UNA PROFUNDA CONVERSIÓN DEL CORAZÓN

                 

 

Nuestra palabra quiere ser ante todo invitación a efectuar en nosotros una profunda conversión del corazón. El movimiento ecuménico hará pocos progresos entre nosotros, católicos, si, respecto a  María, nos limitamos a esperar el “regreso” de los hermanos separados, su “conversión” de los “errores” mariológicos. Es necesario convertir nuestros corazones a la humildad, al diálogo, al respeto recíproco. Probablemente entre muchos hermanos y hermanas nuestros, entre muchos seglares que frecuentan nuestras comunidades, se debe promover todavía un ecumenismo “ad intra” hacia dentro. No, cierto, para disipar un patrimonio de fe, sino para eliminar desconfianzas y sospechas, perjuicios y malentendidos que se han acumulado durante siglos y que no tienen nada que ver con la fe. La conversión del corazón y la capacidad de escucha son condiciones previas para iniciar juntos un camino hacia Cristo, bajo la guía del Espíritu y el juicio de la Palabra.                                                    

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