el 15 de enero de 1888 por León XIII; los Siete con un solo decreto, como si se tratase de una sola persona. Un caso único en la historia de la Iglesia. Sus cuerpos se conservan en Monte Senario, en un mismo sepulcro; así un solo relicario guarda los restos mortales de BONFILIO, BONAYUNTA, MANETO, AMADEO, HUGO, SOSTENEO Y ALEJO, aquellos que vivieron como hermanos.                                                              

ESPIRITUALIDAD:

Ante que nada tenemos que recordar cuatro aspectos a considerar por lo que respecta al estado de vida de los siete Fundadores antes que se congregan para dar origen a nuestra Orden. 

  1. Estado de relación con la Iglesia: Algunos de ellos se habían comprometido a guardar virginidad o castidad perpetua, por lo que no se habían unido en matrimonio; otros estaban casados, y otros habían enviudado.

  2. El bienestar y condición social: Aquellos siete varones comerciaban con las cosas de este mundo, según las reglas del arte mercantil; pero cuando descubrieron la perla preciosa, o por decir mejor, cuando conocieron que esta perla quería producirla Nuestra Señora por medio de la unión de sus vidas, entonces para comprar dicha perla no solo vendieron todos sus bienes y lo distribuyeron entre los pobres, según el consejo evangelio (MT 13,45-46) sino que también entregaron sus propias vidas.

  3. Amor a la Virgen: Pertenecían a la Sociedad Mayor de Ntra. Señora, la cual rendía culto a la Virgen y que por su santidad había conseguido cierta relevancia y numerosos asociados, a esta sociedad pertenecían antes de reunirse como insignes devotos que eran de nuestra Señora.

  4. Estado de perfección espiritual: Amaban a Dios sobre todas las cosa y a él ordenaban todas sus acciones, orándolo con todos sus pensamientos, palabras y obras. 

Fraternidad: Ya que se les conoce como grupo, desde sus comienzos hasta sus últimos días, en los que  incluso se nos recuerda en la L.O que no podían estar un momento separados unos de otros. Fraternidad como expresión de unión y también como el don de darse a los demás, considerando a todos los hombres como hermanos, este es un valor fundamental en la vida del siervo, la orden nació como una comunidad, y así seguimos siendo, el Siervo nunca será un hombre aislado, un cristiano solitario. Incluso en sus origines los Siete sienten como inspiración de Dios la amistad fraterna que los une lo confesaría Fray Alejo al autor de la Leyenda de Origine.

Servicio: La vocación de servicio para el Siervo adquiere gran importancia no solo por la vocación general del bautizado, sino porque este servicio esta dedicado al servicio de Maria, Ella se llamo así misma la “sierva del Señor”y demostró lo que significaba esto para su vida, en el momento que acepto la misión ofrecida por el Ángel, como sierva de los demás, más que hablar del servicio lo demostró. (Con su prima Isabel, en las bodas de Cana).Estando como Ella al pie de las infinitas cruces de los que sufren.

Maria: ¿Por qué, aparece Maria al final de estos rasgos que caracterizan a los Siervos de Maria?,No es porque Ella, sea la ultima sino porque es la culminación de todo. Ella es la estrella que guía nuestro camino, es el modelo perfecto de los Siervos, es también presencia viva y personal, que convive en nuestras comunidades, en los nombres de nuestras iglesias, en los cuadros de nuestras casas, en nuestras oraciones diarias. Este es el ideal de los Siervos de Maria, ideal estimulante y atrayente, pero es un ideal que necesita ser completado y superado con nuestras vidas. antes

 

                                                  Encarnación Orellana Vallejo. O.S.S.M.